DE PERFILES, VÉRTICES, PLANETAS, CUERPOS, ÁRBOLES Y ESCENARIOS y NUMB, LA ESPERA SOSTENIDA, primer poemario de BEATRIZ PÉREZ SÁNCHEZ

BEATRIZ LA DE JULIANA Y MARIAN (*)

¿Y tú de quien eres? preguntaban los exilados al regresar al pueblo después del genocidio que siguió a la derrota. Y tú decías los motes de padre y madre para que los exiliados orientasen sus sandalias sentimentales hacia una genealogía tan llena de nostalgia como de perplejidad. Coño, tan chico y eres hijo en vez de nieto, no preguntaban sino se decían así mismos tratando de volver a situarse en aquel intríngulis de lejana cercanía que eras tú frente a padre y madre, aunque los abuelos no dejaron de contar. Es que nací muy tarde, dicen padre y madre que me escapé, que ya se había pasado la hora de nacer.
De perfiles, vertices, planetas, cuerpos, árboles y escenarios y Numb, la espera sostenida
No pasa lo mismo con este poemario que tengo vigilado con los párpados del hambre, como sucede con la primera novia, el primer viaje a solas, el primer curso de la uni de una nieta, quizás el primer beso, la primera vez de todas las cosas. Yo sé que Beatriz Pérez Sánchez tiene buena salud literaria porque es de Juliana Mediavilla, la filóloga que destruye distancias con los misiles de la literatura, la madre de Ricardo, la que no presume que sabe sino que sabe. Y también es de Marian Raméntol, que es varias tormentas de expresiones artísticas, pero a quien la literatura le hace expandirse más allá de sí misma siempre, en un boca a boca con otras gentes y otros universos que delatan su apostolado sin segregaciones.
Lo primero que hay que agradecerle a Beatriz Pérez Sánchez a la hora de su primer poemario es que se haya salvado de la abundante tentación de escribirse en vez de escribir, y que lo que hay de ella en los poemas parece llegado de fuera, como una influencia de una dibujante, una retratista, una pedagoga que se mira, se estudia y se dice con un comunal lenguaje lejos del misticismo laico que al final siempre es una trampa que aleja más que acerca.
Por eso la natural consecuencia ante Beatriz Pérez Sánchez es que no abdica de sí misma para quedarse en un mundo de emociones, sino que se adentra más fuera y provoca reflexiones.
Yo soy polígamo, amo la poliandria, y no se me pueden pedir exclusiones porque eso es como renunciar a tantas cosas donde bebemos a diario nuestra hermandad con la esperanza. Pero si tuviera que quedarme en la monotonía de una monogamia y dejar en la cuneta todo lo demás, me quedaría con sus poemas cortos. No hay en ellos una sola coartada, como cuando los surcos de la emigración del campo a la ciudad obligaban a las familias a compartir piso con derecho a cocina, perdiendo intimidad e independencia.
En la fecunda brevedad de las entregas poéticas de Beatriz Pérez Sánchez está el aviso, el telegrama, la punta del iceberg de su independencia. De su intimidad ni hablo, porque un territorio tan sagrado siempre sobra en un poema, y sólo es un recurso llenito de pobreza.
A lo mejor desbarro si, atento lector, parece tremendismo decir que en el primer poemario de Beatriz Pérez Sánchez hay tanta filosofía como sentimiento.
Dicho así, con una rotunda elementalidad, puede parecer que jibarizo una ambición literaria, que minimizo el mundo emocional de donde nació el libro. Y sin embargo la intención es justamente la contraria: proclamar la transversalidad de un libro que sirve para todos porque todos lo escribiríamos al vernos en él.
Evidentemente hay en el libro árboles y trenes insustituibles. Y alguna tarde que se despertó áspera, pero con una seducción imposible de erradicar de la memoria. Y hay también algunos enigmas que este lector tozudo pero imberbe no acierta a descuartizar. Me refiero a la identificación del ritmo, la cadencia, el fantasma de la prosa poética cuyas lindes a veces se organizan o se desorganizan para sustraernos la serenidad de las lagunas, o la difícil identificación de las besanas.
