EL REINO DE LAS PALABRAS, por Rubén Balseiro

Rubén Balseiro

Rubén Balseiro

EL REINO DE LAS PALABRAS

“El silencio de la epifanía”
Santiago Kovadloff.

 El ser, dice Sartre, “Es lo que es” es paradójico que lo que plantea el más importante representante del existencialismo ateo francés esté tan ligado al pensamiento religioso. En el antiguo testamento, Dios se presenta ante Moisés diciendo “Soy el que soy”. Dicho de otro modo, el ser sólo puede ser presentado desde su propia pronunciación.
Ahora bien, San Agustín decía refiriéndose al tiempo:

“Si no me preguntan por el tiempo, sé qué es, pero si me lo preguntan no sé como explicarlo”.

Acaso con la poesía acontezca algo similar; hay una intuición de la poesía, se vive su presencia, pero es difícil, sino imposible definirla. Igual que con el ser Sartriano, o el ser Divino, el ser de la poesía es inexplicable, “es lo que es”.

Rudolf Otto

Rudolf Otto

Rudolf Otto, en su libro “Lo santo” hace referencia a la presencia “Numínica o Numinosa” (sagrada) y escribe:         

“Lo numinoso, no se puede definir en sentido estricto, como ocurre con todo elemento simple, con todo dato primario, sólo cabe dilucidarlo”.

Quizás para “entender” la poesía será necesario remontarnos a cierta presencia que nos trasciende. Tal vez por eso desde la antigüedad la presencia poética y la artística en general, se vinculó con la “deidad”, “la inspiración”, la “Musa”. La Ilíada comienza:

“Canta o Diosa, la cólera del Pélida Aquileo…”

Como si la palabra poética proviniera de la deidad y el poeta fuese un intermediario entre ella y los hombres. Más de 2700 años después; Charles Baudelaire escribe en su poema “La Musa enferma”:

Charles Baudelaire

Charles Baudelaire

Mi pobre musa, ¡Ay! ¿Qué tienes este día?
Pueblan tus vacuos ojos las visiones nocturnas
y alternándose veo reflejarse en tu tez
la locura y el pánico, fríos y taciturnos.

Mostrándonos de algún modo la persistencia en esta idea de algo trascendente como origen de la palabra poética. Para acercarnos entonces a la relación entre poesía y comunicación habrá que remontarse un tanto en el entendimiento de la palabra poética y para ello será necesario partir de un acercamiento a algunas de las problemáticas del lenguaje en general. Michel Foucault, escribe que el lenguaje en las culturas indo-europeas ha hecho nacer dos clases de sospechas:

“Ante todo la sospecha de que el lenguaje no dice exactamente lo que dice. El sentido que se atrapa y que es inmediatamente manifiesto no es, quizás, en realidad, sino un sentido menor, que protege, encierra y, a pesar de todo, transmite otro sentido: siendo este sentido a la vez más fuerte y el sentido ‘por debajo’…”

Evidentemente no podemos quedarnos con lo que el lenguaje nos manifiesta como primera aproximación; desde hace años los filósofos ya no piensan el lenguaje como una relación entre un significado y un referente. Ya Saussure había distinguido entre un significante y un significado y sostenía que este significante no se asociaba a un referente externo, es decir la cosa en sí, sino a otro significante dado por una definición aceptada en el sistema de la lengua hablante, es decir, aceptada dentro de un marco cultural determinado. (1)

Alejandra Pizarnik

Alejandra Pizarnik

Ahora bien, si hablamos de lenguaje poético vemos que la relaciones entre significado y referente pueden estar mucho más disociadas aún, haciendo muchas veces la lectura de difícil acceso. Leemos en El infierno musical de Alejandra Pizarnik :

Golpean con soles
Nada se acopla con nada aquí
Y de tanto animal muerto en el cementerio de huesos
filosos de mi memoria
Y de tantas monjas como cuervos que se precipitan a
hurgar entre mis piernas
La cantidad de fragmentos me desgarra
Impuro diálogo
Un proyectarse desesperado de la materia verbal
Liberada a sí misma
Naufragando en sí misma

Es difícil abordar el texto si lo que buscamos es un análisis lógico del contenido de
las palabras, si lo que buscamos es “comprender” el mensaje primero que las palabras transmiten. El poema tendrá tantas lecturas posibles como lectores lo aborden.
Dicho de otro modo, el lenguaje poético encierra variados significados; cada “Yo” se completa en el “Tú” y sólo de esta conjunción, de este punto del “entre” surgirá el significado de las cosas.
Cada obra será la resultante de una persona (el poeta) y este poeta estará inmerso en su connotación histórica y social; por otra parte cada lector tendrá una recepción distinta de la obra, ya que también estará inmerso en su connotación histórica y social, multiplicando y diversificando así las significaciones y haciendo consecuentemente de una obra de arte algo infinito.
Edgar Bayley al referirse al “Invencionismo” escribe:

Edgar Bayley

Edgar Bayley

“Un poema debe constituir un hecho. Vivir el poema como un acontecimiento de nuestra vida mental y no como una representación en la que somos meros espectadores”.

