EL REINO DE LAS PALABRAS, por Rubén Balseiro

Rubén Balseiro

Rubén Balseiro

EL REINO DE LAS PALABRAS

“El silencio de la epifanía”
Santiago Kovadloff.

 El ser, dice Sartre, “Es lo que es” es paradójico que lo que plantea el más importante representante del existencialismo ateo francés esté tan ligado al pensamiento religioso. En el antiguo testamento, Dios se presenta ante Moisés diciendo “Soy el que soy”. Dicho de otro modo, el ser sólo puede ser presentado desde su propia pronunciación.
Ahora bien, San Agustín decía refiriéndose al tiempo:

“Si no me preguntan por el tiempo, sé qué es, pero si me lo preguntan no sé como explicarlo”.

Acaso con la poesía acontezca algo similar; hay una intuición de la poesía, se vive su presencia, pero es difícil, sino imposible definirla. Igual que con el ser Sartriano, o el ser Divino, el ser de la poesía es inexplicable, “es lo que es”.

Rudolf Otto

Rudolf Otto

Rudolf Otto, en su libro “Lo santo” hace referencia a la presencia “Numínica o Numinosa” (sagrada) y escribe:         

“Lo numinoso, no se puede definir en sentido estricto, como ocurre con todo elemento simple, con todo dato primario, sólo cabe dilucidarlo”.

Quizás para “entender” la poesía será necesario remontarnos a cierta presencia que nos trasciende. Tal vez por eso desde la antigüedad la presencia poética y la artística en general, se vinculó con la “deidad”, “la inspiración”, la “Musa”. La Ilíada comienza:

“Canta o Diosa, la cólera del Pélida Aquileo…”

Como si la palabra poética proviniera de la deidad y el poeta fuese un intermediario entre ella y los hombres. Más de 2700 años después; Charles Baudelaire escribe en su poema “La Musa enferma”:

Charles Baudelaire

Charles Baudelaire

Mi pobre musa, ¡Ay! ¿Qué tienes este día?
Pueblan tus vacuos ojos las visiones nocturnas
y alternándose veo reflejarse en tu tez
la locura y el pánico, fríos y taciturnos.

Mostrándonos de algún modo la persistencia en esta idea de algo trascendente como origen de la palabra poética. Para acercarnos entonces a la relación entre poesía y comunicación habrá que remontarse un tanto en el entendimiento de la palabra poética y para ello será necesario partir de un acercamiento a algunas de las problemáticas del lenguaje en general. Michel Foucault, escribe que el lenguaje en las culturas indo-europeas ha hecho nacer dos clases de sospechas:

“Ante todo la sospecha de que el lenguaje no dice exactamente lo que dice. El sentido que se atrapa y que es inmediatamente manifiesto no es, quizás, en realidad, sino un sentido menor, que protege, encierra y, a pesar de todo, transmite otro sentido: siendo este sentido a la vez más fuerte y el sentido ‘por debajo’…”

Evidentemente no podemos quedarnos con lo que el lenguaje nos manifiesta como primera aproximación; desde hace años los filósofos ya no piensan el lenguaje como una relación entre un significado y un referente. Ya Saussure había distinguido entre un significante y un significado y sostenía que este significante no se asociaba a un referente externo, es decir la cosa en sí, sino a otro significante dado por una definición aceptada en el sistema de la lengua hablante, es decir, aceptada dentro de un marco cultural determinado. (1)

Alejandra Pizarnik

Alejandra Pizarnik

Ahora bien, si hablamos de lenguaje poético vemos que la relaciones entre significado y referente pueden estar mucho más disociadas aún, haciendo muchas veces la lectura de difícil acceso. Leemos en El infierno musical de Alejandra Pizarnik :

Golpean con soles
Nada se acopla con nada aquí
Y de tanto animal muerto en el cementerio de huesos
filosos de mi memoria
Y de tantas monjas como cuervos que se precipitan a
hurgar entre mis piernas
La cantidad de fragmentos me desgarra
Impuro diálogo
Un proyectarse desesperado de la materia verbal
Liberada a sí misma
Naufragando en sí misma

Es difícil abordar el texto si lo que buscamos es un análisis lógico del contenido de
las palabras, si lo que buscamos es “comprender” el mensaje primero que las palabras transmiten. El poema tendrá tantas lecturas posibles como lectores lo aborden.
Dicho de otro modo, el lenguaje poético encierra variados significados; cada “Yo” se completa en el “Tú” y sólo de esta conjunción, de este punto del “entre” surgirá el significado de las cosas.
Cada obra será la resultante de una persona (el poeta) y este poeta estará inmerso en su connotación histórica y social; por otra parte cada lector tendrá una recepción distinta de la obra, ya que también estará inmerso en su connotación histórica y social, multiplicando y diversificando así las significaciones y haciendo consecuentemente de una obra de arte algo infinito.
Edgar Bayley al referirse al “Invencionismo” escribe:

Edgar Bayley

Edgar Bayley

“Un poema debe constituir un hecho. Vivir el poema como un acontecimiento de nuestra vida mental y no como una representación en la que somos meros espectadores”.