Para un anarquista sentimental como el que firma, esto no tiene importancia. Porque lo que cuenta es andar explorando hacia adelante sin sonambulismos. Un purista, acostumbrado a hermetismos doctrinarios, haría algún reproche.Beatriz Pérez Sánchez
Está muy claro que la asonancia/rima de la página 36, por ejemplo, es una imprescindible provocación: ahí está el poema. Sin embargo algunas asonancias turcas parecen fruto de una falta de reposo. No pasa nada, una cosa son las víboras y otra muy distinta los grillos, aunque yo, que sé que nunca África tuvo la llave de la primavera, las hubiera evitado. Más que nada porque hay quien se queda solamente en los lunares.
Si auscultamos adobe a adobe el lenguaje y desembocamos en el vocabulario, veremos que este es aguerrido, vertical, crónico, múltiple, tertuliano, personal y sensible. Como si la escritora, al salir a escribir, entrase en una geografía interior donde vive varias vidas, quizás una en cada poema. O una sola vida que se va enseñando, como los cronistas oficiales de una ciudad (también vale un barrio) van construyendo parte de su historia a medida que van dejando huella de los sucesos o de las ocurrencias.Esto es imprescindible para adecentar la lectura, erradicando la monotonía no sólo temática sino formal: cada toro tiene su lidia y el torero que no entienda eso debe dedicarse a otras cosas más llevaderas, como dar clases de corte y confección por correspondencia o curar catarros. Por ejemplo.
La pasión por escribir no se inventa, y el oficio de escribir va al compás del tiempo y los acontecimientos. Escribir es hablar consigo mismo y con los demás, conjugarse en una conversación simultánea, propagar la noticia de que existes, te pasan cosas que no te sobran sino que quieres compartir como los barcos se reparten cachitos de mares, abrir las puertas del corral donde los gallos de la madrugada esperan el alba y los prados, ser más locuaz y más loco que los demás y que estos te acepten porque al leerte, crecen.
En Beatriz Pérez Sánchez se dan estas condiciones, parece que su primer libro tiene tempero para los siguientes. Porque alerta y no aburre.
En todo el libro aletea suavemente una salsa de simbolismo que en ocasiones se convierte en surrealismo. Por este camino caminaron todos los poetas importantes, alguno encontró ahí la cima, pero ninguno se quedó.
Porque el poeta que escribe el mismo poema o se viste con el mismo vestido, aunque se endomingue, tiene muy cerca el final de sí mismo. Y lo peor de todo: que la agonía no llega por decisión propia, como la de Sánchez Ferlosio, o porque el pozo se seca con un solo sorbo aunque sea de cava, como Carmen Laforet, sino por aburrimiento.
Hay poetas que empiezan y acaban en un solo poema, aunque lo escriban cientos de veces. Entonces ya no hablamos de otra cosa que de hastío o pereza de un lector al que le gustan los menús de varios platos, como en las bodas de mi pueblo.
Un poeta es un vicioso de la evolución, a veces a su pesar, pasa de la promiscuidad al sosiego a solas, y cuando acaba su vida, acaba su obra. A veces sucede un leve milagro en el que una poeta recién llegada se multiplica en un único instante, el del libro, como si fuera una antología de varias ansias, de casi todos los sueños. Y entonces un purista diría que al libro le falta una médula unigénita que le identifique, o que se ausentó algunas veces la técnica.
Esto no vale más que la certeza de que el libro es un punto de partida, cuajadito de ganas y no seco de nobles ambiciones. A partir de él,     la lengua literaria que no entiende de silencios o si no el libro no sirvió para mucho.
A mí me parece que este primer poemario de Beatriz Pérez Sánchez es una buena conexión de aguas mansas y aguas bravas, aunque estas últimas se resguarden bajo la máscara de la serenidad, como la tía Tula escondía sus pasiones.
Un libro no nace para quedarse. Un libro sale al campo para propagarse y crecer. Yo creo que Beatriz Pérez Sánchez está en ello.
                                                                                                                             Valentín Martín
(*) Marian Raméntol

