DES / HABITACIONES, de Alfredo Jorge Maxit

Des / habitaciones

14,20, 80 pag.

Poesía (2006).

CONTRATAPA de Horacio Preler:

Quizá sea el hombre el ser deshabitado por excelencia, pero el poeta es quien habita la creación, el que aspira a entrar en la región donde mora la fantasía. Su cuerpo y su alma constituyen una unidad que no puede entender totalmente ese territorio que roza la eternidad y se limita en el tiempo. Alfredo Maxit ha rastreado en su interior y se ha preguntado dónde habita el ser. Es una interrogación con múltiples vertientes. No obstante, se ha empecinado en encontrar respuestas. Des / habitaciones es un libro de penetrante indagación personal y poética en el que las preguntas últimas del hombre campean en cada línea con un lenguaje seguro que se refleja en poemas como Vertientes y Empecinamiento. Se trata de una tarea poética en permanente crecimiento que nos invita a una profunda reflexión sobre la existencia del hombre, su experiencia vital y su insondable desamparo: Habitarás la tierra, milagro de la vida/ en lo deshabitado.
Horacio Preler

 

PRESENTACIÓN en la Ciudad de la Plata, en el Museo Beato Angélico:

DES/HABITACIONES, EL RETORNO COMO PROYECTO por Ricardo Rubio

Todo texto literario es un monólogo, y es habitual que en poesía ese monólogo proponga la verdad subjetiva de la voz que lo dicta. No lo es, en cambio, la idea del retorno. Esta idea de regreso al origen, menos habitual en poesía y más corriente en narrativa, se expone en Des/habitaciones como deseo de reintegración.

Alfredo Maxit, con su profuso ideario simbólico, en el poema “Aviso”[1], nos entrega una estrofa concentrada que dice: “La lluvia junta el cielo y la ceniza”. Ciertamente, como idea de cambio tendiente a la regeneración de la vida, el tópico “lluvia” tensa por contraste y separa la elevación que implica el cielo, de la destrucción propia de la ceniza.

La voluntad del retorno se forja allí, en el horizonte donde se contactan el cielo y la ceniza. Y desde esa posición, desde esa línea lejana, tan adentro y tan afuera, surgirán los varios pasajes del libro que anidan el “Hoy es hoy”, verso que remata el poema “Aviso”.

Frente a los grandes obstáculos, frente a situaciones límites, o bien, frente a circunstancias que las parecen, los bordes del ser y las partes del organismo que en él se agrupan para la vida parecen difuminarse en el juicio del portador de la pena, parecen perderse y huir hacia un punto replegado y denso; y es en ese núcleo donde se agita la parte esplendorosa de la negrura[2], donde todos los dolores, todas las congojas y todas las melancolías se recluyen para deliberar. Pero si hay discusión, hay expectativas. El retorno está en progreso.

Ataviado con símbolos o sentencias directas que anuncian el cambio, con imaginería ontológica, con especulaciones acerca de los tiempos o de los encuentros, desnuda la paradoja entre la reflexión de lo inalcanzable y lo tibiamente aprehensible por su mirada del hombre poeta; la presencia del yo como sustento de todas las cosas y en todos los instantes que le son propios es la prueba de la resistencia, una visión prematura de que el proyecto es posible. Así, su entraña creadora tallará versos de una enorme ensoñación, de una vitalidad que lo impele al mundo y lo hace reflexionar sobre el oscuro secreto de los imponderables.

La angustia hace patente la nada[3], pero la des/habitación no es la nada, es, en el peor de los casos, un vacío plausible de ser llenado. Ni aún inmerso en esta sensación de separatidad se halla la ausencia del autor. El hombre lúcido y atento se levanta más allá de la hondura que ha rozado, sale de ese núcleo oscuro y tormentoso, se reincorpora, se alza con pasión y busca ser purificado.