Un poema del mismo Bayley ilustra sobradamente lo dicho:

Un hombre trepa las paredes y sube al cielo

Colgado de una soga
el hombre que escala las paredes
tiene fuertes zapatones con clavos
Escala las paredes
porque ha olvidado las llaves de su casa
y mientras escala las paredes
hasta llegar al piso trece
se detiene algunos momentos
en los balcones de cada piso
donde aspira el olor de los geranios
las madreselvas
las hortensias
y los malvones
Hay sol
gallardetes
vendedores ambulantes
y más allá está el río
y más allá los puentes
por donde se va a la pampa
Abajo están los niños
que salen de las escuelas
y por el cielo pasan aviones y pájaros
y sombreros de anchas alas
que el viento arrancó a los desprevenidos
La soga ha sido atada a la viga
que sobresale en la azotea
Un hombre la ciñó a su cintura
y asciende tomándose de la soga
con sus manos enguantadas
Usa un chaleco floreado y una gorra a cuadros
Debe llegar al piso trece
donde tiene que regar unos claveles
pisar maíz
escribir unas cartas
y preparar una cazuela
Sube lentamente
y en cada piso se detiene un rato para descansar
Entre el balcón de cada piso
y se sienta en un sillón
o se extiende sobre una reposera
y conversa con la vecina o los vecinos
y acepta un café o un mate
o deja caer un chorro de una bota de vino
en su garganta
o juega a las cartas
o escucha confidencias y da consejos
y cuenta algún episodio de su vida
hasta que saluda y se va
y sigue trepando por las paredes
colgado de una soga
Es el hombre tiene fuertes zapatones con clavos
el hombre que escala las paredes
y un chaleco floreado y una gorra a cuadros
que olvidó las llaves de su casa
y aspira el olor de los geranios
y debe llegar al piso trece
antes de que aparezcan los búhos
y se iluminen las ventanas
Están los pájaros y el río allá lejos
y el césped del parque
y los caballos que galopan por la llanura
y esta silla desvencijada
y la bañera
fuera de uso
llena de tierra y de flores
y el mar y el navío que se acerca
y la lagartija que se escurre entre las rocas
y el vendedor de diarios que desde abajo
le grita consejos y advertencias
mientras el hombre vuela
asciende
conquista cada piso con esfuerzo
y mira siempre hacia arriba
la tierra está lejos
el cielo está lejos
El hombre que trepa por las paredes
colgado de una soga
cuando entra en una casa por el balcón
es bien recibido por los vecinos
y él trata de ser útil
pero en uno de los pisos
una mujer inesperada
que es una sola
y al mismo tiempo
todas las mujeres de su vida
le pide que la lleve con él
Entonces ella se ata también con la soga
y sube con el hombre
más allá del piso trece
hacia las nubes
al aire libre
al cielo
al viento
entre los geranios
las sombrillas las reposeras
sobre puentes y puestos de diarios
y mástiles
y enredaderas
y algunas gotas
y semillas
y sueños
con su gorra a cuadros
con su chaleco floreado
con su enamorada de siempre

Igual que en el poema de Pizarnik, al leer el texto de Bayley no podemos pensarlo sólo desde la aplicación lógica, ni tampoco como la descripción de una realidad objetiva fuera de sí, sino, por el contrario, como una realidad en sí misma.
Sería absurdo preguntarnos ¿Cómo hizo el hombre para colgar una soga de la viga que sobresale de la terraza? ¿Por qué el hombre en lugar de trepar por las paredes no llamó al portero? o ¿Por qué no fue en busca de un cerrajero?

Michel Foucault

Michel Foucault

La segunda sospecha de Foucault se manifiesta así:

“…por otra parte el lenguaje hace nacer esa otra sospecha: que el lenguaje desborda, de alguna manera, su forma propiamente verbal, y que hay muchas otras cosas que hablan y que no son lenguaje. Ante todo podemos decir que la naturaleza, el mar, el murmullo de los árboles, los animales, los rostros, las máscaras, los cuchillos en cruz, hablan…”

El poema no está ajeno a lo expuesto; si bien siempre se expresa a través de la palabra, basta pensar en la forma del Haiku para ver como esos símbolos que el filosofo francés manifiesta aparecen casi como “gesto”, como una sensación, una imagen pero que excede la fotografía de un afuera y se fusiona con la interioridad del poeta y del lector.
Escribe Matsuo Basho:

Matsuo Basho

Matsuo Basho

El viejo estanque
se zambulle una rana
ruido de agua

O cuando Carlos Spinedi dice:

Carlos Spinedi

Carlos Spinedi

En la tetera
de porcelana azul
brulle otra vez el sol

Ahora bien, por lo expuesto hasta aquí, vemos que el eje de la problemática se centra en el lector, o mejor dicho, en la interpretación que realiza este lector, de allí que algunos pensadores hablen de la “muerte del autor” Sin embargo, la palabra interpretación también debe pensarse, ya que, como vimos, cuando interpretamos no interpretamos más que interpretaciones; esto es, toda interpretación es la interpretación de  una interpretación porque la significación  de los términos no remite a una relación a un referente sino a otros términos. Tal vez por eso Heidegger se permitió decir:

“El hombre habita el mundo a la manera de un poeta..”