UN POEMA DE MARIAN RAMENTOL A JORDI VIRALLONGA EGUREN

ME AGACHO SILENCIO ABAJO

Jordi Virallonga Eguren

Jordi Virallonga Eguren

                             A Jordi Virallonga Eguren

Afincada en las horas bajas,
donde los pórticos despiden a las sombras
demasiado maduras,
y el desmayo de las calles
se escribe en el último murmullo del estanque,
allí, en el rincón residual de una mirada,
extiendo los brazos
hacia el pecho ardido
de un sol innecesario.

Suspendida y entelada,
amamanto azules primigenios
mientras mi casa traslada su penitencia.

Deshago la boca arrastrada de la noche
para que el mundo no duela, para que
los hijos seniles no se arañen los pies,
jugando – con catástrofes de chapas torcidas-
a inyectarse el frío y a apuntar bien lejos,
con ametralladoras de leche rancia
y munición labial sin apetito.

Me agacho silencio abajo, muy abajo,
para que todo pase, pero no pasa nada.

Marian Ramentol

Marian Raméntol

 

Festival de Poesía en Safi, Marruecos

safi

FRANK HERBERT: EL HOMBRE COMO PROYECTO, por Ricardo Rubio

                                              “Arrakis: el planeta conocido como Dune; tercer planeta de Canopus.”

"Dune" de Frank Herbert

“Dune” de Frank Herbert

No hace mucho tiempo, por mérito de una producción cinematográfica, se popularizó cruzando todas las fronteras, una llamativa pieza de ciencia ficción: “Dune”, primera novela, de una saga de seis, del periodista, fotógrafo, ecologista y, a la postre, escritor Frank Herbert.FRANK HERBERT - PROYECTO 40 Desde un principio sorprende el profuso contenido esotérico y el amplio y ecléctico manejo simbólico, ora arquetípico ora subliminal, que va edificando una concepción mística tan difícil o tan fácil de entender como cualquiera de las conocidas. El cúmulo de conocimientos desplegado en la narración evidencia que el autor se ha interiorizado, con un interés que trascendió la necesidad expresiva, en prácticas y concepciones de distintas magias religiosas, de las que ha tomado principios universales y que luego, enlazados con los suyos, ecologistas, no tarden en pregonar que, en la vida de un ser humano civilizado, lo más importante enraíza en la seguridad interior, en la integridad y coherencia, la persistencia de la fe en sí y en el desprecio por lo artificial, universo en el que cada día estamos más inmersos, llámese robótica o informática (el triunfo final en Dune está posibilitado por la mediación de un animal propio del planeta Arrakis, un gusano gigante —Shai-Ulud—, y por la fuerza interior de un hombre que se exterioriza por medio de “la voz”, con la que un adepto adiestrado logra controlar a los demás u obtener con ella la potencia de un arma letal).

"Dune", película.

“Dune”, película.

En un segundo momento, nuestra atención será sorprendida por las múltiples e intrincadas acciones de los numerosos personajes. Con un clima general basado en el misterio y en las intrigas, utilizando afluentes clásicos: lo cortesano, por ejemplo, y lo honorable y la fidelidad, Herbert describe psicológicamente todas las intenciones del personal que interviene en su fantasía, sin perder de vista los pensamientos: las especulaciones y los recursos de los mismos (característica que aparece asiduamente en su discurso); y va tejiendo una maraña que, con la seriedad de un tema decisivo, se comprende sin demasiado esfuerzo, pese a lo que pudiera creerse por las abigarradas acciones de tantos insólitos como originales personajes.

Frank Herbert

Frank Herbert

Frank Herbert no repetirá en las siguientes cinco novelas de “la especia” ni en “Proyecto 40” el clima tenso y emocional del primer tomo de la saga “Dune”. “Proyecto 40” nos delata a un escritor apresurado por concluir una historia que no termina nunca de desarrollarse, de rica imaginería y de gran factura, concluye abruptamente, como si una fuerza superior lo hubiese obligado a terminar (¿contrato quizá?). Lo cierto es que en Proyecto 40 los personajes carecen de importancia, y este concepto es totalmente opuesto al de “Dune”, pero es también opuesto al concepto de cualquier lector, que no puede -ni tiene porqué- separarse de su subjetividad, si bien en la novela se nota claramente el intento de Herbert de destrozar protagonismos e imaginar al hombre en una comunidad absolutamente “lógica” con el comportamiento social de las abejas (el comportamiento de las abejas es práctico -lo lógico es otra cosa-, es simplemente el quehacer de una especie que comparte la tierra).
Pienso que un autor de novelas debe considerar las segundas implicancias de sus conceptos: en el caso de “Proyecto 40” se expone una concepción trascendental de la vida que atenta contra la identidad de un modo masivo, una olvidada especie de idealismo objetivo que no puede conducir de ningún modo a la verdad (imposibilitado por definición), ya que le da al individuo lo que quiere desde el punto de vista animal y no lo que el individuo necesita desde el desarrollado punto de vista humano. Es preferible “Dune”, donde cada personaje se manifiesta tal cual es, y se exponen claramente y en primer plano los valores que hacen que aún conservemos la esperanza en nuestro mundo.

