POSTALES DE LA MEMORIA, de Amadeo Gravino


Postales de la memoria, poesías de Amadeo Gravino

11x20, 28 pag.

Poemas de Amadeo Gravino.

POSTALES DE LA MISMIDAD

“La obra [de arte] hace conocer abiertamente lo otro, revela lo otro; es alegoría.” Martin Heidegger (“Arte y poesía”)

La poesía, que se nutre de las exaltaciones del ánimo, encuentra en Amadeo Gravino un temperamento llano, abierto, suscitado por la belleza, por las novedades de una disciplina edificada sobre la palabra y por la reflexión, que lo han acompañado a lo largo de cuarenta años de trabajo poético, ensayístico y teatral. Un acopio de virtud canalizado en más de treinta volúmenes de pluma despojada y sutil con la que ha indagado las entrañas de lo sublime, las impresiones de la paisajística ciudadana, la superficie de la piel visible de la materia, la invisibilidad de sus resultantes emotivas y la connotación pasional de nuestra índole gregaria. Como manifestación artística y organismo independiente, el subjetivismo estético abraza su obra poética con acentos de estilo, cuidados verbal y sonoro, y experimentaciones formales.

En estas “Postales de la memoria”, sus alusiones y alegorías recorren el laberinto de la memoria con una nostalgia indemne, evocativa, mayormente alejada de lo dramático, pese a la inexorabilidad que implica el paso del tiempo; una mirada distendida que recuerda los ojos de Moritake, Basho, Ungaretti… No es ocioso destacar que varios de los poemas que habremos de leer en este volumen responden a la preceptiva de haiku, y encontraremos también algunos madrigales.

Toda la obra poética de Amadeo Gravino ha abrazado la imagen sensitiva y ha confirmado la síntesis de cada sensación con un modo y un tono casi orientales, la misma que, pictórica y sensualmente, está nutrida de analogías de color surrealista, impalpables pero impermeables a los excesos de follaje y a toda decoración. Los matices emocionales, los sonidos del pasado, las brujas, las nubes de felpa, las hadas, todas aquellas cosas que se figuraban en la conciencia del yo-casi-otro, tiempo atrás, no son sino los recursos de movimiento del ser en sí a lo largo de los años, a los que la memoria fue envolviendo con lógica justificativa, con resoluciones de la madurez; la comprensión pretende ahora evaluar con mayor justeza, busca ajustar aquellos sueños en los zapatos y produce la proyección sentimental que revive la infancia y la primera juventud, derramándolas en la palabra, palabra con la que vuelve a existir como testigo y parte, su testimonio, como bien afirma en la última línea del epílogo.

Estas postales, que el repaso destaca entre las muchas estrellas del pasado, nos acercan una vez más a la llama creativa de Amadeo Gravino, encendida con la delicadeza de la estampa directa, mágica o surreal, la tan deseada imagen a la que todo poema aspira. De modo que “…los recuerdos de la infancia / poblados de tranvías, / barriletes y promesas: / un mundo mágico”, ahora se yerguen en la palabra impresa.

Ricardo Rubio

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