Susan Sontag

Susan Sontag

Cierta vez Susan Sontag propuso:

“La liquidación de toda estrategia interpretativa en función de una descripción gozosa y amorosa de la obra”

Esto parecería contradecir el contenido de las líneas ya escritas y de las futuras que hacen a este trabajo, sin embargo no es así, ya que no pretendo una interpretación de los textos que aquí se presentan, sino un acercamiento a entender la relación entre la poesía y la sociedad en la que vivimos. Sin embargo ¿Es esto que acabo de escribir aceptable? O dicho de otro modo, aunque no pretenda interpretar, ¿no estoy interpretando? O acaso la relación entre poesía y sociedad a la que hago referencia ¿Es algo más que lo que mi visión (interpretación) me muestra? Obviamente, más allá de estar totalmente de acuerdo con Sotang en una lectura gozosa de la obra, es innegable que la carga interpretativa existe y no podemos hacer “borrón y cuenta nueva”; nuestra sociedad, en suma, es un cúmulo de interpretaciones que  de una u otra forma constituyen el piso cultural sobre el que nos paramos, es decir, nuestro mundo.
¿Cómo dejar de lado, entonces las interpretaciones? ¿Hay alguna posibilidad? La interpretación está, es la forma en que vemos las cosas, ya que el lenguaje en sí mismo, no es más que un juego de interpretaciones, aunque esto no niega que podamos detenernos en un texto poético y disfrutar del mismo. Pero, ¿a dónde nos lleva el poema? Si, como vimos, el lenguaje poético al decir de Kovadloff, es una forma de contrarrestar el “Silencio de la oclusión”, ya que hablamos de un lenguaje no alienado, completo de contenido y significación, frente a un lenguaje vacío que sólo propone la interpretación primera de las palabras y de algún modo el vacío del lenguaje; vemos, siguiendo al mismo autor, que culmina en el “Silencio de la epifanía” (2) en una instancia donde la palabra cede su espacio a un significado pleno, pero particularmente personal de cada lector y entonces la espiritualidad, la magia, la sensación estética, la poesía, se apodera de nosotros.
Ya no estamos frente a un lenguaje, estamos frente a una manifestación de orden trascendente que nos arroba, frente a una nueva forma de silencio, acaso frente a esa sensación de lo “Numínoso” a la que hacíamos referencia cuando citábamos a Rudolf Otto.
Llegado a este punto, tengo forzosamente que hacer otra pregunta; ¿Es el poema una forma de comunicación?
Podría decir que sí, en tanto se piense la comunicación en un sentido laxo. Pero si el poema es comunicación, esto implica la existencia de por lo menos dos partes, un emisor, el que habla/escribe y un receptor, el que escucha/lee y esto no alcanzará, será preciso que el que escucha/lee reelabore lo escuchado o leído y reconstruya su propio poema, sólo así el circulo completará su forma; siendo entonces un poema tantos poemas como lectores tenga. Sin embargo, a diferencia del músico, cuyas notas musicales pueden o no ser entendidas por el que escucha, y éste, sin embargo, disfrutará o no de lo escuchado; el instrumento del poeta es la palabra, cada vez que el poeta escribe o pronuncia una palabra,   esta determina un significado en el lector/oyente y cuando, más allá de lo dicho, hay un distanciamiento entre significante y significado, aparece la descolocación del lector, el no entender, el abandono del texto. ¿A qué se debe esto? Veamos; la sociedad en la que vivimos ha impuesto un lenguaje alienado y todo lo que escapa a esta alienación, (que paradójicamente es tomada como el estado “normal” del hombre) es vivido como extraño; aquello que no puedo entender a simple vista lo desestimo, aquello que no encuadra dentro de un proceso lógico no es real, aquello que me obliga a salir de mi estado de confort, simplista y vacío y requiere de cierto esfuerzo para asimilarlo lo desecho. Un poema de Horacio Castillo nos da un ejemplo preciso de lo expuesto:

Horacio Castillo

Horacio Castillo

La ciudad del sol

Expulsados de la ciudad bajo el cargo de fabuladores
vamos de un lado a otro, durmiendo ya en cuevas
ya a la intemperie y alimentándonos de hierbas y raices
o con la miel de algún panal hallado fortuitamente.
Han venido con nosotros las mujeres y los niños,
y cuando nos reunimos bajo el fuego del atardecer,
sus ojos se vuelven una y otra vez hacia las murallas;
después de todo, allí pasamos parte de nuestra vida.
Pero lo exigía la razón. ¿Cómo podían soportar
que llamáramos a la piedra río, al árbol estrella?
¿Cómo podían soportar que llamáramos al pájaro magnólia?
Lo exigía la razón. Y ahora, desde aquí,
vemos con tristeza las anchas puertas de bronce,
las altísimas torres doradas por el sol;
y cuando entran o salen las caravanas
los mercaderes describen las mesas y vasos de oro,
los magníficos altares cubiertos de ofrendas,
las armas que colman todos los recintos
y que en el próximo milenio, dicen, incendiaran el cielo.
Lo exigía la razón. Y ahora como una horda,
vamos de un lado al otro balbuceando nuestra lengua,
hablando el dialecto de una ciudad perdida
que ya nadie comprende. ¿Cómo podían soportar
que llamáramos al fuego pez, al agua paloma?
¿Cómo podrían soportar que llamáramos a la rosa destino?
ellos, los que creen que las bellotas son bellotas.