Ricardo Rubio

Ricardo Rubio

EL REINO DE LAS PALABRAS, por Rubén Balseiro

Rubén Balseiro

Rubén Balseiro

EL REINO DE LAS PALABRAS

“El silencio de la epifanía”
Santiago Kovadloff.

 El ser, dice Sartre, “Es lo que es” es paradójico que lo que plantea el más importante representante del existencialismo ateo francés esté tan ligado al pensamiento religioso. En el antiguo testamento, Dios se presenta ante Moisés diciendo “Soy el que soy”. Dicho de otro modo, el ser sólo puede ser presentado desde su propia pronunciación.
Ahora bien, San Agustín decía refiriéndose al tiempo:

“Si no me preguntan por el tiempo, sé qué es, pero si me lo preguntan no sé como explicarlo”.

Acaso con la poesía acontezca algo similar; hay una intuición de la poesía, se vive su presencia, pero es difícil, sino imposible definirla. Igual que con el ser Sartriano, o el ser Divino, el ser de la poesía es inexplicable, “es lo que es”.

Rudolf Otto

Rudolf Otto

Rudolf Otto, en su libro “Lo santo” hace referencia a la presencia “Numínica o Numinosa” (sagrada) y escribe:         

“Lo numinoso, no se puede definir en sentido estricto, como ocurre con todo elemento simple, con todo dato primario, sólo cabe dilucidarlo”.

Quizás para “entender” la poesía será necesario remontarnos a cierta presencia que nos trasciende. Tal vez por eso desde la antigüedad la presencia poética y la artística en general, se vinculó con la “deidad”, “la inspiración”, la “Musa”. La Ilíada comienza:

“Canta o Diosa, la cólera del Pélida Aquileo…”

Como si la palabra poética proviniera de la deidad y el poeta fuese un intermediario entre ella y los hombres. Más de 2700 años después; Charles Baudelaire escribe en su poema “La Musa enferma”:

Charles Baudelaire

Charles Baudelaire

Mi pobre musa, ¡Ay! ¿Qué tienes este día?
Pueblan tus vacuos ojos las visiones nocturnas
y alternándose veo reflejarse en tu tez
la locura y el pánico, fríos y taciturnos.

Mostrándonos de algún modo la persistencia en esta idea de algo trascendente como origen de la palabra poética. Para acercarnos entonces a la relación entre poesía y comunicación habrá que remontarse un tanto en el entendimiento de la palabra poética y para ello será necesario partir de un acercamiento a algunas de las problemáticas del lenguaje en general. Michel Foucault, escribe que el lenguaje en las culturas indo-europeas ha hecho nacer dos clases de sospechas:

“Ante todo la sospecha de que el lenguaje no dice exactamente lo que dice. El sentido que se atrapa y que es inmediatamente manifiesto no es, quizás, en realidad, sino un sentido menor, que protege, encierra y, a pesar de todo, transmite otro sentido: siendo este sentido a la vez más fuerte y el sentido ‘por debajo’…”

Evidentemente no podemos quedarnos con lo que el lenguaje nos manifiesta como primera aproximación; desde hace años los filósofos ya no piensan el lenguaje como una relación entre un significado y un referente. Ya Saussure había distinguido entre un significante y un significado y sostenía que este significante no se asociaba a un referente externo, es decir la cosa en sí, sino a otro significante dado por una definición aceptada en el sistema de la lengua hablante, es decir, aceptada dentro de un marco cultural determinado. (1)

Alejandra Pizarnik

Alejandra Pizarnik

Ahora bien, si hablamos de lenguaje poético vemos que la relaciones entre significado y referente pueden estar mucho más disociadas aún, haciendo muchas veces la lectura de difícil acceso. Leemos en El infierno musical de Alejandra Pizarnik :

Golpean con soles
Nada se acopla con nada aquí
Y de tanto animal muerto en el cementerio de huesos
filosos de mi memoria
Y de tantas monjas como cuervos que se precipitan a
hurgar entre mis piernas
La cantidad de fragmentos me desgarra
Impuro diálogo
Un proyectarse desesperado de la materia verbal
Liberada a sí misma
Naufragando en sí misma

