SIMPLES POESÍAS QUE PRETENDEN SER, de María Arraygada

14x21, 68 pag.

Poesía (2012).

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PALABRAS PARA LUCA, de Alfredo Jorge Maxit

14x17, 12 pag.

Cuaderno de poesías (2011).

CADA LUZ, de Alfredo Jorge Maxit

14x21, 72 pag.

Poemas (2011). Arte de tapa de Walter Di Santo.

Alfredo Jorge Maxit

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PRÓLOGO de Rafael Felipe Oteriño:

EL PODER ALADO Y SAGRADO DE LA POESÍA

El vocablo griego apeiron está íntimamente ligado a la poesía de Alfredo Maxit. No porque esta poesía exprese las condiciones de indeterminación propias del significado de dicha voz, sino por la decisión de oponer a lo indeterminado el poder edificante del lenguaje. Gracias a dicha condición, es posible saber de su lucha por conquistar zonas de inteligibilidad allí donde hierba, alas, sol, pájaro tienen su dominio y la mente persigue las ondas del sentido. Los poemas son destellos y vislumbres que, al tiempo de la lectura, se convierten en conquistas del espíritu en el proceso de echar luz sobre lo conocido/desconocido que nos rodea. De ahí el carácter reflexivo que ellos tienen, rodeados por los silencios significativos de los espacios en blanco de la página. De ahí las palabras aisladas y los tropos léxicos de invariable sabor semántico. Es que las manifestaciones de la vida, la muerte, el paso del tiempo, la arrolladora duración, no ceden fácilmente a la nominación y sólo se expresan de manera figurada. En este caso, proyectadas en imágenes que, a modo de preguntas incesantes, van conformando el friso de la vida vivida y de la vida presentida: lo que fuimos, lo que somos, lo que se abre y se cierra sobre nuestras cabezas.
Es una poesía en la que el ojo supera al oído y no es extraño que así sea. Porque Alfredo Maxit es un poeta del pensamiento y de la reposada meditación –también lo es de su otra cara: la del dramatismo interior- queriendo decir con esto que se vale del verso como instrumento para ir más hondo y más lejos. Su capacidad para poner al descubierto la condición reveladora de la palabra poética lo muestra como un laborioso explorador de lo indecible. Cada vocablo tiene cabida en el poema por su sonoridad, pero rápidamente se convierte en el haz de luz que busca indagar la huella de lo indeterminado. Hay un poema en el que la introspección, casi al borde de lo críptico, es -con su trasfondo letrado- una puesta en acto del pathos del autor. En apretadas cinco líneas –enriquecidas por la doble ocasión de la palabra cayó (cayó de caer pero abierta asimismo a la dimensión del silencio)–señala el rumbo de la peripecia humana: El árbol del saber cayó los frutos,/ el regio Edén dejó fuera de sitio/ al hombre, la mujer confusos/ de sucedido o sueño.// Heridos de original  nostalgia (“Herida”). El poema muestra la aspiración al conocimiento, seguida de la mortificación que sobreviene a la búsqueda, calificada por el extrañamiento producido por aquello que, paradójicamente, nunca es alcanzado. No se trata de la herida del sujeto-persona-física-individual, sino de la rilkeana asunción de lo propiamente humano en tanto que límite.  La serena aceptación de ese límite y su armonización con las cosas creadas e increadas. Los veintitrés poemas que integran el libro contienen, de este modo, la intensidad verbal de un poeta que ha hecho de la escritura de poesía su conmovido “estar en el mundo”.

                             Rafael Felipe Oteriño

Rafel Felipe Oteriño

ENVUELTO EN OTOÑO, de Juan Carlos Molinuevo

14x20, 196 pag.

 

Poesía (2011). Arte de tapa: Alicia Yokoi.