Como vemos la necesidad del ser humano de poder entender racionalmente el lenguaje lo aleja del lenguaje poético. Es preciso, para acercarnos a la poesía, aceptar que no todo tiene que ser lógico, no todo tiene que ser racional, ni entendible por las reglas que esta sociedad impone. La expresión artística quiebra el significado primero de las palabras y escapa de la simple apreciación intelectual (de ser sólo intelectual, transformaríamos al poema en un teorema) pero también escapa de la simple apreciación emocional (de ser sólo emocional, transformaríamos al poema en pura sensiblería) el arte es la expresión del ser “entero” de Buber, es el medio por el cual el ser entero se expresa. Entiéndase bien, no quiero decir con esto que la poesía debe asumir una forma llana y de simple acceso a todo el mundo. Creo que la poesía debe tener la complejidad que su autor determine, en tanto esa complejidad sea el resultado de un proceso creativo genuino y no la búsqueda de la dificultad por la dificultad misma.

Recordemos aquellas contundentes líneas de Mario Trejo:

Mario Trejo

Mario Trejo

Que el pan sea pan y el mar el mar.
Basta de conjeturas,
murciélagos lunares
o roedores de orquídeas.
Toda palabra tiene precio.

.

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1- El vocablo “árbol” tiene una significación en la lengua española pero su sentido cambia cuando hablamos del “árbol genealógico”. El sentido, en fin, se modifica de acuerdo con el sintagma o con la sucesión discursiva. […] Aún cuando un significante se mantenga aislado (en una página, digamos), su significación depende de la relación paradigmática que mantiene con otros significantes del sistema lingüístico (y no con la cosa a la cual se refiere)”- Dardo Scavino “La filosofía actual”.

2 – “Pero hay además, decía yo,  otro silencio. Un segundo silencio. Es aquel al que arriba el poema; el silencio donde desemboca. […] Es ahora el silencio de la significación excedida que, con su irreductible complejidad, desvela y fuerza a la vigilia sin pausa del entendimiento […] Es pues, a causa de su intensa función reveladora que propongo llamar a esta modalidad del silencio, silencio de la epifanía.” – Santiago Kovadloff. “El silencio primordial”, Emecé Editores (1996).


Las VENTANAS de Alfredo Jorge Maxit

VENTANA A LA POESÍA

                                                                                                                             Por Alfredo Maxit

 

PROSA Y POESÍA

Las cosas no son tan simples como parecen. Hasta una flor es compleja; no por nada pasaron millones de años -¿recuerdan a García Márquez?- para fabricar una rosa sin otro compromiso que el de ser hermosa. Por eso, esa oposición que también tiene acercamientos, como el del poema en prosa, no se resuelve como lo hacía tan campantemente aquel maestro de Filosofía (de Literatura diríamos ahora) de una obra cómica de Moliere: Todo lo que no es verso es prosa.

Un abuelo se encontró un día con la pregunta formulada por su nieta de casi 5 años: ¿Cuándo es cuento (prosa)? ¿Cuándo es poesía? Entonces el abuelo recurrió a dos imágenes: cuando las palabras siguen, siguen, es cuento (prosa); cuando cortan, cortan, es poesía.

Quizás ignorándolo, el abuelo así simplificaba aquella distinción del poeta francés Valéry, quien consideraba que la diferencia entre la prosa y la poesía es como la que separa a la marcha o paso normal, de la danza.

Raúl Dorra

En el primer caso (sigo aquí un texto de Raúl Dorra al respecto) se persigue un fin puramente práctico, el cual se agota en cuanto el individuo llega a su destino, y en el segundo, en el caso de la danza, el cuerpo se mueve en el espacio sin finalidad alguna o mejor dicho teniendo como finalidad el placer del movimiento. Análogamente, siempre según Valéry, en la utilización prosaica del lenguaje el mensaje se agota en cuanto es comprendido por su destinatario, mientras en la construcción poética el mensaje perdura pues se constituye como una arquitectura de ritmos y cantidades que se sostienen unos a otras.

“La poesía es un arte del lenguaje –dice Valéry-.

El lenguaje, sin embargo, es una creación práctica”.

Procuro otras precisiones. El ritmo de la prosa en general es el que más se acerca a la regularidad rítmica natural. Además, el lenguaje de la prosa literaria (el del cuento de la nieta) no es utilitario. Su finalidad es también estética. Pero, incluso cuando se trata de la prosa poética, su principio constructivo (tendencia a la combinación), repetición rítmica que va hacia adelante (sigue, sigue), se distingue de la tendencia de la repetición de la poesía en verso: (corta, corta).

