ANTOLOGÍA POÉTICA, de Rolando Revagliatti.


Antología poética de Rolando Revagliatti.

14x20, 160 pag.

Antología poética de Rolando Revagliatti. Selección y prólogo de Eduardo Dalter. (2009)

PRÓLOGO de Eduardo Dalter:

NOTICIAS

La obra poética de Rolando Revagliatti (Buenos Aires, 1945), por lo menos la que nos motiva a este trabajo, se vivenció y escribió en el lapso que va desde la aprobación de las leyes de obediencia debida y punto final (mes más o mes menos) hasta su anulación por brutales e increíbles, y aun algunos tramos más acá. O sea, en años en que la democracia turca, o virtual, o como se le llame, dejó un pozo, entre el cablerío cortado y la pared caída. Tiempos, recordemos, de los grandes desembarcos y de las apuestas mayores, también en la cultura, con su producción de humo y de reflejo. Una realidad que el poeta fue entendiendo, y digiriendo, también como una demasía para él solo, pero tampoco quería ponerse a vivir por nada, y se entiende, en la queja de bandoneón y en la derrota. Y de ahí su paso, su vibración y su actuación sin tregua, que son muestras palpables de un nervio a cielo abierto, pero también de una herida palpitante; y así lo hemos observado más de una vez en el silabeo, a veces grave, a veces sobreactuado, de sus poemas, que van colmando el espacio con su gracia desinhibida y tensa. Así, a menudo, su poesía termina derivando en el sainete, un sainete atravesado, y condenado, de abismo y de vacío. Un modo, con una intimidad, que el poeta escogió sin más para dialogar y representar una realidad (y una trizadura, un aire), por momentos más cercana a la absurdidad, que, está visto, lo golpea y lo estremece. Un poeta que escribe —tantas veces así lo imaginé— contra las cuerdas, a veces mirando conmovido al ring-side, sabiéndose solo, para sacar finalmente, apoyado en ese espaldar de sogas, su seguidilla de golpes más precisos. Otras veces, no pocas, seguramente en la calma de su hogar, en tardes o noches lentas, el poeta juega, ríe, se da un respiro, como quien avanza en las páginas vacías, no para más que por eso mismo y para situarse mejor en su trabajo, donde la materia prima es su propio cuerpo, su propio tiempo, el tiempo de todos, comprendiendo que el juego, el sainete de los cuatro vientos nacionales, es serio, muy serio. O bien sale a caminar, a embeberse del aire de parques tan distintos, indagando en las grietas, y regresando, bajo su camisa y su pantalón puestos a prueba. En este camino, que es andado y demarcado en poema y poema, el poeta deja traslucir sus costumbres y tonos de familia y sus ancestros, y en este ejemplo, su intención, sus lugares, su voz, son muestras elocuentes y extrañas, o muy de estos tiempos, de tejidos rotos y huellas entrecruzadas, y donde más que los trayectos y procesos de la historia de una lírica, y de una mística, hay la conjunción de los materiales más diversos, en sorprendente apareamiento, del sacudido y contemporáneo mundo. Ahí aparecen, como vecinos de sus calles, y como tíos mayores y maestros, Nicolás Olivari y Julio Huasi, tantas veces abrazados o fundidos, muy en Rolando, en una u otra esquina, desde el humor y la pincelada suburbana hasta esa tensión insinuada crispación, que, con fondo de hora pico, pueblan la escena y la mirada del poeta. Una confluencia, la continuidad de un curso, no exentas de apoyaturas, que han venido confirmando un campo singular en el marco abierto de la poesía porteña. Entre sus diversos y tensados poemas, entre lo significativo de su salsa, obrando como verdaderos carnets de identidad de su obra —y además hábitat de crecimiento de este trabajo—, surgen por sí solos al recuerdo poemas como: demasiado yo para mí solo; el que refiere a la sartén (por el mango); el que atañe a las rameras y a la policía de sus cuadras; el dedicado al Episcopado o el que ahonda en su fastidio, y, entre algunos otros de la lista, finalmente, ese poema-declaración en que el poeta, otra vez en los bordes, o más allá, esgrime su arma cargada de defensa. Rolando Revagliatti, un poeta de flores, un poeta en los límites, un poeta dramático.

Eduardo DalterBuenos Aires, 2008

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COMENTARIO de Fernando Sánchez Zinny

Libro hermoso y merecido, tanto por quienes amamos la poesía como por su autor, personaje de Buenos Aires que, arquetípicamente, une a la no elegida condición de poeta, la voluntad generosa de vivir esperanzado. Llega esta obra, además, en instancia por demás adecuada para ensayar un amistoso homenaje a su continuado y noble ejercicio de la poesía. Hace más de cuarenta años que Rolando Revagliatti sigue ese camino, canario incansable enjaulado en un patio ruidoso y desatento. Contra viento y marea, se lo escuche o no, él es siempre él, atenido a un ritmo único y consistente, a una monotonía que sólo explica una gran convicción.

Se le debe, sin duda, un trabajo de exégesis y de determinación de asociaciones y significados y es evidente que esta compilación, seleccionada y prologada por Eduardo Dalter, constituye una excelente herramienta pasa encarar esa labor. Desde siempre, Revagliatti ha desechado imágenes y cadencias y permanece contraído a entreverar ideas encapsuladas en ironías tristes. Eso es él y no es otra cosa y resulta realmente ejemplar la constancia con la que se aferra a ese molde, constituido ya, por persistencia, en entidad metafísica. Y así su voz alcanza una originalidad extrema, pues nadie hace lo que él hace. Como Antonio Porchia, ha inventado un idioma para hablar consigo, un intransferible código ensimismado. Por qué lo hace, qué lo llevó a elegir esa vía austera, a pulsar esa guitarra de una sola cuerda, es asunto ignoto: diríamos, con Machado, “quien habla sólo espera hablar con Dios un día”, pero lo callamos, temerosos de que ese verso apenas si provoque en Rolando una sonrisa melancólico.

Fernando Sánchez Zinny

Una respuesta to “ANTOLOGÍA POÉTICA, de Rolando Revagliatti.”

  1. Rolando Revagliatti Says:

    En mi nombre, claro, y seguramente en el de Eduardo Dalter, que tanto se ha comprometido en la selección para la Antología, querido Ricardo Rubio, en el de Mirta Dans, la diseñadora de la edición (también de la electrónica, disponible gratuitamente en mi sitio web), te extiendo mi agradecimiento en el Día Mundial de la Poesía.

    Rolánguido Revánguila
    _________________________________________


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