Un poema del mismo Bayley ilustra sobradamente lo dicho:

Un hombre trepa las paredes y sube al cielo

Colgado de una soga
el hombre que escala las paredes
tiene fuertes zapatones con clavos
Escala las paredes
porque ha olvidado las llaves de su casa
y mientras escala las paredes
hasta llegar al piso trece
se detiene algunos momentos
en los balcones de cada piso
donde aspira el olor de los geranios
las madreselvas
las hortensias
y los malvones
Hay sol
gallardetes
vendedores ambulantes
y más allá está el río
y más allá los puentes
por donde se va a la pampa
Abajo están los niños
que salen de las escuelas
y por el cielo pasan aviones y pájaros
y sombreros de anchas alas
que el viento arrancó a los desprevenidos
La soga ha sido atada a la viga
que sobresale en la azotea
Un hombre la ciñó a su cintura
y asciende tomándose de la soga
con sus manos enguantadas
Usa un chaleco floreado y una gorra a cuadros
Debe llegar al piso trece
donde tiene que regar unos claveles
pisar maíz
escribir unas cartas
y preparar una cazuela
Sube lentamente
y en cada piso se detiene un rato para descansar
Entre el balcón de cada piso
y se sienta en un sillón
o se extiende sobre una reposera
y conversa con la vecina o los vecinos
y acepta un café o un mate
o deja caer un chorro de una bota de vino
en su garganta
o juega a las cartas
o escucha confidencias y da consejos
y cuenta algún episodio de su vida
hasta que saluda y se va
y sigue trepando por las paredes
colgado de una soga
Es el hombre tiene fuertes zapatones con clavos
el hombre que escala las paredes
y un chaleco floreado y una gorra a cuadros
que olvidó las llaves de su casa
y aspira el olor de los geranios
y debe llegar al piso trece
antes de que aparezcan los búhos
y se iluminen las ventanas
Están los pájaros y el río allá lejos
y el césped del parque
y los caballos que galopan por la llanura
y esta silla desvencijada
y la bañera
fuera de uso
llena de tierra y de flores
y el mar y el navío que se acerca
y la lagartija que se escurre entre las rocas
y el vendedor de diarios que desde abajo
le grita consejos y advertencias
mientras el hombre vuela
asciende
conquista cada piso con esfuerzo
y mira siempre hacia arriba
la tierra está lejos
el cielo está lejos
El hombre que trepa por las paredes
colgado de una soga
cuando entra en una casa por el balcón
es bien recibido por los vecinos
y él trata de ser útil
pero en uno de los pisos
una mujer inesperada
que es una sola
y al mismo tiempo
todas las mujeres de su vida
le pide que la lleve con él
Entonces ella se ata también con la soga
y sube con el hombre
más allá del piso trece
hacia las nubes
al aire libre
al cielo
al viento
entre los geranios
las sombrillas las reposeras
sobre puentes y puestos de diarios
y mástiles
y enredaderas
y algunas gotas
y semillas
y sueños
con su gorra a cuadros
con su chaleco floreado
con su enamorada de siempre

Igual que en el poema de Pizarnik, al leer el texto de Bayley no podemos pensarlo sólo desde la aplicación lógica, ni tampoco como la descripción de una realidad objetiva fuera de sí, sino, por el contrario, como una realidad en sí misma.
Sería absurdo preguntarnos ¿Cómo hizo el hombre para colgar una soga de la viga que sobresale de la terraza? ¿Por qué el hombre en lugar de trepar por las paredes no llamó al portero? o ¿Por qué no fue en busca de un cerrajero?

Michel Foucault

Michel Foucault

La segunda sospecha de Foucault se manifiesta así:

“…por otra parte el lenguaje hace nacer esa otra sospecha: que el lenguaje desborda, de alguna manera, su forma propiamente verbal, y que hay muchas otras cosas que hablan y que no son lenguaje. Ante todo podemos decir que la naturaleza, el mar, el murmullo de los árboles, los animales, los rostros, las máscaras, los cuchillos en cruz, hablan…”

El poema no está ajeno a lo expuesto; si bien siempre se expresa a través de la palabra, basta pensar en la forma del Haiku para ver como esos símbolos que el filosofo francés manifiesta aparecen casi como “gesto”, como una sensación, una imagen pero que excede la fotografía de un afuera y se fusiona con la interioridad del poeta y del lector.
Escribe Matsuo Basho:

Matsuo Basho

Matsuo Basho

El viejo estanque
se zambulle una rana
ruido de agua

O cuando Carlos Spinedi dice:

Carlos Spinedi

Carlos Spinedi

En la tetera
de porcelana azul
brulle otra vez el sol

Ahora bien, por lo expuesto hasta aquí, vemos que el eje de la problemática se centra en el lector, o mejor dicho, en la interpretación que realiza este lector, de allí que algunos pensadores hablen de la “muerte del autor” Sin embargo, la palabra interpretación también debe pensarse, ya que, como vimos, cuando interpretamos no interpretamos más que interpretaciones; esto es, toda interpretación es la interpretación de  una interpretación porque la significación  de los términos no remite a una relación a un referente sino a otros términos. Tal vez por eso Heidegger se permitió decir:

“El hombre habita el mundo a la manera de un poeta..”