Cada lector bien podría reiterar (colocando la edad correspondiente) la exclamación del burgués gentilhombre de Moliere:

¡Tantos años hablando en prosa sin saberlo!

Alfredo Jorge Maxit

Alfredo Jorge Maxit

 

 

 

 

PREMIO LUIS FRANCO A CARLOS PENELAS

Carlos Penelas recibió en Catamarca el Premio Luis Franco por su trayectoria como poeta y difusor de la obra de Luis Franco.

Penelas dijo, entre otras cosas, que “agradecía profundamente éste premio, que junto con el que había recibido en el Profesorado en Letras Mariano Acosta, el Premio Arturo Marasso que se entregó una sola vez y lo había compartido con Julio Cortázar, era el premio que quedará para siempre en mi memoria. Por el amor a la poesía, a la libertad, a la cultura. Y por lo que representó Luis Franco en mi formación ética e intelectual.”

El acto se realizó en la Casa Caravati, y recibieron premios personalidades de la cultura catamarqueña, el plástico tucumano Enrique Salvatierra, la diseñadora Manuela Rasjido y Maria Kodama, por su labor en difusora y protectora de la obra de Jorge Luis Borges.

Se pondero el trabajo de Hugo Diamante, presidente de la Fundación Luis Franco por su capacidad de trabajo, su amplitud de criterio y el esfuerzo permanente por difundir  lo mejor de la cultura de Catamarca y del país en Catamarca.

Luego, Penelas dio una clase abierta en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Catamarca, en donde se refirió a su obra poética, y a la de Luis Franco.

VENTANA A LA POESÍA, por ALFREDO MAXIT

Tercetos de Ricardo Rubio

Tercetos de Ricardo Rubio

TERCINAS, DE RICARDO RUBIO

El autor nació en Buenos Aires y ha publicado poesía, narrativa, ensayo y teatro en una treintena de libros. En su “Nota preliminar” –una bellísima página sobre la obra y sus instantes creativos- Rubio nos aclara que las “tercinas” son “tercetos asimétricos, hasta ayer dispersos” que ha resuelto reunir en un libro de poesía brevísima. Y reflexiona, dirigiéndose al lector:

“Admito la sensación de agobio que puede provocar una lectura interrumpida de más de una docena de estas tercinas de variada índole y tono fugaz, que en algunos casos puede invitar a la recapitulación, pero me expía muy personalmente la emoción de su hechura. A modo de susurro, puedo confesar que estas entradas a lo perplejo, aun con el dramatismo que acentuó cada instante, son acompañadas ahora con un raro contento.”

Ricardo Rubio

Ricardo Rubio

 

Siguiendo las palabras del autor, les transcribo -en esta primera nota- 12 tercinas, 2 o 3 de cada una de las partes –Área de luz, Teopea, La palabra, Sol mayor y Nos otros- en las que las ha agrupado su autor.

.

Mañana

Otro día

en el que lucharé

para seguir siendo el mismo.

.

Prórroga

Hoy

no pude morir

ni ser perfecto.

 

Sendero

Todos los pasos

me llevan

al interior de mi casa.

.

De la fugacidad

Sitiado entre segundos de arena,

el tiempo

es una sustancia que arde.

.

De lo bueno

Cada día caminamos

el resto de la tarde

por primera vez.

.

Torpeza

Muchas veces

la garganta cierra las vocales

y abre la desdicha.

.

Poesía

La magia existe:

la razón

nos ha mentido.

.

Piel

¿Qué más

puede dar un mortal

por un puñado de estrellas?

.

Cosmos

Vine a vivir

y no tengo tiempo

más que para nombrarte.

.

Amor

Es un misterio

la sed,

se tiene y basta.

.

Cacería

Ajusto las ideas

y salgo hacia la noche

para enfrentar el miedo.

.

De la política

Se echa agua

a los vidrios.

para lavar el mundo.

.

Si vuelven hacia el fragmento de la nota preliminar, encontrarán que Rubio ha anticipado el tema general de su poemario: “estas entradas a lo perplejo”.

Cada parte, además, lleva un texto orientador:

Casi todo/ tiene gusto a respirar. Me aturde la sombra/ o la idea de lo quieto. Vuelo/ para no caminar. Alguna mujer/ que es todas. Hice una ciudad/ para tener propósito.

Apuesto a que más de un poema provocará en cada lector sus propias rumias.

Alfredo Jorge Maxit

Alfredo Jorge Maxit

JUAN L. ORTIZ por GRACIELA WENCELBLAT (†2013)