Juan Carlos Molinuevo

PALABRAS PRELIMINARES (por Susana Lamaison)

Envuelto en otoño es el primer libro de poemas de Juan Carlos Molinuevo. No podríamos encontrar un ejemplo más ajustado al principio freudiano de la curación por la palabra.
Es una enorme satisfacción y al mismo tiempo una delicada responsabilidad introducir este libro porque me une a su autor una sincera amistad que se inicia en los encuentros de Taller Literario donde él comienza a hacer sus primeras armas.
Tal vez porque las circunstancias me permitieron aproximarme a sus sentimientos puedo atreverme a hablar de esta obra en donde Juan Carlos plasma en palabras su profundo dolor. Resulta paradójico compartir momentos de alegría en los que se muestra suspicaz, jocoso, festivo, agudo, afectuoso, cuando una pena antigua le orada el alma hasta casi la propia destrucción, y es por la búsqueda sostenida de la poesía como medio de expresión insustituible, que va a encontrar el modo de comenzar a convertir el agudo pesar en palabra a la que ya nada podrá borrar y que quedará como visión de lo que no podemos pensar, ni queremos aceptar, ni es posible comprender, pero que nos ha sucedido y ha permanecido contenido en el alma, comprimido, entre guardado y atesorado, y temido y adorado como a un Dios en un altar.
De una manera simple,  en el terreno psicoanalítico, lo diabólico se metaboliza y luego se simboliza. Aquí  la simbolización está en la palabra poética. Como un trueno cae la mayor desgracia, la que atenta contra la norma universal por la que el hijo debe enterrar al padre, y el padre,  atravesado  de espanto y de sufrimiento, escribe, poetiza, y va pudiendo decir y así rever, y cuestionarse y analizar y acercarse y tomar distancia para poder elaborar lo que no es pasible de ser –  en un principio – ni nombrado.
Hay en estos hermosos poemas campos semánticos que remiten a la muerte  a través de un espontáneo empleo de la palabra y que surgen de distintos ámbitos. Cada una con sus bisemias, dignas de ser desmenuzadas minuciosamente:
– naufragio, astillas, niebla, bruma, silencio, abismo
– noche, miedos, insomnio, vigilia, luna
– pasos, sombra, fantasma, duende, ángel
– caverna, pantano, camino, río, laberinto
– pasado, otoño, el después, eternidad
– reloj, sal, cristal, espejo
El buitre y, en categórica contraposición, la rosa que cultiva con sus propias manos, y que enlaza afectos distintos, todos vínculos amorosos, desde la novia, la madre, la abuela y el ausente.
Se percibe en este poemario una búsqueda incesante de la poesía, del poema, del verso, y plantea hasta un tratamiento de la poesía como mujer a la que seduce, ama y hace parir versos. El poeta desea ser verso… En verdad hay un grito de auxilio en el hombre que se esfuerza por hacer palabra su sentir, por dejar constancia de su padecer, por expresar lo que ya han hablado por él sus lágrimas, sus sucesivos padecimientos físicos. Los ojos que no querían ver, el corazón que no quería latir, el otoño amenazante que lo envuelve.
No me cabe a mí destacar los méritos literarios de esta sentida obra poética para no caer en la repetida exaltación elogiosa de un prólogo más, y porque, ustedes, lectores, lo van a poder apreciar sin intervención mía ni de nadie. Sí entiendo que me corresponde reconocer el satisfactorio progreso experimentado en los años compartidos y celebrar el maravilloso poder de la PALABRA y de la POESÍA, para canalizar los dolores que todos llevamos y también para destacar las bellas cosas con que la vida nos premia. Unas y otras nos hacen personas.

                                    Susana Lamaison

Susana Lamaison

POEMAS INCOMPLETOS, de Constantino Mpolás Andreadis

11x17, 64 pag.

Poesía (2006).

