UNIVERSO SUR, Revista Bilingüe ítalo-castellana.

14x21, 16 pag.

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14x21, 16 pag.

Revista bilingüe ítalo-castellana dirigida por Ricardo Rubio y Antonio Aliberti. Arte de tapa de Mónica Caputo. Solo salieron cuatro números desde enero de 1988 hasta septiembre del mismo año.

Poetas publicados: Luis Alposta, Jorge Boccanera, Atilio Jorge Castelpoggi, Julio Cortázar, Juan Gelman, Joaquón O. Giannuzzi, José Isaacson, Leopoldo Marechal, Federico Peltzer, Antonio Requeni, Horacio Salas, Roberto J. Santoro, Santiago E. Sylvester, Mario Jorge De Lellis, Alicia Genovese, Amadeo Gravino, Jorge Infusino, Pedro Mairal, Homero Manzi, Esteban Moore, Nicolás Olivari, Alberto Luis Ponzo, José Portogalo, Marcos Silber, Máximo Simpson, Alberto Vanasco, Conrado Nalé Roxlo, Roberto Alifano, Emilse Anzoátegui, Julieta Brizzi, Carlos Enrique Berbeglia, Manuel Mujica Láinez, Luis Raúl Calvo, César Cantoni, Carlos Norberto Carbone, Mempo Giardinelli, Jorge Ariel Madrazo, Hilda Mans, Héctor Negro, Isidoro Blaisten, Roberto Díaz, Hugo Ditaranto, Mariano García Izquierdo, Marcela Giacobbo, Luis Iadarola, Ketty Alejandrina Lis, Luis Luchi, Miguel Oscar Menassa, Fernando Sánchez Sorondo, Gianni Siccardi, Francisco Urondo y Oscar Hermes Villordo.

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PALABRAS PARA LUCA, de Alfredo Jorge Maxit

14x17, 12 pag.

Cuaderno de poesías (2011).

LA LUNA QUE SE CORTÓ CON LA BOTELLA Nº 11 y Nº 13

La Luna Que Nº 11

La Luna Que Nº 13

La Luna Que Nº 11:

Arte de tapa: Daniel Rodolfo Russo. Poemas de Ricardo Rubio, Daniel Rodolfo Russo, Carlos Kuraiem, Alejandro Prieto, Nacho Menón y Emilse Anzoátegui.

La Luna Que… Nº 13:

Número dedicado a la poesía de Carlos Kuraiem. El título se corresponde con una canción de su autoría que solía cantar por entonces.

LA LUNA QUE SE CORTÓ CON LA BOTELLA Nº 9 y Nº 10

La Luna Que Nº9

La Luna Que Nº 10

     La lLuna Que… Nº 9:

Daniel Rodolfo Russo – Ricardo Rubio – Norberto Zuliani – Carlos Kuraiem.

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La Luna Que… Nº 10:

Adelanto del poemario “Pasaportes en un cajón de luz” que editaría Daniel Rodolfo Russo en el mes de abril de 1983, bajo Ediciones Leyenda.

CADA LUZ, de Alfredo Jorge Maxit

14x21, 72 pag.

Poemas (2011). Arte de tapa de Walter Di Santo.

Alfredo Jorge Maxit

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PRÓLOGO de Rafael Felipe Oteriño:

EL PODER ALADO Y SAGRADO DE LA POESÍA

El vocablo griego apeiron está íntimamente ligado a la poesía de Alfredo Maxit. No porque esta poesía exprese las condiciones de indeterminación propias del significado de dicha voz, sino por la decisión de oponer a lo indeterminado el poder edificante del lenguaje. Gracias a dicha condición, es posible saber de su lucha por conquistar zonas de inteligibilidad allí donde hierba, alas, sol, pájaro tienen su dominio y la mente persigue las ondas del sentido. Los poemas son destellos y vislumbres que, al tiempo de la lectura, se convierten en conquistas del espíritu en el proceso de echar luz sobre lo conocido/desconocido que nos rodea. De ahí el carácter reflexivo que ellos tienen, rodeados por los silencios significativos de los espacios en blanco de la página. De ahí las palabras aisladas y los tropos léxicos de invariable sabor semántico. Es que las manifestaciones de la vida, la muerte, el paso del tiempo, la arrolladora duración, no ceden fácilmente a la nominación y sólo se expresan de manera figurada. En este caso, proyectadas en imágenes que, a modo de preguntas incesantes, van conformando el friso de la vida vivida y de la vida presentida: lo que fuimos, lo que somos, lo que se abre y se cierra sobre nuestras cabezas.
Es una poesía en la que el ojo supera al oído y no es extraño que así sea. Porque Alfredo Maxit es un poeta del pensamiento y de la reposada meditación –también lo es de su otra cara: la del dramatismo interior- queriendo decir con esto que se vale del verso como instrumento para ir más hondo y más lejos. Su capacidad para poner al descubierto la condición reveladora de la palabra poética lo muestra como un laborioso explorador de lo indecible. Cada vocablo tiene cabida en el poema por su sonoridad, pero rápidamente se convierte en el haz de luz que busca indagar la huella de lo indeterminado. Hay un poema en el que la introspección, casi al borde de lo críptico, es -con su trasfondo letrado- una puesta en acto del pathos del autor. En apretadas cinco líneas –enriquecidas por la doble ocasión de la palabra cayó (cayó de caer pero abierta asimismo a la dimensión del silencio)–señala el rumbo de la peripecia humana: El árbol del saber cayó los frutos,/ el regio Edén dejó fuera de sitio/ al hombre, la mujer confusos/ de sucedido o sueño.// Heridos de original  nostalgia (“Herida”). El poema muestra la aspiración al conocimiento, seguida de la mortificación que sobreviene a la búsqueda, calificada por el extrañamiento producido por aquello que, paradójicamente, nunca es alcanzado. No se trata de la herida del sujeto-persona-física-individual, sino de la rilkeana asunción de lo propiamente humano en tanto que límite.  La serena aceptación de ese límite y su armonización con las cosas creadas e increadas. Los veintitrés poemas que integran el libro contienen, de este modo, la intensidad verbal de un poeta que ha hecho de la escritura de poesía su conmovido “estar en el mundo”.

                             Rafael Felipe Oteriño

Rafel Felipe Oteriño