Susan Sontag

Susan Sontag

Cierta vez Susan Sontag propuso:

“La liquidación de toda estrategia interpretativa en función de una descripción gozosa y amorosa de la obra”

Esto parecería contradecir el contenido de las líneas ya escritas y de las futuras que hacen a este trabajo, sin embargo no es así, ya que no pretendo una interpretación de los textos que aquí se presentan, sino un acercamiento a entender la relación entre la poesía y la sociedad en la que vivimos. Sin embargo ¿Es esto que acabo de escribir aceptable? O dicho de otro modo, aunque no pretenda interpretar, ¿no estoy interpretando? O acaso la relación entre poesía y sociedad a la que hago referencia ¿Es algo más que lo que mi visión (interpretación) me muestra? Obviamente, más allá de estar totalmente de acuerdo con Sotang en una lectura gozosa de la obra, es innegable que la carga interpretativa existe y no podemos hacer “borrón y cuenta nueva”; nuestra sociedad, en suma, es un cúmulo de interpretaciones que  de una u otra forma constituyen el piso cultural sobre el que nos paramos, es decir, nuestro mundo.
¿Cómo dejar de lado, entonces las interpretaciones? ¿Hay alguna posibilidad? La interpretación está, es la forma en que vemos las cosas, ya que el lenguaje en sí mismo, no es más que un juego de interpretaciones, aunque esto no niega que podamos detenernos en un texto poético y disfrutar del mismo. Pero, ¿a dónde nos lleva el poema? Si, como vimos, el lenguaje poético al decir de Kovadloff, es una forma de contrarrestar el “Silencio de la oclusión”, ya que hablamos de un lenguaje no alienado, completo de contenido y significación, frente a un lenguaje vacío que sólo propone la interpretación primera de las palabras y de algún modo el vacío del lenguaje; vemos, siguiendo al mismo autor, que culmina en el “Silencio de la epifanía” (2) en una instancia donde la palabra cede su espacio a un significado pleno, pero particularmente personal de cada lector y entonces la espiritualidad, la magia, la sensación estética, la poesía, se apodera de nosotros.
Ya no estamos frente a un lenguaje, estamos frente a una manifestación de orden trascendente que nos arroba, frente a una nueva forma de silencio, acaso frente a esa sensación de lo “Numínoso” a la que hacíamos referencia cuando citábamos a Rudolf Otto.
Llegado a este punto, tengo forzosamente que hacer otra pregunta; ¿Es el poema una forma de comunicación?
Podría decir que sí, en tanto se piense la comunicación en un sentido laxo. Pero si el poema es comunicación, esto implica la existencia de por lo menos dos partes, un emisor, el que habla/escribe y un receptor, el que escucha/lee y esto no alcanzará, será preciso que el que escucha/lee reelabore lo escuchado o leído y reconstruya su propio poema, sólo así el circulo completará su forma; siendo entonces un poema tantos poemas como lectores tenga. Sin embargo, a diferencia del músico, cuyas notas musicales pueden o no ser entendidas por el que escucha, y éste, sin embargo, disfrutará o no de lo escuchado; el instrumento del poeta es la palabra, cada vez que el poeta escribe o pronuncia una palabra,   esta determina un significado en el lector/oyente y cuando, más allá de lo dicho, hay un distanciamiento entre significante y significado, aparece la descolocación del lector, el no entender, el abandono del texto. ¿A qué se debe esto? Veamos; la sociedad en la que vivimos ha impuesto un lenguaje alienado y todo lo que escapa a esta alienación, (que paradójicamente es tomada como el estado “normal” del hombre) es vivido como extraño; aquello que no puedo entender a simple vista lo desestimo, aquello que no encuadra dentro de un proceso lógico no es real, aquello que me obliga a salir de mi estado de confort, simplista y vacío y requiere de cierto esfuerzo para asimilarlo lo desecho. Un poema de Horacio Castillo nos da un ejemplo preciso de lo expuesto:

Horacio Castillo

Horacio Castillo

La ciudad del sol

Expulsados de la ciudad bajo el cargo de fabuladores
vamos de un lado a otro, durmiendo ya en cuevas
ya a la intemperie y alimentándonos de hierbas y raices
o con la miel de algún panal hallado fortuitamente.
Han venido con nosotros las mujeres y los niños,
y cuando nos reunimos bajo el fuego del atardecer,
sus ojos se vuelven una y otra vez hacia las murallas;
después de todo, allí pasamos parte de nuestra vida.
Pero lo exigía la razón. ¿Cómo podían soportar
que llamáramos a la piedra río, al árbol estrella?
¿Cómo podían soportar que llamáramos al pájaro magnólia?
Lo exigía la razón. Y ahora, desde aquí,
vemos con tristeza las anchas puertas de bronce,
las altísimas torres doradas por el sol;
y cuando entran o salen las caravanas
los mercaderes describen las mesas y vasos de oro,
los magníficos altares cubiertos de ofrendas,
las armas que colman todos los recintos
y que en el próximo milenio, dicen, incendiaran el cielo.
Lo exigía la razón. Y ahora como una horda,
vamos de un lado al otro balbuceando nuestra lengua,
hablando el dialecto de una ciudad perdida
que ya nadie comprende. ¿Cómo podían soportar
que llamáramos al fuego pez, al agua paloma?
¿Cómo podrían soportar que llamáramos a la rosa destino?
ellos, los que creen que las bellotas son bellotas.

Como vemos la necesidad del ser humano de poder entender racionalmente el lenguaje lo aleja del lenguaje poético. Es preciso, para acercarnos a la poesía, aceptar que no todo tiene que ser lógico, no todo tiene que ser racional, ni entendible por las reglas que esta sociedad impone. La expresión artística quiebra el significado primero de las palabras y escapa de la simple apreciación intelectual (de ser sólo intelectual, transformaríamos al poema en un teorema) pero también escapa de la simple apreciación emocional (de ser sólo emocional, transformaríamos al poema en pura sensiblería) el arte es la expresión del ser “entero” de Buber, es el medio por el cual el ser entero se expresa. Entiéndase bien, no quiero decir con esto que la poesía debe asumir una forma llana y de simple acceso a todo el mundo. Creo que la poesía debe tener la complejidad que su autor determine, en tanto esa complejidad sea el resultado de un proceso creativo genuino y no la búsqueda de la dificultad por la dificultad misma.

