UNA LENTA ESTACIÓN ENTRE DOS SOLES, de Gladys Edich Barbosa Ehraije


14x20, 48 pag.

Poesía (1999).

Arte de tapa: Mónica Caputo.

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PALABRAS PRELIMINARES de Carlos Enrique Berbeglia

Una característica notable del hombre consiste en ser transformacional. Gracias a la generosidad de la naturaleza que, hasta ahora, creyera inagotable, y, siempre, martirizara y que le proveyera de una variadísima materia prima, supo valerse de su entrega con el fin de modificarla, mediante el urbanismo y la ingeniería, convertirla en bienes de consumo diverso, por la tecnología, o en belleza a través del esfuerzo de los artistas plásticos.
La poesía entendida como obra de arte también es transformacional, pero en lugar de enfrentarse, v. g., como el escultor, con la materia virgen y modelarla, actúa sobre las palabras, “materia” estrictamente humana, crea a partir de ellas. Cabría, por lo tanto, considerarla “transformacional en segunda instancia”, aunque, no por esto, abocada a una labor menos creativa que el resto de las artes plásticas. Y, si bien al íntegro conjunto de la literatura, transformadora en su totalidad y también en “segunda instancia” de un lenguaje carcomido por los lugares comunes, las convenciones, el automatismo y el cansancio cognitivo de que hace gala la elocución humana, le corresponde la misión de profundizar en las emociones (y formalizarlas), ha sido siempre por excelencia la poesía la que se encargaría de su manifestación con mayor solvencia estética.
Desde esta perspectiva la forma poética, breve y precisa de Gladys Barbosa presenta, mediante una sucesión de imágenes, impecables en su contenido y perfectas en su enunciación, las emociones palpables de quien poetiza la realidad desde la realidad en sí misma y no a partir de alguna escuela literaria o meramente se dedica a proclamarla desde un parnaso decadente y solipsista.
No hay, en la escuetez de su poesía, ni un giro lingüistico de más, aunque sí una toma de posición gnoseolólgica y existencial ante el dolor y sufrimiento universal y propios —leit motiv de ester poemario— como ilustran los poemas “No existe la verdad” , “Rompe el deseo” o “La mujer”.
A diferencia del aforismo, que reduce y calcifica la experiencia, la brevedad poética de la autora logra, gracias a expresiones de una parquedad casi mística (“arañando la tierra/ se descubre/ la sombra de la rosa”) el efcto absolutamente contrario: el símbolo y la metáfora la concentran y enriquecen. La poesía, mediante el recurso de la imagen, “abre” al mundo, el aforismo, por el contrario, lo cierra.
Con el mínimo alcance de nuestras propias palabras nosotros también celebramos su apertura.

Carlos Enrique Berbeglia
Buenos Aires, octubre de 1998.

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