CALUMEX, primera novela de Ricardo Rubio con nueva tapa

Ricardo Rubio - Calumex

Ricardo Rubio – Calumex – Novela Juvenil de Ciencia Ficción – 2012

Novela editada originalmente por Ediciones Cristal (de Ricardo López, 1982), hoy con tapa remozada en La Luna Que.

ELVIO ROMERO, DE LA TIERRA INTENSA, por Ricardo Rubio

Elvio Romero - De la tierra intensa

14x21, 120 pag.

Ensayo (1996).

Incluye: “Apuntes de la Literatura Paraguaya”

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Discurso de Ricardo Rubio en el Salón del Senado de la Nación al fallecimiento de Elvio Romero.

 

ELVIO ROMERO

13 de diciembre de 2004

 

Cuando alguna voz se alza por sobre la murmuración, cuando se rompe el silencio para exaltar una verdad, es cuando aparecen la manifestación útil y la resistencia ante el abuso y el delito.

Elvio Romero fue en vida, es y será desde sus páginas, modelo de esa resistencia.

Poeta universal de tono americano, desde el cimiento paraguayo que edifican el guaraní y el enorme acerbo literario del idioma castellano. Idioma al que su obra alimenta y dignifica, actualizándolo y respetándolo con un celo que reniega de la invasión de voces y formas que a menudo asedian nuestra esencia hispanoamericana.

Su palabra desprende fuerza vital, el carácter objetivo de nuestro lenguaje y su sonoridad. Como expresionista a ultranza se nutrió de algunas fórmulas modernistas y de la pureza de gusto por lo clásico, lo que hace que su mensaje no sólo manifieste la intensidad de una idea enraizada en lo ético, sino también un equilibrio formal, flexible a la gracia de lo espontáneo, claro y creativo en lo estético.

No encontraremos en su obra intimismos que delaten dudas o conflictos psicológicos sino el dolor real de un hombre íntegro frente a lo inexorable de una sociedad ciega de ambición que llena su vacío existencial con objetos y poderes inútiles; tampoco hallaremos proposiciones penumbrosas, aun en los temas de amor indagó la identidad como percepción de un mundo todo, siendo las fricciones más individuales buen cultivo para delatar la decadencia de las autocracias absurdas.

Si la llamada poesía social es aquella que surge como resultado de la observación de lo justo, entonces Elvio Romero fue un poeta social. Él ha dicho alguna vez:

“Soy un poeta indignado. A mí la injusticia me produce indignación.”

Cuando un hombre no puede sustraerse del sufrimiento de otro, no hace más que identificarse con su dolor, y responde emocionalmente al llamado de la razón de un modo saludable y certero

En Elvio Romero no hubo una tendencia a suscitar ponderaciones a su destreza ni a su intelecto, de los que dispuso en alto grado. Llegó a las palabras y a los hombres con el dictado de un corazón compartido, con un vocabulario llano, inspirado, y cuyo caudal no tuvo límites a la hora de la palabra precisa o del abrazo fraterno.

Desde un principio se impuso por sobre las tentaciones del exitismo; sus valores se tradujeron en composiciones sanguíneas, a veces vehementes, en las que se advierte el pesar y la angustia del desarraigo.

No puede negarse que gran parte de su obra se apoya en el recuerdo y en los estados dramáticos a los que le sometió el destierro, pero su palabra dejó un sustrato de dolor nunca abatido, jamás desesperanzado

Como aire perentorio que debe respirarse sin más se enlaza con sus héroes, y sus mártires, con sus deseos, con la exaltación de la hombría, el vigor y la honestidad de los mejores hombres. Citándolo:

Heme aquí, con los de mi camino, el justo, el pobre, el perseguido y el rebelde; de parte alguna vino su voz, sino de ellos.