Recordemos aquellas contundentes líneas de Mario Trejo:

Mario Trejo

Mario Trejo

Que el pan sea pan y el mar el mar.
Basta de conjeturas,
murciélagos lunares
o roedores de orquídeas.
Toda palabra tiene precio.

.

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1- El vocablo “árbol” tiene una significación en la lengua española pero su sentido cambia cuando hablamos del “árbol genealógico”. El sentido, en fin, se modifica de acuerdo con el sintagma o con la sucesión discursiva. […] Aún cuando un significante se mantenga aislado (en una página, digamos), su significación depende de la relación paradigmática que mantiene con otros significantes del sistema lingüístico (y no con la cosa a la cual se refiere)”- Dardo Scavino “La filosofía actual”.

2 – “Pero hay además, decía yo,  otro silencio. Un segundo silencio. Es aquel al que arriba el poema; el silencio donde desemboca. […] Es ahora el silencio de la significación excedida que, con su irreductible complejidad, desvela y fuerza a la vigilia sin pausa del entendimiento […] Es pues, a causa de su intensa función reveladora que propongo llamar a esta modalidad del silencio, silencio de la epifanía.” – Santiago Kovadloff. “El silencio primordial”, Emecé Editores (1996).


LAS COSAS POR SU NOMBRE, por Rubén Balseiro

“… la Biblia junto a un calefón”

Enrique Santos Discépolo

Las características sociales de nuestro país y sobre todo las de la gran ciudad, en este caso, Buenos Aires, no escapan a los estándares globales de otras grandes ciudades del mundo, igual que en otros lugares, aparecen particularidades especiales, asociadas a la idiosincrasia de nuestro pueblo, al desarrollo del mismo, a la visión que tenemos del hombre y del lugar que deberíamos ocupar en el mundo en oposición con el que verdaderamente ocupamos.

La sociedad actual se debate entre creencias que parecen obsoletas o arrumbadas en un placar y mensajes de una clase dirigente que enmascaran una realidad palpable día a día con el sólo hecho de salir a comprar los alimentos necesarios a un supermercado.

Si hay hechos que caracterizan el momento histórico que vivimos, son sin duda la incertidumbre, la poca claridad en la comunicación, la pérdida de los valores que creímos esenciales para el desarrollo de nuestra sociedad.

medios comunicacionHay indudablemente un quiebre en la comunicación; la tecnología, entendiendo por tal, teléfono, televisión, radio, internet, etc. nos permiten estar al tanto de lo que acontece en cualquier lugar del mundo en forma instantánea, sin embargo, el cúmulo de información es apabullante y termina por superponerse una a la otra, así, el secuestro de “A” queda en el olvido por la violación de “B” y ésta a su vez se solapa con el asesinato de “C”. Todo es pasajero, hasta la muerte, la cual al no poder ser reemplazada queda a la espera de otra muerte más “trascendente”. Sólo con encender el televisor veremos (salvo casos puntuales) que se repiten y repiten interminablemente los mismos contenidos, no con el fin de informar, sino para causar sensación, generando así, el rating necesario que, como todos sabemos, se mide minuto a minuto.

Lo expuesto hasta aquí nos lleva al centro de nuestra problemática. Sin duda afrontamos una crisis; el ser humano es pensamiento, el pensamiento es lenguaje y evidentemente, esta crisis se manifiesta como una crisis de lenguaje. No es una crisis casual, nada de lo que acontece en el mundo de las relaciones humanas lo es, responde a condiciones históricas y sociales cuando no a intereses directos de las clases dominantes que apuntalan determinados procesos comunicacionales a fin de sostener su poder.

Como vemos, afrontamos una crisis de lenguaje; esto no significa negar una crisis puntualmente económica que afecta, en mayor o menor medida, a casi todos los hogares argentinos, ni tampoco y asociada a ésta, minimizar una crisis social que hace que miles de niños que deberían estar estudiando, se encuentren recogiendo cartones hasta altas horas de la madrugada, 0 ancianos que en lugar de disfrutar del resultado de todo el esfuerzo de una vida tengan que estar, aún a su edad, trabajando para poder comer diariamente; pero es importante entender que cuando las palabras pierden su significado ya no sabemos que estamos nombrando al nombrar y la comunicación pierde sentido. Así, decimos por ejemplo “obrero” o decimos “sindicato” y ¿En qué pensamos? porque no creo que en nosotros se genere el mismo sentimiento cuando pensamos en aquellas agrupaciones sindicales de obreros que tan magníficamente describe Osvaldo Bayer en “La Patagonia Rebelde” que cuando vemos lo que acontece hoy en día. Tampoco sabemos que estamos diciendo al decir “política” y mucho menos cuando decimos “patria”, bastaría pensar en el Dr. Manuel Belgrano muriendo en la miseria después de haber ofrecido todo, o en su primo Juan José Castelli, despojado por traición y comparar con el “enriquecimiento ilícito” del que son acusados o sospechados muchos de los políticos actuales.

