HAI, de Long-Ohni

Long-Ohni
11×17, 96 pag.

Poesía haiku (2010).

Long-Ohni

Long-Ohni

COMENTARIO de Boris Frontera

¿Se puede hacer haiku en un idioma que no sea el japonés y escribirlos al margen del ideograma y de sus complementos, cuando, como sabemos, ellos abarcan tanto elementos poéticos como visuales? Y, en un orden más habitual a nuestras discusiones, pueden legítimamente existir fueran del marco de religiosidad, sabiduría e iluminación que le prestarían ciertas escuelas budistas? Hay quienes creen que sí y no por mero diletantismo, sino porque el estudio y la frecuentación de lo oriental los ha convencido de que esa actividad es valedera también para expresar, en claves nuestras, los sentimientos que impulsan esa forma lírica en el otro extremo del mundo.

Long-Ohni es una de esas personas. Los hace, además, con visible adhesión a la normativa clásica, revestida de impersonalidad y obediente a pautas de dilución en la naturaleza, actitudes que siendo japoneses son asimismo humanas. Es una magnífica poeta y esa pátina oriental sin violencias anima una voz reconocible y cuidada, necesariamente occidental, pero a la vez dócil al ilustre magisterio invocado. Por cierto, hay introspección y clara noción de ser, pero no apasionamiento vacuo ni romanticismo exaltado: “Arde la hoguera / y es la última ofrenda / del árbol viejo”, dice. O morosamente reflexiona: “Retorna el día. / Y aunque siempre lo ha hecho, / hoy es distinto.” Difiere su índole de la de Basho y su  peregrinación no es la de un monje; más bien cabe filiarla al andariego Issa o al irónico Shiki: “Sobre el tejado / la veleta hacia el Norte / y yo sin rumbo.”

Boris Frontera