Sus ideas firmes y objetivas, brotadas de la realidad y ejemplificadas con ella, se hacen verbo ante la observación de la injusticia. Empieza a considerar entonces que la poesía no es simplemente un juego de palabras que emerge como fruto del trabajo intelectual, sino un canto que brota de la emoción más honda y más sincera del ser, que traduce la mirada que el poeta derrama sobre las cosas y que llena los versos de sensaciones que buscan lo palpable, el eslabón que una la abstracción con la materia.

Es entonces cuando deviene crítico de esa realidad y se instala fuertemente en el compromiso social, pues el hombre es gregario y vive en sociedad, y si ésta le hace sufrir, su canto será una elegía o una exhortación, pues, como dijo alguna vez:

“La poesía es un estremecimiento que siempre estuvo con los oídos atentos a las palpitaciones del mundo”.

Al respecto opinó Walter Wey que la poesía es una expresión viva de las ansias colectivas; decía también:

que “las inquietudes del pueblo deben manifestarse en los versos de los hombres elegidos.”

Si bien la poesía de Elvio Romero tiene un tono social o comunitario, de ningún modo es panfletaria o servil. Su obra es una pintura de la realidad, es fiel a los sucesos del tiempo que le tocó vivir y sensible a las necesidades de un pueblo agobiado por las guerras y por los abusos del tirano de turno.

La validez de una poesía de compromiso social depende de cómo el mundo resuena en el alma del poeta y de cuánta sinceridad exista en la dolorosa contemplación de sí y de su gente. De lo contrario, y fatalmente, caerá en la declamación falsa, pretenciosa y demagógica.

No ignora ni soslaya el destino trágico que unos pocos hombres dispensan a la mayoría, destino que asume como propio, resultándole a veces más penoso que a quien lo sufre. Cuando el que está en el ruedo es un poeta, el resultado del grito es una suscitación que deviene arte.

Extrañará pensar que su obra acentuadamente humanística sea de carácter pasional en función de una proyección subliminal de la libido. Técnicamente se apoya en una sonoridad a ultranza y en su talento singular en el manejo del idioma para hallar el fonema preciso. Pero las relaciones están a la vista: simbólicamente los griegos juzgaban que el ritmo era la parte masculina del arte, siendo la lírica la femenina, de esta relación crece el arquetipo de la unidad, y brota el amor como único elemento preservador de todas las cosas. Dice Romero:

“Yo leía mucho a los clásicos, cosa que se debe notar en mi poesía, por una preferencia que le di a la música… preferencia por una rítmica muy ceñida, con una imaginería que yo llamo más escueta, más cerrada…”

A pesar de ser un “poeta social” —idea que nos llevaría fácilmente a prejuzgarlo como un hombre de personalidad avasallante—, su obra posee un fuerte carácter individual, acaso infundido por su actitud austera y por su ánimo parejo y atemperado.

En Elvio Romero no hay una tendencia voluntaria a producir tal o cual efecto. Llega a los poemas que su inteligencia y corazón le dictan, con un glosario inspirado, cuyo caudal pareciera no tener límites. No sólo el talento emana desde sus líneas, sino también la “destreza” intelectual. Al respecto dijo:

“Un poeta tiene que conocer su oficio como un carpintero o un zapatero. No concibo un poeta que no conozca su trabajo.”

Cumple con el principio de acción y reacción de un modo inconsciente: lo que impulsa su poética hacia lo social es a la vez lo que la aleja de lo político. Opinaba que “lo social tiene que ser natural, surge en la medida en que está asimilado, no es una cosa pensada.” De este modo no atormentó sus versos con descripciones forzadas en tal sentido. El resultado de su trabajo no es la simple actitud de la voluntad, sino la carne de la forja varonil del hombre americano —o del fuerte y convencido hombre del cincuenta que la posterior decadencia intenta desdibujar incansablemente—; es la necesidad de un poeta que no se sustrae de la visión ni de la fricción diarias, y las racionaliza con justicia y honradez.

