RELÁMPAGOS, de Andrés Utello

Relampagos

14x20, 72 pag.

Poesia (1996).

ANDANTE INMODERATO, de Julio Bepré

Andante Inmoderato

12x16, 40 pag.

Poesías (2002).

CORAZÓN DE QUEBRACHO, de Boris Stoyanoff

Corazón de quebracho

14x20, 108 pag.

Novela histórica (2009).

La historia de los que luchan por su liberación no debe ser sepultada ni olvidada, porque es el testimonio vivo de los oprimidos contra los opresores, de los explotados contra los explotadores y de los injustamente perdedores contra los también injustos ganadores.
Esta es la historia de muchas familias de pequeños y medianos chacareros, criollos y gringos que se establecieron y fueron los primeros pobladores de las inhóspitas tierras del entonces denominado territorio del Chaco.
Es mi intención rendirle homenaje a toda esta gente que injustamente fuera objeto de una sangrienta persecución y represión por parte de la policía territorial primero, y luego por la Gendarmería Nacional alentada, instigada, por los monopolios transnacionales que asolaban el territorio.

«Esta es la lucha, es ésta la suerte de los siglos:
de un lado el jardinero, del otro, el asesino».
Armando Tejada Gómez

ROCA VIVA, de Marcos Silber

Marcos Silver

14x20, 64 pag.

Poesía (2000).

Primer Premio del “Concurso de Poesia La Luna Que 1999”.

Jurado: Alberto Luis Ponzo, Antonio Aliberti y Ricardo Rubio.

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MARCOS SILBER

Nació en Buenos Aires. Ha trabajado incansablemente con la palabra desde su temprana juventud y es una de las voces sobresalientes de nuestra poesía. De su extensa obra poética podemos citar los siguientes libros:  “Volcán y trino”, “Las fronteras de la luz”, “Sumario del miedo”, “Ella”, “Dopo guerra e Historias del oeste”, “Cono de sombra y casa de pan”, “Noticias sobre el incendio en la nave mayor”, “Suma poética”, “Roca viva”, “Doloratas” (junto con Carlos Levy”), “Primera persona”, “Thrillers, historias en 16”, “Boca ha boca”.

Ha publicado y es autor de primera versión argentina de “Raíces”, de Arnold Wesker.

Es co-fundador del grupo de poesía “La sociedad de los poetas vivos” y ha llevado su poesía en nuestra representación a distintos lugares del país y del mundo. También ha obtenido numerosos e importantes premios. Es primer premio Municipal de la Ciudad de Buenos Aires y Faja de honor de las SADE, de la que es socio honorario.

MANTENER EL SECRETO, ensayos.

Mantener el secreto

15x21, 84 pag.

Ensayos sobre “El amateur”, de Mauricio Dayub. Varios autores (2001).

Graciela Susana Puente, Susana Lamaison, Alejandra Valsuani, Bettina Albamonte, Sara Barroetaveña, Nelly Franco, Pablo Astier, Diana Turleone, Estela Castillo, Cecilia Fau, Alicia Gómez, Ariel Monardo, Juan Manuel Sosa, Verónica Wolff, Florencia Casas,María Cristina Rico, Patricia Liliana López y María Cifre.

AGUA FUERTE, de Andrés Utello

Andrés Utello

14x20, 56 pag.

Poesía (2001).