Leyenda editorial: Sagital

CONSTANTINO MPOLÁS ANDREADIS

por Carlos Alberto Débole

La poesía es siempre descubrimiento. Da a luz lo oculto de las cosas, traspone la frontera del ojo, la morada de lo concebible, el arpa resonante del idioma. Pone, por un milagro de iluminación, sentido mágico a lo cotidiano. La realidad, enunciada por las palabras, adquiere dualidad, o sea significación directa, más sugerencia emanada del soplo sorpresivo. La primera, subordinada o anulada por la segunda. Su resultado es celebratorio y misterioso. ¿Ser poeta es acaso casualidad?, pienso mejor en un mandato del espíritu, y justamente de un joven, cuyo espíritu está marcado con destino poético, de congénita rebeldía sublimada y positivo talento, es que escribimos estas breves líneas de presentación.
Constantino Mpolás Andreadis, co-director de la revista “Punto Omega”, aún no tiene impreso libro, pero su futuro, contenido en este presente, aseguran su nombre contra el olvido. Amor por la poesía, ingenio y humor, caracterizan sus poemas y este amor, esta vocaciómn irrenunciable, con la fidelidad de lo apasionante, da existencia real a ese mundo subconciente, a esa especulación oculta que las palabras, ordenadas según una concepción sin preceptivas, acometidas de aventura, abstraídas de la prosa, como un cristal multifacético, se brindan con la colorida dinámica del discurrir “tocado” por la creación.

(Publicado en “Cormorán y Delfín” –año 6 / viaje 19-,
revista dirigida por Ariel Canzani D.)

CUADERNO CARMÍN DE POESÍA Nº 12, Revista Literaria

16x22, 28 pag.

Revista Literaria dirigida por Eduardo Dalter (Otoño, 1999).

 

LAS ALUSIONES, de Roberto Di Pasquale

14x20, 140 pag.

Poesía (Tercera edición, 1999).

Prólogo de Phillipe Delaveau.

Arte de tapa: Antonio Seguí.

——————————————DOS POEMAS:

1

¿Me miras a los ojos, Destino? ¿Me preguntas?
¿Quieres saber la muerte de los días futuros
y adivinar la muerte de la noche en mis ojos?
Tal vez, ya que los miras,
descubras más adentro el mundo que olvidaron.
Mundo que amabas tanto. Según lo prometías
cuando el último sueño caía como un himno
sobre el niño aterrado, Destino, entre las sombras.

Verás antiguos nombres que perdió la memoria.
Los rostros olvidados de la dicha o el llanto,
lo que ahora es silencio. Lo que tiembla en mi mano.
El mundo que he perdido y transita en el tiempo.
Tal vez, porque lo amabas, quisieras recobrarlo.
Pero es cielo dormido sobre las aguas quietas.

2

¿Si de pronto —nacida de un relámpago
o de una flor— comenzara la revelación
de la infancia?
El pudor de algún gesto encubriendo el deseo.
La última respiración en la noche,
y la taciturna ansiedad de la carne.
Aquel lenguaje de lemas y sentencias
definiendo la patria, la castidad, lo eterno.

Los sabores fugaces, lo que ya no recuerdo,
las manos, la mirada, las sombras de mi cuarto.

Tal vez ya no comprenda la verdad de mi nombre.
Tal vez como una lágrima
avanza por los jugos de la tierra
destruyéndose en la mano de mi abuela
o la mirada vacía de su esposo.
Tal vez resida lejos, muy adentro de mí.

Si de pronto aquel niño consintiera en volver.
Aunque yo lo destruya mirándolo tristemente
y su retorno sea un nuevo dolor
para sus ojos y sus manos,
aunque llegara aterrado
de sentirse más solo, más niño ante la muerte
que con tanto amor le ofrezco.
Si de pronto volviera y nombrándome
revelara la noche.

No ambiciono el misterio.
Pero hace mucho tiempo
que quisiera entenderme.
Aparte los extraños: médico y sacerdote.
A solas con el mundo
esfera que no tiene un eje imaginario.
El eje son mis vértebras
y alrededor estrellas
el páncreas y los trenes,
el sol de las veredas, la palma de esta mano.

Al nacer
he lanzado una piedra
al cristal de mi pecho.
Y rota la vidriera,
se confunde el paisaje poblado por mi sangre.
De noche lo respiro como un latido inmenso
y ruidos interiores propagan la distancia
de este sonar de estrellas que alumbra mis entrañas.

Aquí
en estas pupilas que nunca despertaron
tengo grabado un mapa de ríos y fragancias.
La fronda de los gestos que incendiaron las horas
como una cinta pasa de colores perdidos
removiendo el misterio
crecido de fragmentos de olvidos que regresan.