CONSIDERANDO EN FRÍO: EN LA TIERRA DE NADIE, por Rubén Balseiro

EN LA TIERRA DE NADIE

(Reflexiones sobre poesía, sociedad y comunicación)

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“El hombre no es otra cosa que lo que él se hace”

Jean Paul Sartre

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En la tierra de nadie, de Rubén Balseiro

En la tierra de nadie, de Rubén Balseiro

Adentrarnos en el universo de la poesía es adentrarnos en los territorios profundos del hombre. En esos espacios donde lo esencial aflora como manifestación más genuina del ser. Podemos decir que el hombre es “El ser que se busca”. Ahora bien, ¿Qué es esta búsqueda? Sin duda es la búsqueda de sí mismo, de su lugar en el mundo, de su origen, de su fin, pero es ante todo una búsqueda peligrosa ya que implica la incertidumbre del hallazgo. Veamos, en mi búsqueda ¿Me encontraré al final del camino? Y en caso de encontrarme ¿Encontraré aquello que esperaba encontrar? Es en este recorrido donde Sartre instala la angustia diciendo:

“La angustia es el ser uno su propio ser en el modo de no serlo”

Lo primero que podemos pensar es precisamente nuestra posibilidad de pensar. Pero, ¿Cómo nos pensamos? o mejor aún, cuando pensamos, ¿Cómo se constituye nuestro pensamiento?

El punto de partida del pensamiento es la palabra, el hombre piensa a través de la palabra, o para ser más preciso, del lenguaje. El lenguaje está, no es una herramienta que el hombre utiliza, es el hombre mismo. De allí que Octavio Paz escriba:

“El lenguaje es una condición de la existencia del hombre y no un objeto, un organismo o un sistema convencional de signos que podamos aceptar o desechar”

Dios es un punto crucial en el entendimiento del destino humano. Desde las religiones más antiguas a la actualidad el hombre ha tratado de explicar en lo sobrehumano aquello que humanamente no podía explicar.

Nietzsche en cambio postula “la muerte de Dios”, dice en su libro “Así habló Zaratustra”

“¡Será posible! Este viejo santo en su bosque no ha oído todavía nada de que Dios ha muerto”

La muerte de Dios no es un tema menor, el propio Descartes tiene que recurrir a Dios para sostener su teoría. La famosa “Tabula rasa” no es tal y el racionalismo de Descartes descansa en un concepto a priori, no cuestionado, la existencia de Dios. Por su parte, la ausencia de Dios se traduce como la ausencia de toda verdad absoluta. Esto deja al hombre en un desamparo y también en una potencialidad que lleva a Nietzsche a decir:

“El hombre es el embrión del hombre del porvenir”

Sartre plantea claramente ese desamparo:

“El hombre no es otra cosa que lo que él se hace” 

Rubén Balseiro

Rubén Balseiro

 

En resumen; somos el ser que trata de entender quién es, qué lugar ocupa en el mundo, de dónde viene, a dónde va. Si aceptamos el determinismo, hay un trascendente, Dios, que es fuente y fin de la busca y en cierta forma agota en sí el porvenir. Si ese trascendente no existe, cada uno es el constructor de su ser, enfrentado a la incertidumbre del futuro. Nuevamente Sartre es claro al expresar:

“Soy eso que no sé si seré en tanto posibilidad, por eso soy angustia”

¿Cómo enfrenta el hombre esta angustia?. Por un lado, intenta buscarse a sí mismo e intenta entender su lugar en un mundo muchas veces extraño a través de la teorización filosófica. Pero como vimos, la filosofía no es la única forma,   la religión es otra.

La religión nos ofrece una explicación absoluta, no dejando puerta abierta a posible incógnita ya que Dios provee lo necesario para que el hombre logre resarcir sus frustraciones. Esta suerte de acción protectora es expresada por Freud de la siguiente forma:

“El hombre común no puede representarse a la providencia sino en la persona de un padre de grandiosa envergadura. Sólo un padre así puede conocer las necesidades de su criatura, estremecerse con sus suplicas, aplacarse ante los signos de su arrepentimiento”

Como vemos, la religión aparece como un paliativo que no resuelve el problema sino que lo acota. La angustia se reduce ya que siempre hay un por qué de orden superior que justifica lo acontecido. El pensamiento de Freud al respecto está muy bien clarificado, en un aforismo que el mismo Freud incluye en “El malestar en la cultura” y que dice:

Quien posea ciencia y arte

también tiene religión.

Quien no posea una ni otra;

pues que tenga religión.

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Por eso Freud continúa:

“Todo esto es tan evidentemente infantil, tan ajeno a toda realidad efectiva que quien profese un credo humanista se dolerá pensando que la mayoría de los mortales nunca podrán elevarse por encima de esta concepción de vida”

Ahora bien, la filosofía y conjuntamente la ciencia, no ofrecen una respuesta final;

nos apartan de las certezas divinas pero nos dejan en una perpetua incertidumbre, en un

vacío existencial, para muchos, difícil de resistir.

Sin embargo hay una tercera opción que ha desarrollado el hombre, no para explicarse su origen o su fin pero sí para relacionarse consigo mismo y con los otros hombres, me refiero al “Arte”.

El hombre ha buscado trascender su yo a través de manifestaciones artísticas como la música, la pintura, la escultura, la literatura en general y la poesía en particular (ya que es lo que nos ocupa en estas páginas) y llegar a lo esencial de sí mismo y de los demás hombres.

Como vemos, la poesía es acaso un intento de encuentro, de encuentro con uno mismo, pero también, de encuentro con el otro hombre, con la sociedad a la que pertenecemos y que nos identifica. Por eso toda poesía es una búsqueda de identidad, es uno de los modos de profundizar en el saber de los pueblos y en su acontecer, ya que es el modo de acercamiento más íntimo entre los hombres; acercamiento a esas fibras esenciales que sólo trascienden en esos momentos claves en que la poesía viene a visitarnos.

Las páginas que siguen intentan acercarse al acontecer poético de nuestro país, tratando de ver la interacción entre poesía, sociedad y comunicación. Buscan mostrar, acaso, que la poesía, más allá del alejamiento del lector no ha muerto, está vigente, palpita, trata, a veces con más éxito a veces con menos, de llegar a la gente, de cumplir ese rol primordial en el desarrollo de la humanidad.

Vivimos un mundo convulsionado, veloz, donde la sociedad de consumo estableció sus paradigmas, pragmáticos y utilitarios y es contra esos paradigmas que la poesía a través de la tarea de los poetas lucha, trata de mostrarse, trata de llegar a ese lector ocupado en otra cosa.

El hombre, ya no está en la búsqueda de sí, sino en la búsqueda de lo que una sociedad centrada en el consumo establece, debemos replantear nuestro camino y acaso la poesía es una de las formas de hacerlo.

¿Cómo llegar? ¿Cómo hacer para que un público más amplio acceda a la palabra poética y que ésta no sea simplemente un acontecer entre poetas?

Esas son las preguntas que guiaron las páginas siguientes. No pretendo respuestas definitivas, descreo de las respuestas definitivas, sólo propongo un acercamiento a modo de reflexión, un pantallazo que nos sirva como punto de partida para interpretar el rol de la poesía en nuestra sociedad y acaso mejorar así nuestra comunicación y la interacción entre los hombres.

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PRIMERA ENTREGA

Introducción a: EN LA TIERRA DE NADIE (Reflexiones sobre poesía, sociedad y comunicación), de Rubén Balseiro; Buenos Aires, Editorial Vinciguerra, 2013.


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