PRÓLOGO de Ester de Izaguirre

Asombra la belleza de esta poesía no conceptual, no objetiva, que no alude a nada externo y visible, aunque aquí y allá encontremos sustantivos que nos abren caminos, como esas luciérnagas que nos van indicando con sus breves destellos la dirección de su vuelo. “In Memoriam” es un canto que nos eleva a la dimensión en la que el amigo Eleuterio Dávila “hace círculos con su cuerpo / duerme y su caja de vino / se llena de luna. / Siete zafiros guardan su sueño / negros dragones / mueven la niebla. / El viejo amigo descansa / y su cara de niño / sonríe como un río, / de sus ojos saltan peces infinitos, / centauros de fuego/ pájaros de sal. / Dos viejas comadres / de un pueblo desierto / juntan flores azules / para el amigo / eterno”. Y asombra, repito, en madurez y en belleza de sus cantos, en su fecunda manera de inventar el lenguaje: “Con mayores o menores nudos / como un algarrobo /  en su dureza levantado, / en su sequedad / de mirar el desierto / de andar olvidado de andar / de ser una piedra. / Como un algarrobo / florecido / musical / despierto. / Con mayores / o menores nudos / intacto / atento / bueno / Para tanta soledad /  de invierno”.
Y a qué le canta Andrés Utello en este poema. No hay un yo explícito. Si lo imaginamos, ese yo es compartido con el paisaje y plenificado por la metáfora ¿es el yo poético o el paisaje el que ostenta soledad en invierno?
Como si fuera un amuleto, un traje que se lleva consigo para ser utilizado en el instante preciso se pregunta:
“dónde pondré mi muerte / cuando llueva”
Augural, premonitorio “Y ahora que oscurece / poco importan tantas cosas”, no importa el oído “ni el sonido del río” ni el olfato “ni el olor del verde mojado” ni el tacto “ni presagio de tanta frescura”, importan los ojos “oscurece y el camino / es todo monte…”. Se impone la metáfora: luz-vida.
En VI armonizan espacio y tiempo. Ejemplo: “A la hora de los cerros azules / alguien regresa” … “Hora de pájaros / Partir / a nuevos mundos”.
La armonía de un poema suele no surgir de un sustantivo o de un adjetivo, de un verbo, o del ritmo que otorgue color o movimiento tampoco. Está en el sentimiento del lector provocado por el sentimiento del poeta. El sentimiento del lector es una respuesta acorde con la apelación de las palabras del poeta, a las órdenes de su intuición creadora. Y así todas las imágenes, voces, silencios, adjetivos, sustantivos, pausas, son traducidos, en la lectura por la subjetividad del lector y por su capacidad de concordar (cor – cordis – corazón – sentimiento).
¿Dónde está la magia de este poema “VII”?:  “Un poco de beber / compañero / un poco de beber / en estas manos. / Pasa la noche / y el quebracho es / llama viva / es fragilidad / que anda por la casa / es lluvia / que habita en tu mirada. / Pasa toda la noche / y el universo / se estira y se contrae / en un instante. / Pasan todas las noches / arde la madera / y piensa”. La magia está en la imagen  sorpresiva “en estas manos”. En la alusión al tiempo y a la noche-metáfora “Pasa la noche”. En la alusión al ara de sacrificio del árbol vivo “y el quebracho es rama viva”.
En la insólita imagen “pasa la noche / por la casa” anda por la casa el sahumerio del sacrificio y de pronto: no calor, no fuego, sino frescura: “es lluvia / en tu mirada” y finalmente: “arde la madera / y piensa”. Quién piensa ¿el compañero? no, “piensa la madera”, y a partir de esta aseveración hay una indefinida cadena de sentimientos provocada por las últimas palabras. Pero esos sentimientos ya no se concretan en palabras, quedan en la sensación del recreador. Perfecta comunión la de la palabra escrita y la recreada.
A veces el “motivo elevante” son los términos inesperados “el pequeño Gerónimo  / toca la mañana/ … / Unos picaflores aman de rojo. / y el niño huele a despierto”.
Hay cantos desde la ciudad y desde el campo.  La poesía de Andrés Utello está hecha de caminos, de espinillos, de huertos, de jazmines, ramas, vino de miel, semillas de mistol, de tierra, picaflores, de calandria y quebrachales, cañas, pedregales y pájaros, algarrobos y moras, es decir está hecha de monte.
La distancia de la palabra hasta su significado último está dada como en ningún poema de Utello en “Antitiempos menores”: “El tiempo del deseo / es como un niño / desnudo / riendo. // El tiempo del olvido / es un tren / cruzando / una salina. // El tiempo del encuentro / es el único limón / del limonero”.
Cuál es la relación entre el tiempo del deseo y un niño desnudo riendo: lo que busca el deseo, ordenado por la especie, es la procreación y he ahí la imagen infantil, o bien el deseo es la simple maravilla de contemplar la inocencia feliz desnuda de abalorios. O la belleza que sugiere todo comienzo. Y los otros magníficos versos: “El tiempo del olvido /  es un tren / cruzando una salina”. Y pueden sugerir el “vacío blanco del no estás”, “la nada del verdor”. En “Puma”, siempre en la naturaleza el grito primario de despertar a la primavera y la gran metáfora de “Tomas Apócrifo”: “doce gorriones / a la orilla de un río / que ya no existe. / El valor de una certeza /, Barro,  / pero con alas”. Sólo un gran poeta pudo encontrarle alas al barro
“Kybalión” tiene el contenido de la copla, “De la trampa perfecta / de los astros / sólo tus ojos /  comprendo”. Y luego, qué cierre para  un libro de poemas. “El poeta despertó con el viento”.
Difícil captar con las tenacillas de la crítica, al corazón de la belleza. Los que pretendemos analizar el poema nos quedaremos siempre en los arrabales de su hondura. Es el caso de haber querido analizar Agua Fuerte cuando todos debiéramos leerlo en una comunión de silencio.