A lo largo de los poemas que componen Des/habitaciones podremos advertir cómo el poeta edifica una trama casi teorética de los caminos recorridos, de sus circunstancias y de los pasos a seguir. Ante sus ojos, se amplía la posibilidad del espacio abierto, el intelecto lúcido vibra y reconoce lo esencial, impugna al destino y deriva por la riqueza interior dispuesto a revivir.

La presentación de esta trama aparece en el segundo poema del libro, “Empecinamiento”[4], donde el último verso de la primera estrofa dice: “el porvenir del cántaro que rompe”.

No pude sustraerme de la asociación con otro poema, “El búcaro roto”[5], cuya alegoría, donde lo quebrado es el corazón, alude a Ilisha, antigua expresión de la melancolía producida por el amor. Ya vemos cómo, a pesar del padecimiento, el poeta nos habla del porvenir de su cántaro roto, le asigna un nuevo destino a pesar de sentirlo destrozado; de ahí, la idea del retorno, y luego, el proyecto de ese retorno: la vuelta a las habitaciones.

En el mismo poema (“Empecinamiento”), el terceto siguiente dice: “Siempre hay un empecinamiento Sísifo / que compensa el sudor, cuando regresa, / con resquicios de arena entre los dedos”.

Siempre hay un empecinamiento Sísifo, que yo traduciría como “empecinamiento oportuno” más que como “empecinamiento bribón”, acaso busque significar que siempre hay una salida cuando se reúnen la voluntad, la fuerza y la entereza.

El segundo verso dice: “que compensa el sudor, cuando regresa” anunciando que ese empecinamiento, al regresar, será gratificado, lo que nos habla de esperanza.

El tercer verso manifiesta lo que deja atrás: “resquicios de arena entre los dedos”, donde “arena”, como símbolo llano, alude al hambre y a la sed en función de necesidades psíquicas o como estados de carencia, y más profundamente, alude al tiempo y a la soledad. Simbolismo ajustado en un todo al proyecto intuitivo del autor.

Terminará este poema con cierta aseveración en la que evidencia una admirable lucidez reflexiva cuando llega a una síntesis precisa y poderosa; su claridad de perspectiva acierta a decir: “Siempre. Un empecinamiento más”, como si incorporarse de la catarsis fuera cosa sencilla y cotidiana.

El orden de este poema nos adelanta el cuerpo general del libro y el corpus de su semántica, la que se irá derramando a lo largo de las páginas con un entretejido de situaciones y miradas a veces taciturnas, otras veces propiciadoras, en el que recurre tanto a imágenes de la civilidad como al paisaje, dejando mayor corazón, si se me permite decir, sobre el segundo.

No hay en Alfredo Maxit luchas de inteligencia que provoquen una rotunda visión dramática de la vida pese a que los hechos podrían proponerlos. Es ésta, una poesía de recomposición, de reedificación interior, de elevación, donde las habitaciones interiores y exteriores buscan un nuevo y mejor estado, más cercano a la plenitud y más lejos del desierto de las cavilaciones.

Énfasis, belleza, imagen, contención, nada de excesos. El modo de poetizar es en Maxit lo relevante de su estética, la distinción que lo eleva entre las voces. La particular forma de mirar[6] hace de estas des/habitaciones prudentes silencios de contemplación, en el mejor sentido oriental del término.

En el poema “Del relato”[7], dice: “Existe una carpa fantástica / de encendido fogón / donde juntan las horas. // Habrá que mejorar el cuento, / vigilar los deslices de la trama, / decidir a tiempo los conflictos…”

La vida, como una función circense, la reunión junto al calor, pero también el cuidado, la vigilancia, para no reincidir en la caída ya que “…la vida”, dice Maxit en otro poema, es “despareja hasta la desgracia”[8].