Juanele Ortiz

Juanele Ortiz

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Juan Laurentino Ortiz -conocido familiarmente como Juanele- nació el 11 de junio de 1896 en Puerto Ruiz cerca de Gualeguay  y murió el 2 de septiembre de 1978.
¿Qué es vivir poéticamente? ¿Es posible la conjunción de vida y obra?
Juanele delgada figura, su andar como entre flores, su levedad y frescura que le conferían al rostro la dulzura e inocencia primordial sentía la creación como una totalidad desvalida. Era capaz de dolerse por la más insignificante de las criaturas.
Hermandad que se ve ya en su primer libro “El agua y la noche“:
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He sido, tal vez, una rama de árbol
una sombra de pájaro,
el reflejo de un río.
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Juanele no declama, no exhorta, él es su propio discurso vivo y celebrante.
En una entrevista concedida en 1973 ratifica esta actitud : “El poeta tiene una responsabilidad y su vida debe ser una respuesta; tiene que ser auténtico como él pretende que sea su poesía, que responda a lo que él siente más profundamente  y quiere para los demás. Poesía y vida deben unirse a través de algo que esté operando y de lo que se es responsable”.
Para Ortiz la poesía es presente, se vive -como diría Borges- en la eternidad del presente, en la felicidad de esa posesión del paisaje:
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Señor, esta mañana tengo
los párpados frescos como hojas
las pupilas tan limpias como de agua,
un cristal en la voz como de pájaro,
la piel toda mojada de rocío,
y en las venas,
en vez de sangre,
una dulce corriente vegetal.
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Este presente no es intemporal, retiene lo perenne y lo jubilosamente  mutable pero hay como hubo en la vida de juanele un fuerte compromiso ético hacia el hombre y sus circunstancias históricas:
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El mediodía es dulce como el sol.
Sol de jardín tan suave hasta las 3,
Pero los fantasmas ensangrentados de los pueblos
Que se levantan  de los diarios…
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En el aura del sauce, de Juan L. Ortiz

En el aura del sauce, de Juan L. Ortiz

Hay una cuestión central en la obra de Ortiz: durante toda su vida escribió un solo libro En el aura del sauce, compuesto por trece poemarios escritos durante cuarenta y seis años (1924-1970).
A través de toda su obra hay un sentido de vitalidad, existencialidad, libertad y amor.  Es el artista quien entrelaza lo sublime con lo cercano con la naturaleza la hormiguita que lleva su carga el agua que susurra el campo que llora con el rocío mañanero. Ortiz pretende hacer descubrir en lo pequeño aquello de grande y trascendente que contiene, sin lo cual no habría sólido sentido en el mundo del hombre.
Era dueño de una formación literaria envidiable. Rilke, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Mallarmé, Pound, Eliot, Maeterlinck, Tolstoi, entre una lista interminable de autores, fueron sus inseparables compañeros junto al sereno transcurrir del río Gualeguay. No obstante, o precisamente por ello, su primer libro “El agua y la noche”, selección de poemas manuscritos, apareció recién en 1933, gracias a la insistencia de Córdoba Iturburu, César Tiempo y, especialmente, de su gran amigo Carlos Mastronardi. El diálogo con Mastronardi le permitió profundizar la música ir venciendo la timidez y el descreimiento de sus propios versos.
Estas vacilaciones y demora en publicar constituyen la ceremonia preparatoria de una poética que se abrirá después al mundo en una mirada piadosa y cósmica. Porque Juanele fue poeta  antes de llegar a la palabra, vivía en un estado de gracia contemplativo ,con la distracción del embeleso volcado a advertir los secretos de la naturaleza.
Hay en Ortiz influencia de doctrinas religiosas orientales como el taoísmo, inclinación por poetas chinos maestros japoneses del haiku, el zen.
En la obra orticiana hay un principio similar al tao pero a diferencia de éste no acepta la inmovilidad  ,admite la moral humana es capaz de abrazar una ideología política en la persecución de esa armonía musical en la que flotaremos al llegar al límite de nuestra experiencia humana.
“Yo no creo que uno pueda ser feliz y pasar el límite-es decir  morir-, sin haber encarnado una cierta unidad” dijo en una oportunidad y nos invitó a ser fieles a nuestra conciencia y no renunciar a nuestras realizaciones más puras :
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Para que las cosas no sean mercancías
Y se abra como una flor toda la belleza del hombre;
Iremos todos hasta nuestro extremo límite,
Nos perderemos en la hora del don con la sonrisa
Anónima y segura de una simiente en la noche de la tierra.
(De “Para que los hombres” de “La Rama hacia el este”, 1940.
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“The old poet is a tramp” que  sobrevuela  por sobre la disputa o la reconciliación con la intemperie. Estas palabras son de quien sabe y ve.
Dicen y muestran mientras hacen su camino bajo el silencio en la tierra. El poema es un exilio de las palabras. Tiene la lucidez del hombre que se atreve a extraviarse con su escritura en zarpas y sin avidez dibujado casi como con una ramita sobre la arena , con silencio antes que con palabras con huellas antes que con tintas como buscando en la caligrafía la transparencia, una nitidez cuya fuerza no es la condensación sino el expandirse..
Su poesía es un intento de reconciliarse con los vacíos negros, lo indecible,
Las presencias reales, la muerte.
En otras palabras, un elogio de la vida.

Graciela Wencelblat

Graciela Wencelblat (†2013)

LAS COSAS POR SU NOMBRE, por Rubén Balseiro

“… la Biblia junto a un calefón”

Enrique Santos Discépolo

Las características sociales de nuestro país y sobre todo las de la gran ciudad, en este caso, Buenos Aires, no escapan a los estándares globales de otras grandes ciudades del mundo, igual que en otros lugares, aparecen particularidades especiales, asociadas a la idiosincrasia de nuestro pueblo, al desarrollo del mismo, a la visión que tenemos del hombre y del lugar que deberíamos ocupar en el mundo en oposición con el que verdaderamente ocupamos.