Ester de Izaguirre

A USTED, DON RICARDO, de Celia Coppa

A usted, don Ricardo

14x20, 68 pag.

Ensayo (2004); lectura sobre la obra de Ricardo Güiraldes.

EL DÍA QUE JESÚS HABLÓ CONMIGO, de Pedro Grieco

El dia que Jesús habló conmigo

14x20, 144 pag.

Novela moralizante (1999).

Leyenda editorial: EPGYA S.R.L.

ENTRECUERPOS, de Andrés Utello

Andres Utello

13x19, 60 pag.

Poesía (1984).

Arte de tapa: Eduardo Kolaitis.

Leyenda editorial: L.L.Q.S.C.C.L.B. (La Luna Que Se Cortó Con La Botella)

LOS LATIDOS OSCUROS DEL SILENCIO, de Carlos Cúccaro

Los latidos oscuros del silencio

14x20, 52 pag.

Poesía (2001).

EL FRÁGIL EQUILIBRIO DE LOS CUERPOS, de Jorge Hirsch

El frágil equilibrio de los cuerpos

14x20, 72 pag.

Poesías (2005).

CONTRATAPA por Ricardo Rubio:

La voluntad de armonía trazada a lo largo de “El frágil equilibrio de los cuerpos” impone una especial cercanía a su lectura, un salto por sobre la barrera experiencial que habitualmente separa al autor del lector. La forma exterior que Jorge Hirsch imprime a estos versos acentúa el contenido de un modo particular: lo resume, lo acota, lo pronuncia, además de imponerse por sobre la retórica que suele debilitar la poesía de nuestro tiempo. Así, concreto, sanguíneo —a veces vehemente— y con la flexibilidad que dicta lo espontáneo, advierte la continua reformulación con que las urgencias ciñen al ser; reniega de las comunes de-bilidades y cree en el poder de la palabra para para florecer aun en la aridez. El amor y el destino, transformados en melancolía con-trolada, buscan el cauce de la interioridad hacia la verdad honda, subjetiva, sabiendo que la eterna conjetura que nos hace ciertos secretea entre los versos, pues “los versos nacen en los territorios del alma”.
Ricardo Rubio