Necesitamos urgentemente reformular los conceptos, la palabra debe retomar su peso porque la comunicación entre los seres humanos está quebrada. Precisamente aquí es donde aparece el conflicto, ya que la desvalorización del significado de las palabras nos puede hacer pensar en forma rápida, simplista y lineal, y creer que “política” es sinónimo de corrupción, o que el termino “sindicato” identifica a una agrupación que se enriquece a costa de los necesitados y no es así, sin duda hay gente cabal que lucha por los valores o ideales con que se formó, pero desgraciadamente esa gente no llega a “re-dibujar” un nombre que fue “des-dibujado” por tantos otros anteriormente.

La palabra ha tomado rumbos inciertos y es hora de reformular nuestro lenguaje para saber que decimos cuando decimos. Vivimos en una Babel donde lo que se dice es interpretado de acuerdo a la conveniencia de cada sector, la televisión corta y descontextualiza el mensaje para ofrecer un punto de conflicto, de discusión y asegurarse la continuidad de una noticia que de por sí, caería rápidamente en el olvido por su propio peso. El show mediático ya no es exclusividad de artistas, vedets o modelos, no están afuera del mismo, políticos y formadores de opinión, transformando cada acontecer en un hecho de liviandad sorprendente.

Todo esto no es nuevo y “…la Biblia junto a un calefón”, metáfora de la que hablara Discépolo como emblema del siglo XX, continúa vigente en el siglo XXI y acaso aumentada, ya que los medios de comunicación son más poderosos, más tecnificados y llegan definitivamente a todos los hogares, haciendo que lo que la opinión pública define como verdad sobre los distintos aconteceres sea simplemente la repetición de explicaciones cosméticas sobre los hechos.Titeres

Ahora bien, ¿Qué es la verdad? Si seguimos el pensamiento de Karl Marx diremos que la verdad es lo que el poder de turno determina como verdad, ya que el poder de turno tiende la potestad de manejar la información que recibe la gente. La nueva pregunta sería ¿Quién ejerce el poder de turno? sin duda los medios de comunicación tienen un peso sustancial transformando en malo lo bueno o viceversa de acuerdo a la conveniencia del momento.

La palabra ha perdido su peso y el discurso es un discurso vacío de contenido, lo que Santiago Kovadloff llamó “El silencio de la oclusión” (1) impera en gran parte de la comunicación actual, haciendo que lo que se dice no genere ningún tipo de sobresalto o modificación sobre el status quo reinante y de este modo asegurarse a través del manejo del pensamiento (o no pensamiento) de las personas la continuidad de determinada coyuntura. Nada va más allá, todo es liviano, nada se pone en jaque ni busca que la gente abra su cabeza a la reflexión. Lo fantástico es el rápido olvido sobre lo dicho, se postulan determinadas ideas que una semana después son reemplazadas por otras totalmente opuestas con una liviandad y frescura envidiables, los rivales acérrimos de toda una vida se asocian para tratar de ganarle a un supuesto rival mayor, hay dichos y contradichos, marchas y contramarchas, piquetes y contrapiquetes, y en el medio usted, nosotros, como si fuésemos marionetas.

Hay que cortar los hilos, sí, hay que cortar los hilos y comenzar a preguntarnos donde empieza el conflicto, no creo para nada que todo sea blanco o negro, sé que hay grises, no pretendo tampoco la utopía de una sociedad ideal a la que, por cierto, nunca llegaremos, pero sí debemos tener abiertos los ojos, los oídos atentos y saber que hay que re-significar lo que se dice, afrontar la crisis, repensar nuestro lenguaje, nombrar a las cosas por su nombre.

Rubén Balseiro

Rubén Balseiro

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1 – “El silencio humano -es sabido-  no se expresa sólo mediante la prescindencia de las palabras también se expresa mediante las palabras de la prescindencia. Las palabras de la prescindencia provienen, usualmente, de la garganta del hábito, del dogma y del prejuicio[…] Ellas sustentan la ilusión de que en lo comprensible se agota el orden de cuando tiene sentido […] Las palabras de la prescindencia llevan a cabo una radical subestimación de lo inefable, empeñadas en reducir a algo objetivo y claro lo que no lo es, la poesía procura sostener en la palabra la inasible presencia de lo incognito. […] En virtud de su función encubridora, propongo llamar a esta modalidad de silencio; el silencio de la oclusión. – Santiago Kovadloff “El silencio primordial” – Emecé Editores (1993).

CONSIDERANDO EN FRÍO: EN LA TIERRA DE NADIE, por Rubén Balseiro

EN LA TIERRA DE NADIE

(Reflexiones sobre poesía, sociedad y comunicación)

 .

“El hombre no es otra cosa que lo que él se hace”

Jean Paul Sartre

.

En la tierra de nadie, de Rubén Balseiro

En la tierra de nadie, de Rubén Balseiro

Adentrarnos en el universo de la poesía es adentrarnos en los territorios profundos del hombre. En esos espacios donde lo esencial aflora como manifestación más genuina del ser. Podemos decir que el hombre es “El ser que se busca”. Ahora bien, ¿Qué es esta búsqueda? Sin duda es la búsqueda de sí mismo, de su lugar en el mundo, de su origen, de su fin, pero es ante todo una búsqueda peligrosa ya que implica la incertidumbre del hallazgo. Veamos, en mi búsqueda ¿Me encontraré al final del camino? Y en caso de encontrarme ¿Encontraré aquello que esperaba encontrar? Es en este recorrido donde Sartre instala la angustia diciendo:

“La angustia es el ser uno su propio ser en el modo de no serlo”

Lo primero que podemos pensar es precisamente nuestra posibilidad de pensar. Pero, ¿Cómo nos pensamos? o mejor aún, cuando pensamos, ¿Cómo se constituye nuestro pensamiento?