Es difícil abordar el texto si lo que buscamos es un análisis lógico del contenido de
las palabras, si lo que buscamos es “comprender” el mensaje primero que las palabras transmiten. El poema tendrá tantas lecturas posibles como lectores lo aborden.
Dicho de otro modo, el lenguaje poético encierra variados significados; cada “Yo” se completa en el “Tú” y sólo de esta conjunción, de este punto del “entre” surgirá el significado de las cosas.
Cada obra será la resultante de una persona (el poeta) y este poeta estará inmerso en su connotación histórica y social; por otra parte cada lector tendrá una recepción distinta de la obra, ya que también estará inmerso en su connotación histórica y social, multiplicando y diversificando así las significaciones y haciendo consecuentemente de una obra de arte algo infinito.
Edgar Bayley al referirse al “Invencionismo” escribe:

Edgar Bayley

Edgar Bayley

“Un poema debe constituir un hecho. Vivir el poema como un acontecimiento de nuestra vida mental y no como una representación en la que somos meros espectadores”.

Un poema del mismo Bayley ilustra sobradamente lo dicho:

Un hombre trepa las paredes y sube al cielo

Colgado de una soga
el hombre que escala las paredes
tiene fuertes zapatones con clavos
Escala las paredes
porque ha olvidado las llaves de su casa
y mientras escala las paredes
hasta llegar al piso trece
se detiene algunos momentos
en los balcones de cada piso
donde aspira el olor de los geranios
las madreselvas
las hortensias
y los malvones
Hay sol
gallardetes
vendedores ambulantes
y más allá está el río
y más allá los puentes
por donde se va a la pampa
Abajo están los niños
que salen de las escuelas
y por el cielo pasan aviones y pájaros
y sombreros de anchas alas
que el viento arrancó a los desprevenidos
La soga ha sido atada a la viga
que sobresale en la azotea
Un hombre la ciñó a su cintura
y asciende tomándose de la soga
con sus manos enguantadas
Usa un chaleco floreado y una gorra a cuadros
Debe llegar al piso trece
donde tiene que regar unos claveles
pisar maíz
escribir unas cartas
y preparar una cazuela
Sube lentamente
y en cada piso se detiene un rato para descansar
Entre el balcón de cada piso
y se sienta en un sillón
o se extiende sobre una reposera
y conversa con la vecina o los vecinos
y acepta un café o un mate
o deja caer un chorro de una bota de vino
en su garganta
o juega a las cartas
o escucha confidencias y da consejos
y cuenta algún episodio de su vida
hasta que saluda y se va
y sigue trepando por las paredes
colgado de una soga
Es el hombre tiene fuertes zapatones con clavos
el hombre que escala las paredes
y un chaleco floreado y una gorra a cuadros
que olvidó las llaves de su casa
y aspira el olor de los geranios
y debe llegar al piso trece
antes de que aparezcan los búhos
y se iluminen las ventanas
Están los pájaros y el río allá lejos
y el césped del parque
y los caballos que galopan por la llanura
y esta silla desvencijada
y la bañera
fuera de uso
llena de tierra y de flores
y el mar y el navío que se acerca
y la lagartija que se escurre entre las rocas
y el vendedor de diarios que desde abajo
le grita consejos y advertencias
mientras el hombre vuela
asciende
conquista cada piso con esfuerzo
y mira siempre hacia arriba
la tierra está lejos
el cielo está lejos
El hombre que trepa por las paredes
colgado de una soga
cuando entra en una casa por el balcón
es bien recibido por los vecinos
y él trata de ser útil
pero en uno de los pisos
una mujer inesperada
que es una sola
y al mismo tiempo
todas las mujeres de su vida
le pide que la lleve con él
Entonces ella se ata también con la soga
y sube con el hombre
más allá del piso trece
hacia las nubes
al aire libre
al cielo
al viento
entre los geranios
las sombrillas las reposeras
sobre puentes y puestos de diarios
y mástiles
y enredaderas
y algunas gotas
y semillas
y sueños
con su gorra a cuadros
con su chaleco floreado
con su enamorada de siempre

Igual que en el poema de Pizarnik, al leer el texto de Bayley no podemos pensarlo sólo desde la aplicación lógica, ni tampoco como la descripción de una realidad objetiva fuera de sí, sino, por el contrario, como una realidad en sí misma.
Sería absurdo preguntarnos ¿Cómo hizo el hombre para colgar una soga de la viga que sobresale de la terraza? ¿Por qué el hombre en lugar de trepar por las paredes no llamó al portero? o ¿Por qué no fue en busca de un cerrajero?