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JORGE HIRSCH Y EL FRÁGIL EQUILIBRIO DE LOS CUERPOS

por Ricardo Rubio

Todo hecho literario parte del soliloquio, acaso influido por una necesidad incomprensible que se sobrepone a otras, también necesarias; una suerte de bilocación en la que el otro es el uno que se divide para oír de sí la interpretación del orbe. En la manifestación poética, el monólogo parece buscar desde la verdad subjetiva el temple y el propósito de la voz que lo dicta. No es casual entonces que la pasión, la melancolía y las situaciones límites ocupen la mayor parte de las preocupaciones del poeta: “Transformar el llanto en sangre/ o simplemente en gotas/ que se pierden en el tiempo.”[1]

Jorge Hirsch, con un profuso ideario que demanda el roce de lo corpóreo, examina lo basto, analiza los extremos dolientes del destino y nos reduce la entrega con el mensaje franco de su emotividad, de su particular proyección sentimental. Ya Jorge Luis Borges preocupó algunas de sus líneas con reflexiones en torno al proceso virtual del pensamiento confrontándolo a la imposibilidad de que éste acceda al mínimo tacto con la materia. El todo visible se transforma así en utopía a la hora de una mínima cavilación. Pero somos espíritu, mente, universo interior, y nada de lo que por idea nos sucede existe en el mundo objetivo, obrado con bisagras, tornillos, muebles y demás materializaciones. Rodeado de objetos conocidos e incomprensibles, el poeta intenta retener su identidad, reclama la seguridad que sólo otorgan los sucesos que parecen no haber sucedido nunca —la experiencia—, y dice: “Los recuerdos/ van sumando/ retratos a la vida”[2]. De este modo, su palabra se hace alusión despojada, trágica, sombría; intenta aferrarse a la historia interior que, por persistencia, da algún sentido a la vida. La poesía no es para Hirsch un sueño sin ninguna realidad, ni es un juego de palabras sin lo serio de la acción, es la bitácora de un derrotero emocional que carga la única realidad posible.

En poesía es habitual decir la verdad. Esta exigencia provoca en nuestro autor la búsqueda del naturalismo, interpretado como respeto sentimental y desdén por tecnicismos vacíos u otros vanos sondeos de excentricidades, casi siempre forzados y pueriles: “…un hombre solo,/ abandonado,/ miserable,/ con la mirada perdida/ en el olvido.”[3] Ordena las abstracciones, las provoca accesibles, diáfanas, las ilumina en la zona clara que acerca a todos los hombres y acentúa su preocupación temporal en relación a los sucesos emotivos: “Tus caricias/ siempre tendrán su huella en mis mejillas.”[4]

El arbitrio de la palabra, la comunicación, es en este caso catarsis o, cuanto menos, canalización del vértigo que propone ese horizonte anterior y póstumo donde se contactan el cielo y la ceniza. El poeta “se sacude… [el] pasado y nos hace cómplices afortunados de su nostalgia”[5], rebusca las ilusiones entre sus recuerdos, las primeras caricias, los primeros labios, recurre al amor como instancia de cordura o de sentido, y siente el acecho de la sombra y del silencio que empañan toda su construcción terrena, y que le quitan sentido al devenir: “Si me vienes a buscar,/ reina negra,/ te pido lo hagas/ en la intimidad de la noche…”[6] donde el sustantivo intimidad se recarga de un valor que tiene más de cualidad personal que de entidad en sí. Esta rara prosopopeya, en la que la muerte cobra vida como interlocutora del poeta, es la dramatización trágica que emerge como resultado de las sucesivas pérdidas a las que estamos expuestos a lo largo del aliento. En esta instancia, el ojo del poeta no mira sino barrunta; su idea no alcanza a tocar la materia pero advierte que, más tarde o más temprano, esa dama oscura le quitará la suya. La tragicidad entonces, se transforma en el núcleo motor: “Las estrellas/ reflejan la despedida…”[7], y aun así el instinto no cede sino insiste en cruzar la lejanía: “La luna/ busca su sepultura/ tras el horizonte…”[8]; la identificación con el astro, que traspone ese más allá deseado, se opone a una entrega sin lucha.