La sociedad actual se debate entre creencias que parecen obsoletas o arrumbadas en un placar y mensajes de una clase dirigente que enmascaran una realidad palpable día a día con el sólo hecho de salir a comprar los alimentos necesarios a un supermercado.

Si hay hechos que caracterizan el momento histórico que vivimos, son sin duda la incertidumbre, la poca claridad en la comunicación, la pérdida de los valores que creímos esenciales para el desarrollo de nuestra sociedad.

medios comunicacionHay indudablemente un quiebre en la comunicación; la tecnología, entendiendo por tal, teléfono, televisión, radio, internet, etc. nos permiten estar al tanto de lo que acontece en cualquier lugar del mundo en forma instantánea, sin embargo, el cúmulo de información es apabullante y termina por superponerse una a la otra, así, el secuestro de “A” queda en el olvido por la violación de “B” y ésta a su vez se solapa con el asesinato de “C”. Todo es pasajero, hasta la muerte, la cual al no poder ser reemplazada queda a la espera de otra muerte más “trascendente”. Sólo con encender el televisor veremos (salvo casos puntuales) que se repiten y repiten interminablemente los mismos contenidos, no con el fin de informar, sino para causar sensación, generando así, el rating necesario que, como todos sabemos, se mide minuto a minuto.

Lo expuesto hasta aquí nos lleva al centro de nuestra problemática. Sin duda afrontamos una crisis; el ser humano es pensamiento, el pensamiento es lenguaje y evidentemente, esta crisis se manifiesta como una crisis de lenguaje. No es una crisis casual, nada de lo que acontece en el mundo de las relaciones humanas lo es, responde a condiciones históricas y sociales cuando no a intereses directos de las clases dominantes que apuntalan determinados procesos comunicacionales a fin de sostener su poder.

Como vemos, afrontamos una crisis de lenguaje; esto no significa negar una crisis puntualmente económica que afecta, en mayor o menor medida, a casi todos los hogares argentinos, ni tampoco y asociada a ésta, minimizar una crisis social que hace que miles de niños que deberían estar estudiando, se encuentren recogiendo cartones hasta altas horas de la madrugada, 0 ancianos que en lugar de disfrutar del resultado de todo el esfuerzo de una vida tengan que estar, aún a su edad, trabajando para poder comer diariamente; pero es importante entender que cuando las palabras pierden su significado ya no sabemos que estamos nombrando al nombrar y la comunicación pierde sentido. Así, decimos por ejemplo “obrero” o decimos “sindicato” y ¿En qué pensamos? porque no creo que en nosotros se genere el mismo sentimiento cuando pensamos en aquellas agrupaciones sindicales de obreros que tan magníficamente describe Osvaldo Bayer en “La Patagonia Rebelde” que cuando vemos lo que acontece hoy en día. Tampoco sabemos que estamos diciendo al decir “política” y mucho menos cuando decimos “patria”, bastaría pensar en el Dr. Manuel Belgrano muriendo en la miseria después de haber ofrecido todo, o en su primo Juan José Castelli, despojado por traición y comparar con el “enriquecimiento ilícito” del que son acusados o sospechados muchos de los políticos actuales.

Necesitamos urgentemente reformular los conceptos, la palabra debe retomar su peso porque la comunicación entre los seres humanos está quebrada. Precisamente aquí es donde aparece el conflicto, ya que la desvalorización del significado de las palabras nos puede hacer pensar en forma rápida, simplista y lineal, y creer que “política” es sinónimo de corrupción, o que el termino “sindicato” identifica a una agrupación que se enriquece a costa de los necesitados y no es así, sin duda hay gente cabal que lucha por los valores o ideales con que se formó, pero desgraciadamente esa gente no llega a “re-dibujar” un nombre que fue “des-dibujado” por tantos otros anteriormente.

La palabra ha tomado rumbos inciertos y es hora de reformular nuestro lenguaje para saber que decimos cuando decimos. Vivimos en una Babel donde lo que se dice es interpretado de acuerdo a la conveniencia de cada sector, la televisión corta y descontextualiza el mensaje para ofrecer un punto de conflicto, de discusión y asegurarse la continuidad de una noticia que de por sí, caería rápidamente en el olvido por su propio peso. El show mediático ya no es exclusividad de artistas, vedets o modelos, no están afuera del mismo, políticos y formadores de opinión, transformando cada acontecer en un hecho de liviandad sorprendente.

Todo esto no es nuevo y “…la Biblia junto a un calefón”, metáfora de la que hablara Discépolo como emblema del siglo XX, continúa vigente en el siglo XXI y acaso aumentada, ya que los medios de comunicación son más poderosos, más tecnificados y llegan definitivamente a todos los hogares, haciendo que lo que la opinión pública define como verdad sobre los distintos aconteceres sea simplemente la repetición de explicaciones cosméticas sobre los hechos.Titeres

Ahora bien, ¿Qué es la verdad? Si seguimos el pensamiento de Karl Marx diremos que la verdad es lo que el poder de turno determina como verdad, ya que el poder de turno tiende la potestad de manejar la información que recibe la gente. La nueva pregunta sería ¿Quién ejerce el poder de turno? sin duda los medios de comunicación tienen un peso sustancial transformando en malo lo bueno o viceversa de acuerdo a la conveniencia del momento.