En este sentido Elvio Romero es el mayor poeta del humanismo americano, lineamiento que, dentro de una intención integradora, abarcaría también las obras de los peruanos Alberto Hidalgo y Manuel Scorza, y del dominicano Manuel del Cabral, aunque en los casos particulares de estos, lo social no ocupa un porcentaje tan alto de sus estéticas, sino se trasuntan unas veces desde lo voluntarioso, otras veces desde lo personal.

En cambio, la obra de Elvio Romero cubre con un manto de poderoso lirismo los paisajes oscuros de nuestra sociedad en forma directa, ejemplificadora y hasta feroz cuando el destinatario lo merece.

Aquí, en Buenos Aires, vieron la luz las primeras ediciones de sus libros e hizo de esta ciudad su hogar por más de cincuenta años. Fue aquí donde sus primeros libros se agotaron a pocos meses de impresos, y desde aquí saltó al mundo, a su conquista, para transformarse en un poeta universal: clásicamente castellano, claramente americano y paraguayo en lo hondo.

Su altura, en los primeros renglones de la poesía universal, no se debe a gestiones de favor ni a falsa publicidad.

Elvio Romero fue, para quien les habla, no sólo modelo de hombre, poeta y amigo, sino también ejemplo de coherencia, fidelidad y honestidad.

Ricardo Rubio

Ricardo Rubio


LABERINTOS Nº 1, Revista de SADE Oeste Bonaerense

14x21, 16 pag.

Sociedad Argentina de Escritores (SADE) Filial Oeste Bonaerense

Revista Literaria Trimestral Nº 1 – SEP/2007.

En este número: Irma Garone, Susana Lamaison, Gabriela Antón, Norberto Alessio, Juan De Biase, Olga Ferraguti, Carlos Kuraiem, Osvaldo Hueso, Juan L. Ortiz, José Antonio Panizzi, Enrique Sandri, Elsa Gervasi, Jorge Hirsch, María Angélica Cabanillas.

Dirección: Ricardo Rubio

 

ELVIO ROMERO —DE LA TIERRA INTENSA—, de Ricardo Rubio

14x22, 8 pag.

Noticia sobre Elvio Romero y su obra. Carpeta de la colección: Apuntes Literarios – 1 / Homenaje a Juan-Jacobo Bajarlía.

Leyenda editorial: Antares (2007).

EUFONÍA, Antología Poética

14x20, 80 pag.

Poesía (2009).

Leyenda Editorial: SADE Oeste Bonaerense.

INTERVIENEN:

Norberto Alessio, Susana Álvarez, Gabriela Antón, Manuel Asorey, Rubén Balseiro, Pedro Bidegain, María Angélica Cabanillas, Jorgelina Caial, Carlos Carbone, Nélida Carpinetti, Haydeé Cimadoro, Alba Correa Escandell, Juan De Biase, María Amelia Diaz, Elsa Fenoglio, Olga Ferraguti, Constancia Fioti, Élida Franco, Ernestina Gallo, Ana María García, Irma Garone, Elsa Gervasi, Lilia Goldberg, Irma González, Estela Herrera, Jorge Hirsch, Osvaldo Hueso, Nélida Jurado, Zahira Kezelman, Carlos Kuraiem, Susana Lamaison, Ada Lerner, María Teresa Lo Gioco, Jorge Luis López Aguilar, Pablo Marrero, José Martínez-Bargiela, Graciela Mena, Lía Miersch, Osvaldo Milano Arrieta, Herminio Milovich, Juan Carlos Molinuevo, Silvia Montilla, Juan Alberto Núñez, Elvira Otero, José Antonio Panizzi, Alicia Paulucci, Norma Pazos, María Luisa Peña, Raúl Pérez Arias, Jorge Pintos, Alberto Luis Ponzo, Rosa Rey, Ricardo Rubio, Ana María Scagnetti, Bernabé Sosa, Boris Stoyanoff, Roberto Taberner, Juan-Jacobo Bajarlía, Norberto Corti, Ester de Izaguirre, Eugenio Mandrini, Graciela Maturo, Carlos Pensa, Enrique Sandri, Marcos Silber y Andrés Utello.