Simbólicamente, el desarrollo de la demostración de este teorema del retorno atravesará varias habitaciones: distintos estados de ánimo, distintos días y distintas noches, ánimos propuestos en general por lo perentorio de las resoluciones; a cada instante, la ubicuidad, la rectitud, el equilibrio. Un flujo de ángulos y posiciones que buscan agotar, a fuerza de palabras, las laceraciones del destino.

La franqueza sensible que subyace en este trabajo poético brota de la emoción pura, con retoques que la razón dispone aquí o allá; de ningún modo es arenga de auto-salvación: no enjuicia, no hiere, no distorsiona; el dolor ha encallecido, y, pese a su cicatriz, hay una disposición a transitar las veredas luminosas, un proyecto al retorno de la luz, ahora sabiendo que hay, como dice cierto verso: “Una mano poderosa u obediente. Incapaz de la caricia.” [9]

El primer plano de los significantes es acaso el barniz o la excusa con la que testimonia la percepción de lo deshabitado, que es en sí tropo de la soledad; el segundo plano, la entrelínea que ilumina la entidad, los símbolos, los tópicos, las apoyaturas clásicas, lejos del abuso, nos ganan las fibras interiores por acumulación, durante la lectura continuada.

Una estructuración decidida nos revela el reordenamiento de los ciclos temporales, pese a la fuerza negativa de la inexorabilidad que nuestra idea del tiempo tiene.

Vocabulario, técnica y talento se aúnan para llegar con claridad a un objetivo sublime; lugares no explorados de la psique despiertos por el dolor y puestos en evidencia como un reflejo en el paisaje, proyectados contra la pared del mundo, contra las paredes deshabitadas. Toda una aptitud lírica y rítmica para el cometido del regreso, que es de por sí parte de ese nuevo camino.

El control de la palabra, el contenido ético del poeta y de su obra, el orden de su pensamiento ligado a la franqueza y a la dignidad, y la honestidad con la que su autocrítica se presenta franca y sin rebuscamientos hacen de Des/habitaciones un proyecto de retorno que, sin duda, llegará a destino.

Ricardo Rubio


[1] “Des/habitaciones”. p65

[2] Cao, Omar: “Antología Poética Universal 8100”. Versos 6º y 7º del poema “Canción”. Ed. LLQSCCLB, 1978. p63

[3] Heidegger, Martín: “Qué es metafísica y otros ensayos”. Ed. Siglo XX, Buenos Aires, 1983. p47

[4] “Des/habitaciones”. p23

[5] “El búcaro roto”, de Rene F. A. Sully Prudhome

[6] “La razón ardiente”, de Graciela Maturo.

[7] “Des/habitaciones”. p25

[8] “Des/habitaciones”, Del usuario. p51

[9] “Des/habitaciones”, De los sentidos. p57

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EN TRÁNSITO, de Alfredo Jorge maxit

En tránsito

14x20, 76 pag.

Poesía (2008).

 

Alfredo Jorge Maxit,
Colón, Entre Ríos, 1942.

Ha publicado varios libros de poemas, pero considera que su estilo poético empieza con Entreluces (1996). Le siguen: De lengua y Literatura y Poemas de aquí y ahora (2001) y Con las palabras (2005).
Es profesor en letras y ha publicado ensayos de crítica literaria. Entre otros: En tu hermosura. Fray Luis y San Juan en encendida flor (1991), Agua del buen manantial. Homenaje a Antonio Machado (1991), Los hilos de oro de las Coronas líricas de Fray Luis de Tejeda (2004). La versión teatral de El Curioso impertinente (2003) de la obra de Cervantes se suma, en el género dramático, a El brindis, Extraño laberinto y otras.
Ha dictado numerosas conferencias y prologado muchas obras, sobre todo, poéticas.

SOMBRAS DE LUZ, de Alfredo Jorge Maxit

Sombras de luz

14x20, 92 pag.

Poesía (2007).

CON LAS PALABRAS , de Alfredo Jorge maxit

Con las palabras

14x20, 80 pag.

Poesías (2005).