La palabra ha perdido su peso y el discurso es un discurso vacío de contenido, lo que Santiago Kovadloff llamó “El silencio de la oclusión” (1) impera en gran parte de la comunicación actual, haciendo que lo que se dice no genere ningún tipo de sobresalto o modificación sobre el status quo reinante y de este modo asegurarse a través del manejo del pensamiento (o no pensamiento) de las personas la continuidad de determinada coyuntura. Nada va más allá, todo es liviano, nada se pone en jaque ni busca que la gente abra su cabeza a la reflexión. Lo fantástico es el rápido olvido sobre lo dicho, se postulan determinadas ideas que una semana después son reemplazadas por otras totalmente opuestas con una liviandad y frescura envidiables, los rivales acérrimos de toda una vida se asocian para tratar de ganarle a un supuesto rival mayor, hay dichos y contradichos, marchas y contramarchas, piquetes y contrapiquetes, y en el medio usted, nosotros, como si fuésemos marionetas.

Hay que cortar los hilos, sí, hay que cortar los hilos y comenzar a preguntarnos donde empieza el conflicto, no creo para nada que todo sea blanco o negro, sé que hay grises, no pretendo tampoco la utopía de una sociedad ideal a la que, por cierto, nunca llegaremos, pero sí debemos tener abiertos los ojos, los oídos atentos y saber que hay que re-significar lo que se dice, afrontar la crisis, repensar nuestro lenguaje, nombrar a las cosas por su nombre.

Rubén Balseiro

Rubén Balseiro

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1 – “El silencio humano -es sabido-  no se expresa sólo mediante la prescindencia de las palabras también se expresa mediante las palabras de la prescindencia. Las palabras de la prescindencia provienen, usualmente, de la garganta del hábito, del dogma y del prejuicio[…] Ellas sustentan la ilusión de que en lo comprensible se agota el orden de cuando tiene sentido […] Las palabras de la prescindencia llevan a cabo una radical subestimación de lo inefable, empeñadas en reducir a algo objetivo y claro lo que no lo es, la poesía procura sostener en la palabra la inasible presencia de lo incognito. […] En virtud de su función encubridora, propongo llamar a esta modalidad de silencio; el silencio de la oclusión. – Santiago Kovadloff “El silencio primordial” – Emecé Editores (1993).

SIDDHARTHA, de HERMANN HESSE – Por Adriana Salinardi

Siddhartha

Siddhartha

Siddhartha, del multifacético Hermann Hesse, puede ser, para quien posee un espíritu abierto, una mirada metafórica del camino de vida de cada ser humano.

Hermann Karl Hesse, alemán de nacimiento y suizo por elección, nació el 2 de julio de 1877 y murió el 9 de agosto de 1962. Autor de numerosas novelas, poemas y escritos de gran diversidad, también dedicó a la pintura parte de su genial talento artístico. De una mente rica en conocimientos no solo lingüísticos sino también filosóficos y psicoanalíticos, nace un personaje que encarna al hijo del brahmán, sabio, siendo aún muy joven, que a temprana edad decide, porque su ser interior así se lo exige, partir en pos de una búsqueda que no tendrá fin, al menos hasta haber transitado diversos senderos que supone lo llevarían a la iluminación. “Quiero aprender de mí mismo, deseo ser mi discípulo, conocerme, interiorizarme en el misterio de Siddhartha”, dice el protagonista.

Hermann Hesse

Hermann Hesse

Novela rica en imágenes, nos traslada a bosques húmedos y oscuros, con ríos cantarines, proféticos, por los cuales Siddhartha peregrina a lo largo de la vida. “El río se deslizaba suavemente, en silencio, ya que era el tiempo de sequía. Sin embargo, su voz sonaba de manera extraña: ¡Reía!”. Una ciudad donde descubre un mundo distinto y sorpresivo, y una barca que boga serena, impregnándolo de sabiduría y permitiéndole conocer aquello que buscó a lo largo de toda una vida, son también escenarios plenos de oportunidades que lo enriquecerán aún del modo más impensado. “La inteligencia es buena, la paciencia es mejor”. El texto, de ágil lectura, está dispuesto en una sucesión de relatos que no permiten al lector cerrar el libro, acción que equivaldría a despertar abruptamente de un sueño pleno de descubrimientos superadores, con muchos de los cuales coincidirá el sabio que habita el interior de cada persona.

Siddharta es, sin dudas, un sendero de autoconocimiento, exquisito e inteligente, que inevitablemente coloca a quien lo lee frente a la propia realidad reflejada en los anhelos, quizás olvidados o aún no manifiestos, de descubrirse en lo infinito de estar vivo.

Adriana Salinardi

Adriana Salinardi

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