El punto de partida del pensamiento es la palabra, el hombre piensa a través de la palabra, o para ser más preciso, del lenguaje. El lenguaje está, no es una herramienta que el hombre utiliza, es el hombre mismo. De allí que Octavio Paz escriba:

“El lenguaje es una condición de la existencia del hombre y no un objeto, un organismo o un sistema convencional de signos que podamos aceptar o desechar”

Dios es un punto crucial en el entendimiento del destino humano. Desde las religiones más antiguas a la actualidad el hombre ha tratado de explicar en lo sobrehumano aquello que humanamente no podía explicar.

Nietzsche en cambio postula “la muerte de Dios”, dice en su libro “Así habló Zaratustra”

“¡Será posible! Este viejo santo en su bosque no ha oído todavía nada de que Dios ha muerto”

La muerte de Dios no es un tema menor, el propio Descartes tiene que recurrir a Dios para sostener su teoría. La famosa “Tabula rasa” no es tal y el racionalismo de Descartes descansa en un concepto a priori, no cuestionado, la existencia de Dios. Por su parte, la ausencia de Dios se traduce como la ausencia de toda verdad absoluta. Esto deja al hombre en un desamparo y también en una potencialidad que lleva a Nietzsche a decir:

“El hombre es el embrión del hombre del porvenir”

Sartre plantea claramente ese desamparo:

“El hombre no es otra cosa que lo que él se hace” 

Rubén Balseiro

Rubén Balseiro

 

En resumen; somos el ser que trata de entender quién es, qué lugar ocupa en el mundo, de dónde viene, a dónde va. Si aceptamos el determinismo, hay un trascendente, Dios, que es fuente y fin de la busca y en cierta forma agota en sí el porvenir. Si ese trascendente no existe, cada uno es el constructor de su ser, enfrentado a la incertidumbre del futuro. Nuevamente Sartre es claro al expresar:

“Soy eso que no sé si seré en tanto posibilidad, por eso soy angustia”

¿Cómo enfrenta el hombre esta angustia?. Por un lado, intenta buscarse a sí mismo e intenta entender su lugar en un mundo muchas veces extraño a través de la teorización filosófica. Pero como vimos, la filosofía no es la única forma,   la religión es otra.

La religión nos ofrece una explicación absoluta, no dejando puerta abierta a posible incógnita ya que Dios provee lo necesario para que el hombre logre resarcir sus frustraciones. Esta suerte de acción protectora es expresada por Freud de la siguiente forma:

“El hombre común no puede representarse a la providencia sino en la persona de un padre de grandiosa envergadura. Sólo un padre así puede conocer las necesidades de su criatura, estremecerse con sus suplicas, aplacarse ante los signos de su arrepentimiento”

Como vemos, la religión aparece como un paliativo que no resuelve el problema sino que lo acota. La angustia se reduce ya que siempre hay un por qué de orden superior que justifica lo acontecido. El pensamiento de Freud al respecto está muy bien clarificado, en un aforismo que el mismo Freud incluye en “El malestar en la cultura” y que dice:

Quien posea ciencia y arte

también tiene religión.

Quien no posea una ni otra;

pues que tenga religión.

.

Por eso Freud continúa:

“Todo esto es tan evidentemente infantil, tan ajeno a toda realidad efectiva que quien profese un credo humanista se dolerá pensando que la mayoría de los mortales nunca podrán elevarse por encima de esta concepción de vida”

Ahora bien, la filosofía y conjuntamente la ciencia, no ofrecen una respuesta final;

nos apartan de las certezas divinas pero nos dejan en una perpetua incertidumbre, en un

vacío existencial, para muchos, difícil de resistir.

Sin embargo hay una tercera opción que ha desarrollado el hombre, no para explicarse su origen o su fin pero sí para relacionarse consigo mismo y con los otros hombres, me refiero al “Arte”.

El hombre ha buscado trascender su yo a través de manifestaciones artísticas como la música, la pintura, la escultura, la literatura en general y la poesía en particular (ya que es lo que nos ocupa en estas páginas) y llegar a lo esencial de sí mismo y de los demás hombres.

Como vemos, la poesía es acaso un intento de encuentro, de encuentro con uno mismo, pero también, de encuentro con el otro hombre, con la sociedad a la que pertenecemos y que nos identifica. Por eso toda poesía es una búsqueda de identidad, es uno de los modos de profundizar en el saber de los pueblos y en su acontecer, ya que es el modo de acercamiento más íntimo entre los hombres; acercamiento a esas fibras esenciales que sólo trascienden en esos momentos claves en que la poesía viene a visitarnos.

Las páginas que siguen intentan acercarse al acontecer poético de nuestro país, tratando de ver la interacción entre poesía, sociedad y comunicación. Buscan mostrar, acaso, que la poesía, más allá del alejamiento del lector no ha muerto, está vigente, palpita, trata, a veces con más éxito a veces con menos, de llegar a la gente, de cumplir ese rol primordial en el desarrollo de la humanidad.

Vivimos un mundo convulsionado, veloz, donde la sociedad de consumo estableció sus paradigmas, pragmáticos y utilitarios y es contra esos paradigmas que la poesía a través de la tarea de los poetas lucha, trata de mostrarse, trata de llegar a ese lector ocupado en otra cosa.

El hombre, ya no está en la búsqueda de sí, sino en la búsqueda de lo que una sociedad centrada en el consumo establece, debemos replantear nuestro camino y acaso la poesía es una de las formas de hacerlo.