Michel Foucault

Michel Foucault

La segunda sospecha de Foucault se manifiesta así:

“…por otra parte el lenguaje hace nacer esa otra sospecha: que el lenguaje desborda, de alguna manera, su forma propiamente verbal, y que hay muchas otras cosas que hablan y que no son lenguaje. Ante todo podemos decir que la naturaleza, el mar, el murmullo de los árboles, los animales, los rostros, las máscaras, los cuchillos en cruz, hablan…”

El poema no está ajeno a lo expuesto; si bien siempre se expresa a través de la palabra, basta pensar en la forma del Haiku para ver como esos símbolos que el filosofo francés manifiesta aparecen casi como “gesto”, como una sensación, una imagen pero que excede la fotografía de un afuera y se fusiona con la interioridad del poeta y del lector.
Escribe Matsuo Basho:

Matsuo Basho

Matsuo Basho

El viejo estanque
se zambulle una rana
ruido de agua

O cuando Carlos Spinedi dice:

Carlos Spinedi

Carlos Spinedi

En la tetera
de porcelana azul
brulle otra vez el sol

Ahora bien, por lo expuesto hasta aquí, vemos que el eje de la problemática se centra en el lector, o mejor dicho, en la interpretación que realiza este lector, de allí que algunos pensadores hablen de la “muerte del autor” Sin embargo, la palabra interpretación también debe pensarse, ya que, como vimos, cuando interpretamos no interpretamos más que interpretaciones; esto es, toda interpretación es la interpretación de  una interpretación porque la significación  de los términos no remite a una relación a un referente sino a otros términos. Tal vez por eso Heidegger se permitió decir:

“El hombre habita el mundo a la manera de un poeta..”

Susan Sontag

Susan Sontag

Cierta vez Susan Sontag propuso:

“La liquidación de toda estrategia interpretativa en función de una descripción gozosa y amorosa de la obra”

Esto parecería contradecir el contenido de las líneas ya escritas y de las futuras que hacen a este trabajo, sin embargo no es así, ya que no pretendo una interpretación de los textos que aquí se presentan, sino un acercamiento a entender la relación entre la poesía y la sociedad en la que vivimos. Sin embargo ¿Es esto que acabo de escribir aceptable? O dicho de otro modo, aunque no pretenda interpretar, ¿no estoy interpretando? O acaso la relación entre poesía y sociedad a la que hago referencia ¿Es algo más que lo que mi visión (interpretación) me muestra? Obviamente, más allá de estar totalmente de acuerdo con Sotang en una lectura gozosa de la obra, es innegable que la carga interpretativa existe y no podemos hacer “borrón y cuenta nueva”; nuestra sociedad, en suma, es un cúmulo de interpretaciones que  de una u otra forma constituyen el piso cultural sobre el que nos paramos, es decir, nuestro mundo.
¿Cómo dejar de lado, entonces las interpretaciones? ¿Hay alguna posibilidad? La interpretación está, es la forma en que vemos las cosas, ya que el lenguaje en sí mismo, no es más que un juego de interpretaciones, aunque esto no niega que podamos detenernos en un texto poético y disfrutar del mismo. Pero, ¿a dónde nos lleva el poema? Si, como vimos, el lenguaje poético al decir de Kovadloff, es una forma de contrarrestar el “Silencio de la oclusión”, ya que hablamos de un lenguaje no alienado, completo de contenido y significación, frente a un lenguaje vacío que sólo propone la interpretación primera de las palabras y de algún modo el vacío del lenguaje; vemos, siguiendo al mismo autor, que culmina en el “Silencio de la epifanía” (2) en una instancia donde la palabra cede su espacio a un significado pleno, pero particularmente personal de cada lector y entonces la espiritualidad, la magia, la sensación estética, la poesía, se apodera de nosotros.
Ya no estamos frente a un lenguaje, estamos frente a una manifestación de orden trascendente que nos arroba, frente a una nueva forma de silencio, acaso frente a esa sensación de lo “Numínoso” a la que hacíamos referencia cuando citábamos a Rudolf Otto.
Llegado a este punto, tengo forzosamente que hacer otra pregunta; ¿Es el poema una forma de comunicación?
Podría decir que sí, en tanto se piense la comunicación en un sentido laxo. Pero si el poema es comunicación, esto implica la existencia de por lo menos dos partes, un emisor, el que habla/escribe y un receptor, el que escucha/lee y esto no alcanzará, será preciso que el que escucha/lee reelabore lo escuchado o leído y reconstruya su propio poema, sólo así el circulo completará su forma; siendo entonces un poema tantos poemas como lectores tenga. Sin embargo, a diferencia del músico, cuyas notas musicales pueden o no ser entendidas por el que escucha, y éste, sin embargo, disfrutará o no de lo escuchado; el instrumento del poeta es la palabra, cada vez que el poeta escribe o pronuncia una palabra,   esta determina un significado en el lector/oyente y cuando, más allá de lo dicho, hay un distanciamiento entre significante y significado, aparece la descolocación del lector, el no entender, el abandono del texto. ¿A qué se debe esto? Veamos; la sociedad en la que vivimos ha impuesto un lenguaje alienado y todo lo que escapa a esta alienación, (que paradójicamente es tomada como el estado “normal” del hombre) es vivido como extraño; aquello que no puedo entender a simple vista lo desestimo, aquello que no encuadra dentro de un proceso lógico no es real, aquello que me obliga a salir de mi estado de confort, simplista y vacío y requiere de cierto esfuerzo para asimilarlo lo desecho. Un poema de Horacio Castillo nos da un ejemplo preciso de lo expuesto:

Horacio Castillo

Horacio Castillo

La ciudad del sol

Expulsados de la ciudad bajo el cargo de fabuladores
vamos de un lado a otro, durmiendo ya en cuevas
ya a la intemperie y alimentándonos de hierbas y raices
o con la miel de algún panal hallado fortuitamente.
Han venido con nosotros las mujeres y los niños,
y cuando nos reunimos bajo el fuego del atardecer,
sus ojos se vuelven una y otra vez hacia las murallas;
después de todo, allí pasamos parte de nuestra vida.
Pero lo exigía la razón. ¿Cómo podían soportar
que llamáramos a la piedra río, al árbol estrella?
¿Cómo podían soportar que llamáramos al pájaro magnólia?
Lo exigía la razón. Y ahora, desde aquí,
vemos con tristeza las anchas puertas de bronce,
las altísimas torres doradas por el sol;
y cuando entran o salen las caravanas
los mercaderes describen las mesas y vasos de oro,
los magníficos altares cubiertos de ofrendas,
las armas que colman todos los recintos
y que en el próximo milenio, dicen, incendiaran el cielo.
Lo exigía la razón. Y ahora como una horda,
vamos de un lado al otro balbuceando nuestra lengua,
hablando el dialecto de una ciudad perdida
que ya nadie comprende. ¿Cómo podían soportar
que llamáramos al fuego pez, al agua paloma?
¿Cómo podrían soportar que llamáramos a la rosa destino?
ellos, los que creen que las bellotas son bellotas.

Como vemos la necesidad del ser humano de poder entender racionalmente el lenguaje lo aleja del lenguaje poético. Es preciso, para acercarnos a la poesía, aceptar que no todo tiene que ser lógico, no todo tiene que ser racional, ni entendible por las reglas que esta sociedad impone. La expresión artística quiebra el significado primero de las palabras y escapa de la simple apreciación intelectual (de ser sólo intelectual, transformaríamos al poema en un teorema) pero también escapa de la simple apreciación emocional (de ser sólo emocional, transformaríamos al poema en pura sensiblería) el arte es la expresión del ser “entero” de Buber, es el medio por el cual el ser entero se expresa. Entiéndase bien, no quiero decir con esto que la poesía debe asumir una forma llana y de simple acceso a todo el mundo. Creo que la poesía debe tener la complejidad que su autor determine, en tanto esa complejidad sea el resultado de un proceso creativo genuino y no la búsqueda de la dificultad por la dificultad misma.

Recordemos aquellas contundentes líneas de Mario Trejo:

Mario Trejo

Mario Trejo

Que el pan sea pan y el mar el mar.
Basta de conjeturas,
murciélagos lunares
o roedores de orquídeas.
Toda palabra tiene precio.

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1- El vocablo “árbol” tiene una significación en la lengua española pero su sentido cambia cuando hablamos del “árbol genealógico”. El sentido, en fin, se modifica de acuerdo con el sintagma o con la sucesión discursiva. […] Aún cuando un significante se mantenga aislado (en una página, digamos), su significación depende de la relación paradigmática que mantiene con otros significantes del sistema lingüístico (y no con la cosa a la cual se refiere)”- Dardo Scavino “La filosofía actual”.