Frente a los grandes obstáculos, frente a situaciones límites o bien frente a circunstancias que las parecen, los bordes del ser individual y las partes del organismo que en él se agrupan para la vida parecen difuminarse en el juicio del portador de la pena, parecen perderse y huir hacia un punto replegado y denso; y es en ese núcleo donde se agita la parte esplendorosa de la negrura[9], donde todos los dolores, todas las congojas y todos los dolores se recluyen para deliberar. Y si hay discusión, hay expectativas, como las hay si hay poesía.

La voluntad de ser comprendido en su íntima naturaleza, proyectada a lo largo de los libros de Jorge Hirsch, propone un especial atractivo a su lectura, estimula al salto por sobre la barrera de lo personal, que habitualmente separa al autor del lector, y desdice la habitual oscuridad con que suele asociarse a la poesía. La forma exterior que imprime a sus versos acentúa el contenido de un modo particular: lo sintetiza, lo acota, resume el cuerpo a sus huesos, además de imponerse por sobre la retórica que no pocas veces debilita la poesía de todos los tiempos: “Los párpados del universo,/ vencidos tras un largo día,/ descienden lentamente hacia el vacío”[10]. Así, concreto, sanguíneo, a veces vehemente, y con la flexibilidad que dicta lo espontáneo advierte la continua reformulación con que las urgencias ciñen su ser individual; reniega de las comunes debilidades y cree firmemente —entre las humanas dudas— en el poder de la palabra para florecer aun en la aridez. El amor y el destino, transformados en versiones de ilisha[11], aunque controlada, buscan el flujo de la interioridad hacia la verdad honda y solitaria, sabiendo que la eterna conjetura que nos hace ciertos secretea entre los versos, pues “…los versos nacen/ en territorios del alma.”[12]


[1] Hirsch, Jorge: “Segundo instante”, cuaderno AquíAllá Nº 3, sin título. Fundación Argentina para la poesía, Buenos Aires, 2000. p9

[2] Hirsch, Jorge: “Retrato”, de “El frágil equilibrio de los cuerpos”, La Luna Que, Buenos Aires, 2005. p9

[3] Op. cit.: sin título. p30

[4] Hirsch, Jorge: “Retratos”, poema IX. Buenos Aires, 1998. p17

[5] Carabelli, Julio: “Retratos”, contratapa.

[6] Op. cit,: poema XVI. p27

[7] Op. cit.: poema XXV. p39

[8] Ídem

[9] Cao, Omar: “Antología Poética Universal 8100”, “Canción”. Buenos Aires, Ed. LLQSCCLB, 1978. p63

[10] Hirsch, Jorge: “El frágil equilibrio de los cuerpos”, sin título. Buenos Aires, La Luna Que, 2005. p31

[11] Ilisha: del gr. melancolía de amor.

[12] Hirsch, Jorge: “El frágil equilibrio de los cuerpos”, sin título. Buenos Aires, La Luna Que, 2005. p65

LA HABITANTE DEL LODO, de Carmen Moreno de Mercado

La habitante del lodo

14x21, 88 pag.

Poemas (2002).

POEMAS Y DIÁLOGOS, de Osvaldo Milano Arrieta

Poemas y diálogos

14x20, 88 pag.

Poesías 1994-1999.

MÁS ALLÁ DE MÍ, de Norberto Alessio

Más allá de mí

14x20, 72 pag.

Poesías (2004).

SEÑAL DE AGUA, de Gerardo Coria

Señal de agua

13x19, 64 pag.

Poesías (2004).

CONVERSACIONES DE FIN DE SIGLO, de Alberto Luis Ponzo

Conversaciones de fin de siglo

14x20, 60 pag.

Entrevistas, obras, presencias (200c).