¿Cómo llegar? ¿Cómo hacer para que un público más amplio acceda a la palabra poética y que ésta no sea simplemente un acontecer entre poetas?

Esas son las preguntas que guiaron las páginas siguientes. No pretendo respuestas definitivas, descreo de las respuestas definitivas, sólo propongo un acercamiento a modo de reflexión, un pantallazo que nos sirva como punto de partida para interpretar el rol de la poesía en nuestra sociedad y acaso mejorar así nuestra comunicación y la interacción entre los hombres.

.

PRIMERA ENTREGA

Introducción a: EN LA TIERRA DE NADIE (Reflexiones sobre poesía, sociedad y comunicación), de Rubén Balseiro; Buenos Aires, Editorial Vinciguerra, 2013.


ANTOLOGÍA DE POETAS CONTEMPORÁNEOS ARGENTINOS

20 poetas a mar abierto / 20 poètes au grand large

edición bilingüe castellano/francés

Versiones en francés: Françoise Laly

20 poetas a mar abierto

20 poetas a mar abierto

POETAS:

Héctor Miguel Ángeli – Rubén Balseiro – Luis Benítez – Enrique Roberto Bossero

Norberto Corti – Alfredo De Cicco – Alejandro Drewes – Yoly Fidanza

Rodolfo Godino – Françoise Laly – Long-Ohni – Graciela Maturo

Norma Pérez Martín – Nélida Pessagno – Michou Pourtalé – Antonio Requeni

Osvaldo Rossi – Ricardo Rubio – Fernando Sánchez Zinny – Jorge Sichero

PRELIMINAR

Allá por 1900, muchos viajeros aseguraban que Buenos Aires exhalaba un perfume que recordaba a París. Y algo de cierto había en la observación, por mucho que ambas ciudades mostrasen disparidades grandes en cuanto a orígenes, dimensiones, edad, cultura, historia, lengua; en fin: en todo.
Pero aun así, Buenos Aires, para fines del siglo XIX y durante buena parte del XX palpitaba según el ritmo de Francia y hasta el anchuroso Río de la Plata a veces se nos hacía tan poético y convocante como el Sena. No había, para entonces, en nuestra ciudad, persona de cultura que no hablara correcto francés, que no leyera las grandes obras de la literatura de ese idioma, no había familia cultivada que no tuviera noticias de la producción artística francesa, de las corrientes del pensamiento, del quehacer parisino en materia de teatro y de cine, y de todo cuanto bullía en los ámbitos culturales del país europeo.
Ese Buenos Aires culto, aristocrático, elitista, amaba a París, deseaba emular la cultura y las formas de allá, y, por alguna extraña e inexplicable razón, pues somos –aun con la inserción de una inmigración de profusas vertientes–, herederos bastante directos de España, se sentía hijo de un París que reunía, para este grupo de porteños, todos los ideales de la cultura, del refinamiento, del buen gusto y de la inteligencia.
Paralelamente, esta capital rioplatense, más allá de conservar la típica urbanización en cuadrícula de diseño español, más allá de la impronta y la lengua hispana, creció en edificios, parques, diagonales, monumentos. Y por todas partes hubo detalles decorativos, mobiliario, juguetes y vajillas de definido sello francés. Un porteño de altura debía comportarse y sentirse como un auténtico parisino y pocos fueron los artistas argentinos que no soñaran, al menos, con el imprescindible viaje a París, sin contar con que muchos lo hicieron.
Tan fuerte fue esa tendencia que hasta en la manifestación cultural más acabadamente porteña y popular, el tango, y si nos referimos a sus años de oro, por lejos, el “barrio” más mencionado en las letras es, singularmente, París.
España descubrió, conquistó y dejó sus marcas indelebles en América Latina; en el desarrollo económico, la Gran Bretaña , para bien o para mal, inscribió en el Río de la Plata sus intereses y su ideología, en tanto, en nuestra casa, la enorme oleada inmigratoria italiana, con esa estoica vocación por la labranza, fue la mano que difundió en los campos desiertos, verdor, rubios trigales, huertas y frutales, a la vez que ese enorme contingente humano se convertía, también, en principal  responsable de esa suerte de hibridación lingüística que es el lunfardo, jerga porteña en la que, asimismo, se entreveró el francés, el mismo francés que, por otra cuerda, daba aliento a los poetas, desde la época del evanescente simbolismo hasta las jocundas vanguardias de los años 20.
Luego, luego, desde finales del siglo XX y más aún en actual, la Meca ya no es París, sino Nueva York y la parla estimulante ya no es francesa sino en  inglés norteamericano. Sin embargo, la gran influencia de la cultura y de la estética anterior, aunque soterrada, sigue vigente. Para ayudarla a que persista es que se plantea en este libro un mancomunado ejercicio de aproximación a sus fuentes. Es con esta intención que emprendemos, a mar abierto, una suerte de navegación hacia los puertos de la dulce Francia. Veinte son los viajeros, diecinueve argentinos y una francesa, Françoise Laly, quien se ha ocupado, además, de poner a todos en palabras de su país, incluso a ella misma, pues los versos suyos publicados en esta ocasión fueron originariamente escritos en castellano, de modo que, a su respecto, el auspicioso recorrido ha sido de ida y vuelta.
Otoño de 2014

Ed. La Luna Que, Buenos Aires, 2015.

EUFONÍA, Antología Poética

14x20, 80 pag.

Poesía (2009).