2 – “Pero hay además, decía yo,  otro silencio. Un segundo silencio. Es aquel al que arriba el poema; el silencio donde desemboca. […] Es ahora el silencio de la significación excedida que, con su irreductible complejidad, desvela y fuerza a la vigilia sin pausa del entendimiento […] Es pues, a causa de su intensa función reveladora que propongo llamar a esta modalidad del silencio, silencio de la epifanía.” – Santiago Kovadloff. “El silencio primordial”, Emecé Editores (1996).


Las VENTANAS de Alfredo Jorge Maxit

VENTANA A LA POESÍA

                                                                                                                             Por Alfredo Maxit

 

PROSA Y POESÍA

Las cosas no son tan simples como parecen. Hasta una flor es compleja; no por nada pasaron millones de años -¿recuerdan a García Márquez?- para fabricar una rosa sin otro compromiso que el de ser hermosa. Por eso, esa oposición que también tiene acercamientos, como el del poema en prosa, no se resuelve como lo hacía tan campantemente aquel maestro de Filosofía (de Literatura diríamos ahora) de una obra cómica de Moliere: Todo lo que no es verso es prosa.

Un abuelo se encontró un día con la pregunta formulada por su nieta de casi 5 años: ¿Cuándo es cuento (prosa)? ¿Cuándo es poesía? Entonces el abuelo recurrió a dos imágenes: cuando las palabras siguen, siguen, es cuento (prosa); cuando cortan, cortan, es poesía.

Quizás ignorándolo, el abuelo así simplificaba aquella distinción del poeta francés Valéry, quien consideraba que la diferencia entre la prosa y la poesía es como la que separa a la marcha o paso normal, de la danza.

Raúl Dorra

En el primer caso (sigo aquí un texto de Raúl Dorra al respecto) se persigue un fin puramente práctico, el cual se agota en cuanto el individuo llega a su destino, y en el segundo, en el caso de la danza, el cuerpo se mueve en el espacio sin finalidad alguna o mejor dicho teniendo como finalidad el placer del movimiento. Análogamente, siempre según Valéry, en la utilización prosaica del lenguaje el mensaje se agota en cuanto es comprendido por su destinatario, mientras en la construcción poética el mensaje perdura pues se constituye como una arquitectura de ritmos y cantidades que se sostienen unos a otras.

“La poesía es un arte del lenguaje –dice Valéry-.

El lenguaje, sin embargo, es una creación práctica”.

Procuro otras precisiones. El ritmo de la prosa en general es el que más se acerca a la regularidad rítmica natural. Además, el lenguaje de la prosa literaria (el del cuento de la nieta) no es utilitario. Su finalidad es también estética. Pero, incluso cuando se trata de la prosa poética, su principio constructivo (tendencia a la combinación), repetición rítmica que va hacia adelante (sigue, sigue), se distingue de la tendencia de la repetición de la poesía en verso: (corta, corta).

Cada lector bien podría reiterar (colocando la edad correspondiente) la exclamación del burgués gentilhombre de Moliere:

¡Tantos años hablando en prosa sin saberlo!

Alfredo Jorge Maxit

Alfredo Jorge Maxit

 

 

 

 

PREMIO LUIS FRANCO A CARLOS PENELAS

Carlos Penelas recibió en Catamarca el Premio Luis Franco por su trayectoria como poeta y difusor de la obra de Luis Franco.

Penelas dijo, entre otras cosas, que “agradecía profundamente éste premio, que junto con el que había recibido en el Profesorado en Letras Mariano Acosta, el Premio Arturo Marasso que se entregó una sola vez y lo había compartido con Julio Cortázar, era el premio que quedará para siempre en mi memoria. Por el amor a la poesía, a la libertad, a la cultura. Y por lo que representó Luis Franco en mi formación ética e intelectual.”

El acto se realizó en la Casa Caravati, y recibieron premios personalidades de la cultura catamarqueña, el plástico tucumano Enrique Salvatierra, la diseñadora Manuela Rasjido y Maria Kodama, por su labor en difusora y protectora de la obra de Jorge Luis Borges.

Se pondero el trabajo de Hugo Diamante, presidente de la Fundación Luis Franco por su capacidad de trabajo, su amplitud de criterio y el esfuerzo permanente por difundir  lo mejor de la cultura de Catamarca y del país en Catamarca.

Luego, Penelas dio una clase abierta en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Catamarca, en donde se refirió a su obra poética, y a la de Luis Franco.