NUDOS DE SOMBRA, de José Martínez-Bargiela


Nudos de sombra

14x20, 100 pag.

Poesía (2006).

PRESENTACIÓN, 23 de octubre de 2007.

Alguna vez dije que la poesía de José Martínez-Bargiela es el resultado de una limpia espontaneidad creadora.

Decir espontaneidad creadora no haría poca diferencia con la actividad de cualquier otro poeta verdadero, pero decir limpia espontaneidad creadora habla de una necesidad “visceral” que está más allá de poses, afectaciones o fingimientos. La voluntad, en nuestro poeta, se entrega servicio de la reflexión y se prolonga con naturalidad sobre el papel.

Toda una vida de sus muchas vidas, toda una experiencia de sus muchas experiencias es este Nudos de sombra, los nudos de la identidad y los nudos del muro filosófico, que son quizás la materia prima de la poesía, nutridos de sensaciones y exaltaciones, del sabor de los prados, de la belleza de los cuerpos, también de la injusticia, de las pérdidas, de las distancias. Los interminables recuerdos traen a cada presente su voto de palabras, su inmortalidad.

Pese a que se opina lo contrario, no es difícil de comprender la poesía para los que poco la frecuentan, difícil es comprender por qué un hombre escribe poesía; no es difícil acercarse al concepto que encierran las palabras extendidas a lo largo de los versos ya que bastaría sólo proponérselo, lo difícil es acercarse al núcleo motor que las provoca, ¿qué hace que un ser humano sienta la compulsión de la palabra poética? En José Martínez-Bargiela no hay preocupación por este punto oscuro, sólo escribe… Y logra así el despojo de toda tiranía intelectual; recibe el dictado y ya; oye las palabras y allí van. Amigos, esa circunstancia, ese resultado, es lo que entiendo por talento.

El talento no puede someterse, no puede doblegarse, no puede ser comprado ni vendido; el talento es una llama que se enciende en alguna de las disciplinas que maneja nuestra psiquis y se solaza en ella. Y José tiene holgado talento poético para traducir esa melodía que oye en silencio y el talento de plasmarla en un papel.

No sólo su vocabulario, su caudal preceptivo o su memoria encienden este juego de servir al gusto y al lenguaje. Quien lo conoce bien, sabe de su compostura, de su temple humanístico, de su honorabilidad, de su prudencia y sensatez; y también de sus nociones y profusos conocimientos aprehendidos de la vida y de la lectura. Raras cualidades que pocas veces se reúnen en una sola persona, y de ellas, sólo unas pocas son capaces de llevarlas al papel impreso con igual o parecida suficiencia.

En José Martínez-Bargiela cobran mayor sentido las palabras de Abelardo Castillo que dicen “escribo para no morir de realidad”.

Ricardo Rubio

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