Leyenda Editorial: SADE Oeste Bonaerense.

INTERVIENEN:

Norberto Alessio, Susana Álvarez, Gabriela Antón, Manuel Asorey, Rubén Balseiro, Pedro Bidegain, María Angélica Cabanillas, Jorgelina Caial, Carlos Carbone, Nélida Carpinetti, Haydeé Cimadoro, Alba Correa Escandell, Juan De Biase, María Amelia Diaz, Elsa Fenoglio, Olga Ferraguti, Constancia Fioti, Élida Franco, Ernestina Gallo, Ana María García, Irma Garone, Elsa Gervasi, Lilia Goldberg, Irma González, Estela Herrera, Jorge Hirsch, Osvaldo Hueso, Nélida Jurado, Zahira Kezelman, Carlos Kuraiem, Susana Lamaison, Ada Lerner, María Teresa Lo Gioco, Jorge Luis López Aguilar, Pablo Marrero, José Martínez-Bargiela, Graciela Mena, Lía Miersch, Osvaldo Milano Arrieta, Herminio Milovich, Juan Carlos Molinuevo, Silvia Montilla, Juan Alberto Núñez, Elvira Otero, José Antonio Panizzi, Alicia Paulucci, Norma Pazos, María Luisa Peña, Raúl Pérez Arias, Jorge Pintos, Alberto Luis Ponzo, Rosa Rey, Ricardo Rubio, Ana María Scagnetti, Bernabé Sosa, Boris Stoyanoff, Roberto Taberner, Juan-Jacobo Bajarlía, Norberto Corti, Ester de Izaguirre, Eugenio Mandrini, Graciela Maturo, Carlos Pensa, Enrique Sandri, Marcos Silber y Andrés Utello.

Publicado en Ada Inés Lerner, Alba C. Escandell, Alberto Luis Ponzo, Alicia Paulucci, Ana María García, Ana María Scagnetti, Andrés Utello, Élida Franco, Bernabe Sosa, Boris Stoyanoff, Carlos Kuraiem, Carlos N. Carbone, Carlos Pensa, Constancia Fioti, Elsa Fenoglio, Elsa Gervasi, Elvira Otero, Enrique Sandri, Estela Herrera, Ester de Izaguirre, Eugenio Mandrini, Gabriela Antón, Graciela Maturo, Graciela Menna, Haydeé Cimadoro, Herminio Milovich, Irma Garone, Irma González, Jorge Hirsch, Jorge López Aguilar, Jorge Pintos, Jorgelina Caial, José Antonio Panizzi, José Martínez-Bargiela, Juan Alberto Núñez, Juan Carlos Molinuevo, Juan De Biase, Juan-Jacobo Bajarlía, Lía Miersch, Lilia Goldberg, Manuel Asorey, María Amelia Díaz, María Angélica Cabanillas, María Luisa Peña, María T. Lo Gioco, Marcos Silber, Nélida Carpineti, Nélida Jurado, Norberto Alessio, Norberto Corti, Norma Pazos, Olga Ferraguti, Osvaldo Hueso, Osvaldo M. Arrieta, Pablo Marrero, Pedro Bidegain, Raul P. Arias, Ricardo Rubio, Roberto Taberner, Rosa Rey, Rubén Balseiro, Silvia Montilla, Susana Álvarez, Susana Lamaison, Zahira Kezelman. Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Leave a Comment »

POETAS SOBRE POETAS

14x20, 104 pag.

Ensayos (2011).

Juntadores: Jorge Cambiaso, María Amelia Diaz y Susana Cattaneo.

Prólogo de Leopoldo Castilla.

Gianni Siccardi por Rubén Balseiro
Carlos Alberto Débole por Julio Bepré
Joaquín O. Giannuzzi por Graciela Bucci
Antonio Aliberti por Luis Raúl Calvo 
Jorge Luis Borges por Jorge Cambiaso
Roberto Juarroz por Cati Castaño 
Alejandra Pizarnik por Susana Cattaneo
Ana Emilia Lahitte por Mirta Cevasco 
Leopoldo Marechal por María Amelia Díaz
Ana Emilia Lahitte por Roberto Glorioso 
Antonio Requeni por María Granata 
Simón Kargieman por Irene Marks 
Rosa María Sobrón por María Paula Mones Ruiz
María del Mar Estrella por Carina Paz
Héctor Miguel Ángeli por Cristina Pizarro
Carta para Alejandra Pizarnik por Antonio Requeni
Alberto Luis Ponzo por Ricardo Rubio
Francisco Madariaga por David Antonio Sorbille
Juan L. Ortiz por Graciela Wencelblat
Héctor Yánover por Irene Zava

 

AQUÍALLÁ – Cuadernos de Cultura Nº 4

a4x20, 44 pag.

Leyenda editorial: Sagital (julio de 2005).

Director: Julio Bepré. Secretario de redacción: Carlos Enrique Berbeglia.

Intervienen: Héctor Miguel Ángeli, Rubén Balseiro, Norberto Barleand, Daniel Battilana, Luis Calvo, Julio Castellanos, Julián Del Campo, Magdalena D’Onofrio, Adrián Gale, Amadeo Gravino, Luis Iadarola, Enrique Pagani, Olga Reni, Ricardo Rubio, Beatriz Schaefer Peña.

Arte de contratapa: Juan Carlos López.

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EDITORIAL de este número:

http://epanadiplosis.wordpress.com/2011/08/07/umbral-por-carlos-enrique-berbeglia/