Escrito en Ada Inés Lerner, Alba C. Escandell, Alberto Luis Ponzo, Alicia Paulucci, Ana María García, Ana María Scagnetti, Andrés Utello, Élida Franco, Bernabe Sosa, Boris Stoyanoff, Carlos Kuraiem, Carlos N. Carbone, Carlos Pensa, Constancia Fioti, Elsa Fenoglio, Elsa Gervasi, Elvira Otero, Enrique Sandri, Estela Herrera, Ester de Izaguirre, Eugenio Mandrini, Gabriela Antón, Graciela Maturo, Graciela Menna, Haydeé Cimadoro, Herminio Milovich, Irma Garone, Irma González, Jorge Hirsch, Jorge López Aguilar, Jorge Pintos, Jorgelina Caial, José Antonio Panizzi, José Martínez-Bargiela, Juan Alberto Núñez, Juan Carlos Molinuevo, Juan De Biase, Juan-Jacobo Bajarlía, Lía Miersch, Lilia Goldberg, Manuel Asorey, María Amelia Díaz, María Angélica Cabanillas, María Luisa Peña, María T. Lo Gioco, Marcos Silber, Nélida Carpineti, Nélida Jurado, Norberto Alessio, Norberto Corti, Norma Pazos, Olga Ferraguti, Osvaldo Hueso, Osvaldo M. Arrieta, Pablo Marrero, Pedro Bidegain, Raul P. Arias, Ricardo Rubio, Roberto Taberner, Rosa Rey, Rubén Balseiro, Silvia Montilla, Susana Álvarez, Susana Lamaison, Zahira Kezelman. Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Deja un Comentario »

CONSIDERANDO EN FRÍO Nº 1. Revista de Apostillas Literarias

 

14x20, 16 pag.

 

Revista Literaria (Nº 1 – Junio, 2002).

Notas:

Introducción al microrrelato, por Enrique Anderson Imbert; Buenos Aires, por Rafael Barret; La escritura del insecto, por Daniel Battilana; Roberto Di Pasquale y Las Alusiones, por Ricardo Rubio; Jorge Luis Borges por Federico Fellini; “En el museo de adentro”, poema de Luis Benítez.

Directores: Ricardo Rubio y Daniel Battilana.

TERCINAS, de Ricardo Rubio

11x17, 88 pag.

Poesía (2011).

TEOPEA, de Ricardo Rubio

14x20, 16 pag.

Cuaderno de poesía (2002).

Leyenda editorial: Antares.

MINICUENTOS GRISES, de Ricardo Rubio

14x20, 104 pag.

Minicuentos grises – Aliteraciones, sonsonetes y otros juegos (2009).

Leyenda editorial: Antares.

Ver en: http://ricardorubio.fullblog.com.ar/

Arte de tapa: Mónica Caputo. Ilustraciones interiores de Rubén Pergament.

CRISOL Nº 1, Revista Literaria

14x20, 12 pag.

Revista Literaria Crisol Nº1, anual, del grupo del mismo nombre.

Intervienen: Alfredo Martty, Héctor Faga, Mariel Florentino y Ricardo Rubio.

Arte de tapa: Silvina Faga.

Noviembre de 2003.

CRISOL Nº 6, revista Literaria

Crisol Nº 6

Revista Literaria (2008) del grupo del mismo nombre.

Participan: Mariel Florentino, Alfredo Martty, Héctor Faga, Sara March, Andrea Rivero, Adalberto De Luzuriaga y Ricardo Rubio.

Arte de tapa: Silvina Faga.

ALITERACIONES, SONSONETES Y OTROS JUEGOS, de Ricardo Rubio

11x17,16 pag.

Minicuentos (2006).

Cuaderno, ilustración de la tapa por Mónica Caputo.

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Uno de los minicuentos:

EL ORDEN

El mañoso y breve Bruno Britos se casó con Chiquita Astolfi un viernes de abril a las siete de la tarde.
A pesar de breve, Bruno Britos era un policía de los bravos, y le llenó a “chiquita” la alacena con latas, el ropero con ropa, el patio con plantas y le provocó cuatro hijas que a los doce agarraron la calle para no soltarla jamás.
Chiquita Astolfí dejó que las arrugas le llenaran los ojos, y los dolores, el corazón y los huesos. Sus teñidos dejaron de ser prolijos, su cintura ensanchó y sus muslos encogieron.
A Bruno Britos le tiraron el retiro al atadecer de un viernes de otoño; la fuerza le obsequió un reloj, una marcha y un diploma. Recordaba ahora el sabor salado de sus lágrimas cuando el jefe le extendió la mano enguantada del adiós.
Después, las hijas pasaron los cuarenta, Bruno se hizo aún más breve y empezaron a achicarse sus recuerdos al diluirse su memoria en las ciénagas de la indolencia. “Chiquita”, por su parte, primero dejó de caminar, luego de sonreír y finalmente de respirar.
La mayor de las hijas se arrojó del tanque de agua cuando en la salita le dieron “el positivo” y la menor se inyectó tres gramos diluidos en dextrosa detrás del tractor del atracadero. Rancias y putiviejas, las dos restantes aguardaban la herencia de la casa y la pensión de Bruno, el breve. Pero el hombre sin memoria, ya no recordaba la muerte.
Ellas creyeron que jamás las dejaría, que acaso muriesen primero. Pensaron en arrojarlo desde la terraza, luego, de ahogarlo en la bañera, más tarde, de quemarlo en la cama y cortarlo en pequeños trozos y hervirlo o tirarlo a los perros, o congelarlo y trozarlo a martillazos; envenenar su sopa, su leche, su agua, su bastón. ¿Cómo vaciarle el pellejo sin quedar manchadas? La TV les dio la idea: quizá bastase un sobresalto para que el tenso y cansado corazón del viejo reventara.
Y esa noche aparecieron los ruidos, las cadenas, los fantasmas, y el hombre sin recuerdos disparó dos veces su jamás olvidada cuarenta y cinco.
Una sonrisa fértil acompañó los labios de Bruno, el breve, mientras cavaba en el jardín donde sembró al resto sus hijas. Sin buscarlo, su cabeza y su entorno se pusieron de acuerdo.

                                                                                                                                         Ricardo Rubio

CALUMEX, de Ricardo Rubio

12×18, 128 pag.

Novela (1982). Ediciones Cristal de  Ricardo López.

Arte de tapa: Trabajo fotográfico de Eduardo Kolaitis.

CLAVE DE MI, de Ricardo Rubio

11x17, 72 pag.

Poesía (1980). Leyenda editorial: Ediciones Cristal (Ricardo López).

Arte de tapa del autor.

PIE A PIE, ALGUNOS PASOS, de Ricardo Rubio

14x20, 80 pag.

Poesías (1979), primer poemario de Ricardo Rubio. Leyenda editorial: Ediciones Cristal (Ricardo López Editor).

Arte de tapa del autor. Prólogo de Omar Cao.

CRÓNICAS DE UN LEGADO HERMÉTICO, de Ricardo Rubio, novela 2011.

PUNTOS DE VENTA

Librería La Catedra – Av Corrientes 1620
Librería Sudeste – Av Corrientes 1773

Crónicas de un legado hermético

Librería Lorraine – Av Corrientes 1513
Plazoleta de Primera Junta – Último Puesto (Sr. Gravino)
De La Mancha Libros – Av. Corrientes 1888
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